La consagración de Telmo Irureta, el actor con parálisis cerebral: ''Me niego a ser considerado una víctima''
08:18
29 Septiembre 2022

La consagración de Telmo Irureta, el actor con parálisis cerebral: ''Me niego a ser considerado una víctima''

El protagonista de 'La consagración de la primavera', aquejado de parálisis cerebral, reclama su derecho ser como es sin victimismo, sin piedad, sin eufemismos... pero con silla de ruedas

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Telmo Irureta es minusválido. Perdón. Telmo Irureta es discapacitado. Perdón. Telmo Irureta es diverso funcional. Perdón. Telmo Irureta... «Entiendo la incomodidad, pero, si me quitas el escalón para entrar en tu comercio, me puedes llamar puto inválido», dice Telmo Irureta en una broma que se diría ensayada. Y lo dice para dejar claro que, básicamente, lo que mejor le define es el término 'Telmo Irureta'. En la pasada edición del Festival de San Sebastián era fácil dar con él. Su inseparable silla de ruedas le otorgaba un aire retrofuturista de hombre biónico y con un marcado acento vasco de Donosti al que era imposible resistirse. Por lo aparatoso, por lo original y por lo milenario incluso. Su papel en La consagración de la primavera, de Fernando Franco, le ha convertido en el auténtico y único actor revelación de la temporada. Sin pedir perdón a nadie, su irrupción en el panorama interpretativo se antoja una especie de cataclismo, un cataclismo con ruedas. Definitivamente, lo de Telmo Irureta, y no sólo por la armonía de sus movimientos que ruedan, no es normal.

«Siempre quise ser actor. De hecho, soy actor. También he estudiado Magisterio y Pedagogía, pero tengo claro lo que me gusta y a lo que quiero dedicarme», comenta a modo de presentación. Habla mientras interrumpe la mañana en la facultad de Psicología donde ahora continúa estudiando. «Digamos que no renuncio a ciertos privilegios de mi condición como es hacer las pausas cuando quiero por una entrevista. Por otro lado, tengo claro lo que significa querer dedicarse a una profesión en la que unas veces trabajas, otras no y otras tampoco. Es decir, cuantas más cosas sepa hacer, mejor», sigue a la vez que hace gala de un rodado sentido del humor sólo comparable a su pragmatismo (también con ruedas).

A los dos años, una encefalitis le provocó una parálisis cerebral y le dejó en la misma posición más de tres décadas. Y ahora, que ya cumple 33, le ha llegado lo más parecido a, en efecto, la consagración. Y la primavera quizá. Se diría que toda su vida desde que tiene consciencia de sí ha sido una pelea contra su obligada quietud y contra eso que se ha venido en llamar normal. Y él, desde su muy particularidad anormalidad, lo acepta sin renunciar a discutirlo: «Tengo muy claro qué soy y quién soy. Y por ello me niego a ser considerado una víctima. Odio el victimismo que, además de tremendamente aburrido, es sobre todo muy tóxico».

Cuenta que un buen día, amigos mediante, se enteró de que un director de cine buscaba a alguien como él. Recuerda cómo fueron las conversaciones iniciales con un cineasta que desde las primeras líneas del guión quería todo, porque a todo se atrevía. Primero una videoconferencia, luego un viaje a Madrid, por fin todo lo demás. «No me gustan las medias tintas. Por eso me atrajo tanto la posibilidad de trabajar con Fernando», comenta. El momento estrella, el suyo y el de la película, es el instante necesariamente pleno de sexo, que no necesariamente de amor. «Trabajamos con un coordinador de intimidad que está ahí precisamente para vigilar y controlar que nadie se sienta incómodo y que nadie haga nada que no quiera. Fui yo el que pedí que si se tenía que mostrar un desnudo que fuera de verdad, que si la película no quiere términos medios, yo tampoco. El sexo nos incumbe a todos», dice orgulloso de su muy íntima y, de repente, muy normal anormalidad.

El realizador, Fernando Franco posa junto a los actores Emma Suárez, Telmo Irureta y Valeria Sorolla en la presentación en San Sebastián de 'La consagración de la primavera'.El realizador, Fernando Franco posa junto a los actores Emma Suárez, Telmo Irureta y Valeria Sorolla en la presentación en San Sebastián de 'La consagración de la primavera'.Juan Herrero EFE

Telmo Irureta protagonizó monólogos en los que presume de cada uno de sus tropiezos (no perderse Toquecito minus) y teatro en el que literalmente tiembla tan tierno como divertido y ligeramente cruel (Sexberdinak). Y todo ello antes de dar vida a David y, de su mano, convertirse en una celebridad motorizada de paseo por la alfombra roja del Kursaal donostiarra. «En realidad, la vida de David, el personaje de la película, es un poco la mía. Me identifico con su soledad», aclara justo antes de soltar el que a todas luces parece su chiste estrella: «Me estoy encasillando». Esta última ocurrencia, en realidad, dice mucho de él y de todos nosotros. «Imagino que conmigo ocurre lo mismo que tiempo atrás sucedía con los homosexuales. Siempre que aparecían en una película era para interpretar a nada más que, precisamente, un homosexual. Su condición lo era todo. Es importante hacer ver la discapacidad, que la gente como yo vea modelos en los que reconocerse, pero lo verdaderamente importante sería que los discapacitados fueran lo que sea que diga el guión además de, precisamente, discapacitados», comenta sin que quede otra que darle la razón. O incluso, por qué no, un abrazo.

Dice el pensador francés Alexandre Jollien, aquejado también de una parálisis cerebral que detiene cada uno de su movimientos en un espasmo al borde de todos los precipicios, que prefiere ser insultado a compadecido. También dice, y escribe, que su debilidad es su fortaleza. "De haber tenido un cuerpo 'normal'... yo no hubiese vivido todo lo que he vivido", le gusta repetir. Telmo no es tan radical. O, mejor, lo es igual, pero a su manera: «No me gusta ni que me compadezcan ni que me insulten, pero entiendo su postura», dice. Y sigue: «Vivimos en una sociedad que impone un concepto de belleza único e irreal. ¿Quién tiene el cuerpo que se supone perfecto? Nadie y, sin embargo, dejamos que nos lo impongan. Bueno, yo, al menos, también puedo presumir de un cuerpo que nadie tiene». Y así.

Telmo Irureta es quien es, pero no es... «por dios, eso de las capacidades diferentes, no. Quien dice eso, ¿de qué va? ¿De guay?». Definitivamente, Telmo Irureta es Telmo Irureta. Y con ruedas.


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