La cuarta resurrección de Mark Rutte
21:20
14 Diciembre 2021

La cuarta resurrección de Mark Rutte

El primer ministro holandés vuelve a superar el desafío de pactar una coalición con el cambio climático, la escasez de vivienda y la recuperación económica como las grandes líneas del acuerdo

Países Bajos Mark Rutte esquiva su peor escándalo y se afianza como 'Mr. Teflón'

Mark Rutte supera con éxito todos los desafíos. Y con él sobrevive su hasta ahora ministro de Finanzas, Wopke Hoekstra. O la que fue su ministra de Exteriores, Sigrid Kaag, que se ha debatido todo el año entre aliarse con él o mantener las distancias. Al final, le acabó viendo las orejas al lobo: el centroderecha no aceptaba sus condiciones de incluir a la izquierda en el gobierno, alcanzar un acuerdo parecía misión imposible, se avecinaba una repetición electoral en la que podía salir perdiendo y más después de tener que dimitir por la caótica misión de evacuación de Afganistán en verano.

Kaag, al frente de un partido proeuropeo que con algo de voluntad podría equilibrar la balanza hacia el sur de Europa, acabó cediendo y aceptando que el cuarto aliado del futuro gobierno holandés vuelvan a ser los conservadores de Unión Cristiana, a los que ya tuvo de socios, junto a Rutte y Hoekstra, desde 2017. Y eso que trató de vetarlos varias veces y juró no querer volver a aliarse con ellos para no renunciar a los proyectos de ley de su partido, los liberales de izquierdas D66, que quieren adoptar medidas de ética médica sin la censura de los cristianos.

Los liberales VVD (Rutte), los demócratas cristianos CDA (de Hoekstra), los socioliberales D66 (Kaag) y Unión Cristiana CU gobernaron cuatro años, hasta que presentaron su dimisión al completo en enero para asumir responsabilidad por uno de los escándalos más chocantes de Holanda: las acusaciones infundadas de fraude, de la mano de la Administración de Hacienda, a miles de padres que habían pedido ayudas para cubrir los gastos de las guarderías y los cuidados de sus hijos.

Esa situación los obligó a afrontar problemas financieros, psicológicos y familiares. Hacienda había permitido a los algoritmos hacer una 'lista negra' de potenciales defraudadores en base a su doble nacionalidad. El escándalo fue tal que el futuro político de Rutte pendía de un hilo, pero al final no solo volvió a ganar las elecciones, sino que lo hizo con una representación más amplia para los liberales, y la coalición que había estado dirigiendo obtuvo más escaños en total de la ajustada mayoría con la que contaba hasta marzo de este año.

Pero la unanimidad de esa coalición se evaporó poco después. Una metedura de pata de Rutte en abril, después de las elecciones, le puso entre la espada y la pared durante varios días. Había mentido al Congreso y a los medios sobre su intento de colocar a un diputado controvertido en un cargo que le mantenga lejos de su escaño parlamentario, el mismo escaño que había usado en años anteriores para criticar y reprochar a Rutte el trato a las familias con hijos que luego le estalló en la cara en enero. Rutte quería a Peter Omtzigt, del mismo partido que Hoekstra, entretenido con otros asuntos menos molestos que la defensa de las familias con doble nacionalidad.

Una parte del Congreso le puso en abril a Rutte una moción de censura que no logró mayoría suficiente como para dictar el fin de su carrera. Fue gracias a Kaag y Hoekstra, que decidieron salvarle con una moción de reprobación que logró respaldo suficiente. Con esta última moción, quedaba en manos de Rutte marcharse por la puerta de atrás, o luchar por recuperar la confianza de sus socios y liderarlos en otra legislatura más. "Aquí se separan nuestros caminos", le indicó Kaag. "Han pasado demasiadas cosas", añadió Gert-Jan Segers (CU), que dijo que no quería estar en un gobierno que lidere Rutte. Pero él eligió quedarse: su vida es la política. Nadie se lo imagina, por ahora, en otro cargo más allá de Torentje, la oficina del primer ministro. Tampoco hay alternativas viables en Holanda.

Una suma de errores de cálculo y circunstancias fortuitas llevaron el diálogo a un punto muerto y permitieron a Rutte alargar la agonía tantos meses que por el camino cayeron todos sus socios. Kaag dimitió por las evacuaciones de Afganistán, y el nombre de Hoekstra apareció en los papeles de Pandora como inversor en una empresa pantalla con sede en las Islas Vírgenes. Al final, todos tenían trapos sucios a la vista y poco margen de maniobra. Kaag renunció a su objetivo de formar coalición con los socialdemócratas y los verdes, Hoekstra agachó la cabeza y en octubre, los mismos de antes se pusieron a negociar un nuevo acuerdo de coalición que se conocerá por fin este miércoles, nueves meses después.

Estos mismos partidos han pasado ya casi un año en un gobierno interino, la mayor parte del tiempo tratando de superar la desconfianza que se tienen unos a otros: unidos en los consejos de ministros, y mirándose de reojo en la mesa de negociación. Lo curioso es que apenas hay desacuerdo sobre el contenido de un acuerdo de gobierno, incluido el tema climático, la escasez de vivienda y la recuperación económica. El problema eran más las declaraciones a la prensa que hizo algún partido, el reportaje que publicó otro medio o la columna crítica de un diario de tirada nacional: se tiraban los periódicos a la cabeza, estando de acuerdo en el fondo de la cuestión. Hasta esta semana.

Todavía no se sabe quién ocupará los 20 ministerios que habrá en la próxima legislatura, pero Hoekstra no parece querer seguir al frente de Finanzas y este ministerio podría pasar a manos de los proeuropeos de D66. Todo eso se negociará en Navidad, cuando Rutte asuma el rol de formar gobierno. Lo que hay ahora en Holanda es mucha prisa por tener un gabinete que pueda gobernar más allá de dictar restricciones: los problemas se amontonan y la sociedad pierde la paciencia.


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