La contradicción de Lilian Thuram: la defensa de los Derechos Humanos desde los palcos de Qatar y el amor por su hijo Marcus
22:14
15 Diciembre 2022

La contradicción de Lilian Thuram: la defensa de los Derechos Humanos desde los palcos de Qatar y el amor por su hijo Marcus

El campeón del Mundo en 1998, tras una vida dedicada a la denuncia de las desigualdades y el racismo, asiste a los estadios de Qatar con la esperanza de ver cómo su hijo Marcus también gana el torneo en una hazaña inédita

Uno mira hacia arriba, hacia ese azul clarito con nubes que debería ser el cielo, y cree encontrar paz. La perfección de los rascacielos se traslada a una naturaleza limpia y reconfortante. Pero un simple parpadeo basta para darse cuenta de que ahí, en realidad, no hay cielo. Ni nubes. Ni sol. Sólo un papel pegado al techo. Ese firmamento de mentira acompaña a quienes se atreven a recorrer en góndola los canales que desgarran el centro comercial Villagio de Doha, con el correspondiente trabajador asiático disfrazado con su sombrero y un remo que es un palo de metal. Finaliza en ese punto la línea dorada del metro. A partir de ahí, nada que ver y nada que visitar. Es lo que pensaron quienes establecieron las fronteras de los túneles, que son también las fronteras de la vida en Qatar.

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Allí no pueden entrar como visitantes -por supuesto sí como empleados- quienes se hacinan en la Industrial Area. Es esa una zona de polígonos y residencias donde trabajan y pernoctan los trabajadores asiáticos. Si uno decide caminar los más de ocho kilómetros que separan las góndolas del Villagio del avispero de talleres de la zona industrial -siempre queda la opción de tomar un autobús de línea-, se adentra en un mundo de asfalto, naves y polvo. Un territorio en el que los trabajadores deambulan como zombis por calles que sólo se identifican con un número (la 25, la 26, la 27). Y quizá, cuando caiga el sol, muy lejos de los festivales que se montan en el zoco de Souq Waqif, puedan acercarse al centro comercial que el gobierno construyó para ellos a tres kilómetros al sur de las fábricas, en la Asian Town. Un lugar para que se vean entre ellos, pero no para que sean vistos. Hasta allí la organización no monta excursiones.

Las contradicciones en Qatar son perversas, y son pocos los que escapan a ellas. De ahí que estas semanas no haya sorprendido ver en los palcos a un sinfín de ex jugadores, muchos de ellos con cargos de embajadores de la FIFA y partícipes de las noches de vodka y rosas de los hoteles de West Bay. Pero si hay alguien que ha procurado limitar las sonrisas mientras ha sido enfocado por las cámaras es Lilian Thuram, presente tanto en los cuartos de Francia contra Inglaterra como el miércoles en Al Khor durante la victoria de Francia contra Marruecos en semifinales. Y engullido por esa misma contradicción.

Marcus Thuram, en el triunfo de Francia contra Marruecos.Marcus Thuram, en el triunfo de Francia contra Marruecos.MANU FERNÁNDEZAP

Su lucha contra el racismo y su defensa de los Derechos Humanos y la integración de las clases más desfavorecidas ha sido muy intensa desde que concluyó su carrera como futbolista (en 2008 debido a una malformación cardíaca), ofreciendo charlas de denuncia por todo el mundo durante casi dos décadas. Su hijo Marcus está también implicado en luchas similares -fue famoso fue su gesto de arrodillarse en memoria del asesinado George Floyd tras marcar con el Gladbach-. El también delantero de la selección francesa está a un partido de proclamarse campeón del Mundo. Ya lo hizo su padre en el Mundial de Francia de 1998. Se trata de una situación inédita en la historia del deporte.

Lilian Thuram, que sólo marcó dos goles con Francia y que fueron los más importantes de su carrera -en las semifinales del 98 frente a la Croacia de Suker, Prosinecki y Boban-, es originario de las Antillas francesas. Sus antepasados fueron esclavos. «En un momento de la historia, para explotar a los no blancos, hubo que construir su inferioridad. Eso es el racismo. En cuanto al sexismo, es la más antigua de las jerarquías que existen entre hombres y mujeres. Es una construcción para explotar a las mujeres», clamó en una entrevista a Euronews en 2014. Aunque esos alegatos los ha ido defendiendo Thuram con ahínco desde su Fundación humanitaria y también desde algunos de sus cuatro libros. El último: Pensamiento blanco: cómo se construyen los prejuicios raciales y cómo superarlos.

En abril de 2007, Lilian Thuram compatibilizaba su trabajo como futbolista del Barcelona y su puesto de alto comisionado para la integración en Francia. En una entrevista a este diario, hablaba de cómo comenzó su historia: «Vengo de una familia en la que mi madre tuvo que criar a cinco hijos en Francia. Vivíamos en un barrio con muchos inmigrantes, y conozco la problemática de no tener dinero a fin de mes. De que viniera gente a casa a llevarse un mueble porque mi madre no tenía dinero para pagar. La policía nos miraba como si fuéramos delincuentes. Sé lo que es ir a preguntar la hora y que la gente te tenga miedo». También mostraba su firme oposición a Nicolas Sarkozy, entonces en plena carrera hacia el Elíseo: «Su discurso es racista». Cuatro años después, en noviembre de 2011, el ex presidente de la República Francesa tenía un almuerzo clave con Tamin Ben Hamad Al Thani, el actual emir de Qatar, para que la Copa del Mundo se celebrara al amparo de esta teocracia del Golfo.

Marcus Thuram, de 25 años, ha jugado ocho partidos con Francia. Aún no ha logrado marcar. Mientras, su padre maneja esa dicotomía en un Mundial en el que, a la hora de la verdad, no hubo rastro de boicot. Y gestiona, serio, el amor de un padre.


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