La heroica de los retales: una defensa insólita para la décima semifinal en 12 años
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13 Abril 2022

La heroica de los retales: una defensa insólita para la décima semifinal en 12 años

La clasificación del Madrid se materializó con una primera línea formada por Lucas, Alaba, Carvajal y Nacho. ''Estamos acostumbrados a sufrir'', asegura Modric ante un Bernabéu rendido.

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David Alaba, con 180 centímetros, lideraba las operaciones por altura y rango. Al mirar a su izquierda encontraba a Marcelo, que en las nueve jornadas previas de Champions sólo había participado en 51 minutos de suplente contra el Sheriff. En el flanco contrario, Lucas Vázquez, recién ingresado trataba de sofocar la ofensiva del Chelsea por su sector más potente, por donde habían martilleado Mason Mount y Timo Werner. Y para completar el encaje asomaba Dani Carvajal, con 173 centímetros frente a las torres inglesas, tras una noche de tiritona continua con el balón y sin él. Aguantar una prórroga frente al campeón de Europa con esos retales sólo queda al alcance del Real Madrid. De su adrenalina, de su mística, de su historia.

El Chelsea lo recordará durante años. Y Thomas Tuchel, desquiciado ya en la zona técnica con una amarilla, jurará venganza, porque no se puede hacer más para salir tan mal parado. Dos instantáneas revelaban la peculiar identidad de este equipo y de su profundísima plantilla. La primera era la severidad de Thiago Silva, que invariablemente permanecía en el centro del campo mientras sus compañeros formaban la piña en la celebración de los goles. La otra, aún más singular, la protagonizaba Kepa poco antes del inicio de la prórroga, pasando revista y elevando la moral de la tropa. El tiempo añadido se antojaba mucho más propicio para los visitantes, un equipo más joven y enérgico, más vertical por donde quisiera mirarse. ¿Cómo pues, hacerle frente?

En el minuto 88, el martirio de Nacho había llegado a su fin. Incluso para un veterano como él, habituado a rendir tantas veces por encima de su nivel, debió de dolerle en el alma ese tormento al que le había sometido Werner. Quebrado por el dolor físico y moral, cedió su lugar a Lucas Vázquez. Era la única solución plausible para Ancelotti, porque tras el positivo de Vallejo, el único central sano en el banquillo era el canterano Rafa Marín. De tal modo, Carvajal acompañó a Alaba en el eje, mientras Marcelo pasaba al lateral zurdo. Ni una economía de guerra podría asumir una carencia similar.

Temibles Havertz y Rudiger

En cada saque de esquina, la mera presencia de Havertz o Rudiger imponía el pavor en el estadio. No necesitaban ni saltar en cada córner, donde había que reclutar de urgencia a Fede Valverde o Benzema. A falta de cuatro minutos, Havertz irrumpió en el área para un cabezazo sin oposición. Por entonces, Rudiger también ejercía como palomero. Y Marcelo llevaba casi un cuarto de hora renqueando de una pierna. Tras pedir permiso de forma reiterada, Mendy atravesó 70 metros para intentar al menos estorbar en el último saque de esquina. La gente se hacía cruces por cada segundo de tiempo añadido por Szymon Marciniak, pero cuando el polaco cruzó los brazos y silbó el pitazo final, el estadio se vino abajo con Luka Modric.

«Es una noche increíble, un partidazo en el Bernabéu. Esta derrota sabe muy dulce», comenzó el genio de Zagreb, que había respondido a los vítores con el puño en alto, acompañando a todo el equipo hasta el Fondo Norte. «No nos rendimos hasta el final y hemos seguido creyendo. Estamos acostumbrados a sufrir, como contra el Bayern, Juventus, Ajax, Schalke... Es difícil describir lo que ha sucedido, después de tantas lesiones, pero hemos demostrado mucho carácter», añadió, mientras el estadio proseguía su delirio. Cómo olvidar su asistencia con el exterior para el gol de Rodrygo o cada nimio detalle de su magisterio. Jugará el Madrid su décima semifinal de Champions en los últimos 12 años. Ocho de ellas, con Modric, que aguantó los 120 minutos tras una temporada extenuante, sin apenas relevos. Seis semifinales también con Toni Kroos, a quien le había sentado a cuerno quemado abandonar el césped mediada la segunda parte. Y cinco para Casemiro, obligado a dejar su sitio a Rodrygo, lastrado por una amonestación. El centro del campo de Ancelotti suma 98 años, pero sigue a pie de obra en Europa.


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