La decadencia de Alemania: ''Nos hemos quedado obsoletos, es una vergüenza''
17:44
24 Julio 2022

La decadencia de Alemania: ''Nos hemos quedado obsoletos, es una vergüenza''

En el relevo 4x100 suma su primera medalla en el Mundial, un fracaso. Tokio fueron sus peores Juegos Olímpicos desde la reunificación

Hamilton Hall, 21.00 horas, una noche cualquiera. En los bajos del edificio, pegado al Hayward Field, el estadio de Eugene, hay barullo: Italia, Japón, Australia o China tienen allí sus oficinas y se repiten las reuniones técnicas, las sesiones de fisioterapia... En la zona de Alemania, cada día, el vacío. No hay nadie por ningún lado, todos los atletas están en sus habitaciones, a lo suyo. El ambiente en la selección en este Mundial es de hundimiento. Este sábado, ¡este sábado!, ganaron su primera medalla, en el relevo 4x100, un bronce sorprendente. Hasta entonces, cero podios y, es más, sólo dos puestos de finalista, el cuarto puesto de Julian Weber en el lanzamiento de jabalina y el quinto de Claudine Vita en el disco. Para un país acostumbrado a pelear por ser el primer europeo del campeonato, que suele celebrar entre cinco y 10 medallas, esto es un sinsentido. De hecho, nadie lo entiende. Más allá de circunstancias personales, como la retirada de su lanzadora de peso, Christina Schwanitz, tres veces medallista mundial, o los problemas físicos de su decatleta, Niklas Kaul, campeón del mundo en 2019, tiene que haber algo más.

«Nos hemos quedado obsoletos. Si nos comparamos con otros países todo está viejo, los métodos de los entrenadores, las estructuras federativas, los centros de alto rendimiento... Además hay mal ambiente en el grupo. Muchos atletas están enfadados con la federación, los técnicos no quieren saber nada... Es un cúmulo de circunstancias. Lo cierto es que es una vergüenza, todo lo que está pasando es una vergüenza», analiza Gunnar Meinhardt, periodista del diario Die Welt, el más veterano de la delegación alemana. Según sus palabras, lo ocurrido ha removido todos los estamentos deportivos del país, como confirma Cheick-Idriss Gonschinska, vallista en la época del dopaje de estado en la RPA, ahora presidente de la Federación Alemana de Atletismo: «No esperábamos estar así, los resultados no se corresponden de ninguna manera con nuestros objetivos o nuestras aspiraciones. Cuando volvamos a nuestro país trabajaremos en ello de manera muy, muy firme. Haremos un análisis implacable. El atletismo es la suma de muchas disciplinas, de especialidades muy distintas, y debemos estudiarlas todas».

El dirigente también recuerda que en sólo un mes, del 15 al 21 de agosto, se celebra un Europeo precisamente en Alemania, en Múnich, y que muchos atletas han retrasado su preparación para estar al 100% en esa cita, pero lo cierto es que aquí están casi todos, en mejor o peor forma. Sus dos fondistas estrella, de hecho, Gesa Felicitas Krause (3.000 metros obstáculos) y Konstanze Klosterhalfen (5.000 metros) lo intentaron en Eugene sin éxito: la primera acabó última en la final, la segunda ni se clasificó.

También en los Juegos

El desastre germano puede parecer una anécdota, un accidente, pero una visión amplia muestra que no lo es. En los Juegos de Tokio su delegación consiguió 37 medallas: un número elevado si se compara con España, un fracaso para Alemania. La peor cosecha olímpica desde la reunificación, es decir, desde los Juegos de Barcelona 1992. Muchos éxitos llegaron en especialidades muy concretas como la hípica, el piragüismo o el remo y en los grandes deportes olímpicos, el atletismo y la natación, el bagaje fue escaso. En la pista, entonces, sólo tres medallas, lo nunca visto. Eso sí, una de ellas fue el oro de la saltadora de longitud Malaika Mihambo, la última esperanza en este Mundial de Eugene. Compite la madrugada de este domingo (a partir de las 02.50 horas, Teledeporte) y es la favorita a la victoria, aunque su triunfo no está para nada asegurado. «Es muy triste porque te cruzas con entrenadores y atletas por los pasillos del estadio y todo el mundo agacha la cabeza, nadie quiere decir nada», asegura el periodista Gunnar Meinhardt. Alemania se avergüenza de su deporte; un país de capa caída.


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