La contraofensiva nazi en la Unión Soviética que pudo acabar con la guerra y que Hitler rechazó
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4 Enero 2021

La contraofensiva nazi en la Unión Soviética que pudo acabar con la guerra y que Hitler rechazó

El mariscal de origen judío que luchó por Hitler contra los soviéticos: así resistió al Ejército Rojo

De forma superficial, la Segunda Guerra Mundial en Europa se podría dividir en dos etapas: en la primera, la Alemania nazi de Adolf Hitler arrasó con todos los territorios a su alcance, Rusia incluida. En la segunda, los soviéticos comenzarían a avanzar poco a poco y a recuperar cada kilómetro conquistado por los alemanes. A medida que la URSS iniciaba su ofensiva, Hitler pudo haber organizado una contraofensiva efectiva para igualar la balanza. Esta contraofensiva debía haber recaído bajo la responsabilidad de Erich von Mansteinconsiderado uno de los más grandes estrategas militares de la Alemania nazi.

Mucho se ha especulado sobre su posible origen semita, lo cual generó polémica en su momento. Desde muy pequeño fue adoptado por la su tío Georg von Manstein, de quien heredaría su apellido y en una biografía sobre la vida de Erich, el escritor Benoit Lemay explica que su apellido de nacimiento, Lewinski, podría ser una variante del apellido judío Levy con el sufijo polaco añadido. "Su tatarabuelo Lewi podría haber sido un líder rabino en Varsovia", concreta el autor.

De hecho, las SS investigaron el caso de Erich von Manstein en 1944. Tras un informe que buscaba sus posibles orígenes judíos, el dosier no llegó a completarse: "Lo que la SS encontrara en relación con este tema se desconoce". El hecho es que Manstein se convirtió en el mejor estratega del führer e incluso consiguió el reconocimiento militar de sus propios enemigos por sus hazañas en el frente. 

Erich von Manstein junto al general Erich Brandenberger fotografiados un día antes del inicio de la Operación Barbarroja.

Erich von Manstein junto al general Erich Brandenberger fotografiados un día antes del inicio de la Operación Barbarroja. Bundesarchiv

Ahora, de la mano de Ediciones Salamina, se publica Manstein y la Tercera Batalla de Járkov, obra de Eberhard Schwarz y donde analiza en profundidad cómo Manstein logró detener el avance soviético en febrero y marzo de 1943 y lanzar un contraataque exitoso con una considerable ganancia de terreno.

Stalingrado

Tras haber participado en el frente occidental, Manstein fue destinado al este para combatir a la Unión Soviética. Su llegada no podría evitar, de todos modos, que el Ejército Rojo saliera victorioso en Stalingrado.

Desde su refugio y lejos de la gélida Rusia, Hitler insistía en resistir a toda costa y no ceder un solo centímetro de terreno ante los soviéticos, mientras que los altos mandos alemanes, aunque obedientes, hubieran preferido maniobrar de distina manera para posteriormente poder lanzar una nueva ofensiva. Tal y como explica Schwarz en su obra, todos los esfuerzos realizados por el mariscal de campo Manstein tras Stalingrado, "si bien evitaron catástrofes concretas, lo único que consiguieron en el fondo fue postergar el final".

Hitler y Manstein en Zaporozhye (1943).

Hitler y Manstein en Zaporozhye (1943). Bundesarchiv

Pese a las desavenencias con el führer, Manstein finalmente pudo frenar el avance soviético y lanzar un contraataque en febrero y marzo de 1943, "dando paso posteriormente a que el Alto Mando alemán elaborase nuevos planes encaminados a recuperar la iniciativa en verano de 1943".

En este sentido, la Wehrmacht alemana se preparó para retomar Járkov, la segunda ciudad más importante de Ucrania. Había caído en manos rusas y Manstein se planteaba reconquistarla "solo si podía hacerse mediante un golpe de mano". De esta forma, gracias a la astucia militar del militar alemán el agotado Ejército Rojo se vio obligado a retirarse de la ciudad y los Panzer ocuparon las principales plazas de Járkov.

La ambición de Manstein fue más allá y tras la reorganización de tropas y el nuevo mapa prometedor de los alemanes, afirmó que el Grupo de Ejércitos Centro debería poder tomar Kursk "sin dificultades".

Durante aquel breve espacio de tiempo, la alegría regresó a Berlín: "Manstein fue de gran importancia psicológica para el Reich". Había conseguido estabilizar el frente. Alemania no estaba perdida en sus manos. Pero, como señala Schwarz, los planes militares de Hitler no iban en la misma dirección.

En definitiva, la victoria fue relativa, puesto que retomaron terrenos que ellos mismos habían perdido varios meses atrás: "A pesar de la victoria, el balance global de las operaciones invernales de 1942 y 1943 fue desolador para los alemanes". El autor especula que la reconquista de Járkov pudo haber sido la última oportunidad de demostrar a los rusos la fuerza alemana y poder así entablar un diálogo que derivara en un nuevo acuerdo entre soviéticos y alemanes.

A partir de aquella última oportunidad, la Wehrmacht encajó una derrota tras otra en el Este. "Con más de dos años de guerra por delante hasta su conclusión, a los alemanes solo les quedó la rendición incondicional", concluye el autor.

Fin de la guerra

El führer no sobreviviría a la guerra a diferencia de Manstein. Pese a haber sido relevado del mando el 30 de marzo de 1944 por discutir con Hitler, tuvo que enfrentarse a los juicios de Núremberg.

Fue sentenciado a 12 años de prisión. Sin embargo, al parecer sus hazañas militares eran admiradas en el extranjero y su fianza fue pagada por un grupo de oficiales británicos y nada más ser puesto en libertad comenzó a trabajar como consejero de la Bundeswehr, reconstruyendo el ejército alemán de la posguerra.

Fallecería el 10 de junio de 1973, siendo uno de los militares que, aún teniendo ascendencia judía, combatió en la guerra con Alemania e incluso se enfrentó a varias de las decisiones de Hitler, desobedeciendo algunas de ellas. Lo que pudiera haber sucedido si se hubiera confiado en él no puede saberse, pero está claro que no habrían tenido un resultado tan desolador como el que tuvieron al final de la guerra.


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