La crisis de identidad del Atlético: cuando defender ya no es un arte ni el Wanda un lugar seguro
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6 Diciembre 2021

La crisis de identidad del Atlético: cuando defender ya no es un arte ni el Wanda un lugar seguro

Los rojiblancos afrontan con dudas un diciembre marcado por las visitas a Oporto, donde se decide su futuro en Europa, al Bernabéu y al Pizjuán, claves para seguir con aspiraciones en Liga.

Crónica El Atlético descarrila en casa antes de la final en Oporto

No han transcurrido ni siete meses desde aquella idílica estampa tras ganar la Liga sobre el césped de Valladolid. Escenas imborrables como la de ese Simeone con la sonrisa de un niño, como si fuera su primera vez. O aquellas lágrimas descontroladas de Luis Suárez, liberado de sus pesadillas. Un puñado de intrahistorias en el último capítulo de un título que parecía anunciar el amanecer de otra época, de otro estilo, de otro peldaño. En verano, con el fichaje de Rodrigo de Paul y el retorno de Griezmann, también con un tercer ariete (al fin) como Cunha, el proceso parecía bien cocinado.

El domingo, sin embargo, el Atlético amaneció con resaca. Era domingo y, hasta cierto punto, podría haber sido algo normal. Pero, no, fue por culpa del balón. Entre el fresquito del Cerro del Espino de Majadahonda, donde asomaron por la mañana Simeone y sus jugadores, se masticaba una áspera y extraña sensación. Como si el aura indestructible del equipo se hubiera diluido en estos poco más de seis meses. Como si todo el camino recorrido desde 2011, cuando aquel equipo a la deriva se agarró desesperadamente al técnico argentino, no fuera más que un feliz recuerdo. En definitiva, como si aquella esencia se hubiera transformado en un puñado de cenizas.

Quizás el resoplido de alivio de Simeone en Cádiz, tras el gol redentor de Lemar, se entienda mucho mejor después de lo vivido ante el Mallorca. Esa remontada al anochecer, ante la mirada atónita de un Metropolitano que parece haber dejado de ser un lugar seguro. En lo que va de curso, entre Liga y Champions, el Atlético ha perdido tres partidos. Y aparte del asalto del conjunto balear, Real Sociedad, Athletic y Villarreal han vuelto a casa con algo en el bolsillo. También lo hizo el Oporto, en el arranque de esa Champions mal planchada que el martes desemboca en una ruleta rusa en Portugal. El Rayo Vallecano, con los mismos ocho partidos en su estadio, ha logrado siete puntos más que los rojiblancos, sextos en un apartado donde cimentaron la conquista de la última Liga: 15 victorias, tres empates y una sola derrota (Levante).

16 goles en 15 partidos de Liga

Pero el asunto no va sólo de resultados (que también). Va, sobre todo, de sensaciones. De sensaciones perdidas, concretamente. De que, no hace tanto, un 1-0 era indestructible. Igual daba que restaran 80 minutos o 20, como el domingo. Esta temporada, el gol ha dejado de ser una certeza, ya que el equipo ha perdido esa contundencia defensiva que, en otras épocas, le permitió sobrevivir a asedios (Múnich, Anfield, Barcelona...) que habrían destrozado a cualquiera. Si antaño resistir a un metro de Oblak era una dulce partitura, hoy es un sufrimiento que suele desembocar en tragedia. Por un motivo (lesiones) o por otro (errores), nadie afina.

Al Atlético se le escaparon el sábado tres puntos incuestionables en otro momento de la era Simeone. Igual que hace un mes, en Mestalla, con dos goles por encima, se le esfumó el triunfo en el descuento. Ocho tantos encajados a balón parado y 16 en 15 partidos de Liga ilustran el peor balance en contra a estas alturas. El puñetazo de Oblak sobre el verde del Wanda como epitafio a una pesadilla que ya no es casualidad. Defender ha dejado de ser un arte para convertirse en un rompecabezas.

Aparte de Oblak y la defensa, hay más nombres propios. Hace un año, por estas mismas fechas, Marcos Llorente era un arpón, con cuatro goles y dos asistencias en sólo 10 jornadas. Hoy trata de soltar latigazos desde su exilio en el lateral derecho, obligado por la lesión de Trippier. Sus números: una asistencia y ninguna diana en 15 episodios. Y aunque las cifras anotadoras de Luis Suárez (siete tantos) no andan muy alejadas de las de la temporada pasada (nueve en las primeras 15 jornadas), sí lo hacen sus gestos. Pasó 20 minutos en silencio ante el Mallorca. No ha sido la primera vez.

Más pegada, menos personalidad

En la accidentada metamorfosis del campeón nada ha tenido que ver, como sí pudo suceder en 2014, la fuga de talentos. Al contrario. El Atlético no sólo no perdió músculo sino que, además, ganó pegada. En cambio, perdió personalidad y ahora le cuesta saber quién es. Hacia dónde dirigirse para encontrar ese equilibrio donde reside la felicidad. Sus 29 puntos en Liga (a 10 del Real Madrid) son el cuarto peor registro en las diez temporadas completas con Simeone.

«Ahora hay dos escenarios: o te rebelas o te deprimes. Supongo que nos rebelará», confiaba Simeone, camino de esa resaca con la que no contaba. Una jaqueca previa a la travesía por este diciembre que tiene pinta de precipicio. Con la final de Oporto donde hay más en juego que el dinero. Con las visitas al Bernabéu y el Pizjuán, donde la Liga, ya enrevesada, puede saltar por los aires.

Como si sólo quedaran cenizas de ese equipo que tocó el cielo en mayo.


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