La larga lucha de los pioneros de la fotovoltaica: los 'patriotas' que trajeron el sol a España siguen sin recuperar su inversión
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6 Febrero 2022

La larga lucha de los pioneros de la fotovoltaica: los 'patriotas' que trajeron el sol a España siguen sin recuperar su inversión

Hace 15 años el Gobierno les prometió que su inversión les permitiría tener un complemento para su jubilación y poco después recortó sus ingresos un 30%

GUILLERMO DEL PALACIO Actualizado Domingo, 6 febrero 2022 - 01:35Enviar por emailComentar

A pesar de que España es una de las puntas de lanza de las energías renovables en Europa -es considerada la Arabia Saudí de la solar en el continente-, a principios de milenio la situación era muy distinta. Cuando la UE decidió que había que apostar por estas fuentes para conseguir la descarbonización, el Gobierno lanzó un llamamiento a los ciudadanos para que ayudasen a dar ese primer paso con sus ahorros. A cambio, les prometía, casi literalmente, el sol: la inversión se pagaría sola y en unos años disfrutarían de unos ingresos adicionales. Pero unos años después llegaron varios recortes que hicieron que algunos incluso perdiesen sus casas por las deudas. Hoy la situación ha mejorado, pero las decenas de miles familias que acudieron a esta llamada estén muy lejos de recibir la recompensa que se les había prometido.

"Hubo una llamada del Gobierno a la población en general para que invirtieran en esto", recuerda Francisco Fernández Lidón, agricultor de 70 años de Lorca. "Compra sol, el sol puede ser tuyo", rememora. Era el año 2006 y estos lemas aparecían en anuncios emitidos en cadenas nacionales y locales de televisión. Lidón, como muchos otros, terminó buscando una jubilación digna en estas placas y se apuntó a una cooperativa.

Francisco no estaba, ni mucho menos, solo. Según datos de Anpier, la Asociación Nacional de Productores de Energía Fotovoltaica, unas 65.000 personas se sumaron a la iniciativa, que caló muy hondo en la España entonces rural y hoy vaciada. Era, al fin y al cabo, un complemento perfecto para tener una jubilación digna en un sector, el primario, donde no suelen serlo. Por eso también el perfil de inversor era el de pequeño ahorrador cercano a los 50 años.

Jaume Pedrós, otro de estos pioneros, rondaba esa edad cuando escuchó la propuesta de los gobiernos nacional y local desde Pla D'Urgel, una comarca de Lleida de unos 37.000 habitantes. Ahora, ya con 60, está muy lejos de recuperar la inversión.

"Cuando vi que había posibilidades de tirar para adelante empecé a buscar un terreno que estuviera bien ubicado y con un compañeros empezamos a buscar a la gente que se asociara en una especie de cooperativa para llenarlo", explica. Al final se juntaron 12 personas en una cooperativa que iguala los cobros al final de año: quien se lleva más dinero paga al que cobra menos. "Había que hacerlo antes de septiembre de 2009 y en agosto ya empezamos a producir luz", recuerda. "Y, bueno, la luz, perfecto; el parque, perfecto... Lo que no es tan perfecto es el Gobierno, que nos ha puteado".

Y es que, efectivamente, el Ejecutivo cambió las reglas del juego a mitad de partida, con las cartas ya repartidas y los envites hechos. En 2010 hubo un tijeretazo importante que redujo los ingresos un 30% durante tres años a cambio de prorrogar la explotación durante un lustro adicional. En plena crisis, las cuentas no le salían al PSOE.

"Ahí comenzó todo el rosario", ilustra el presidente de Anpier, Miguel Ángel Martínez-Aroca. "Cuando todo estaba en marcha hubo un error de cálculo, de control y de previsión de la potencia por parte del Ministerio dirigido en aquel entonces por Miguel Sebastián", describe. Se construyeron demasiadas plantas, que proporcionaban más energía de la esperada, y los cálculos originales ya no valían. El problema, recuerda el directivo, es que el fallo llegó "por parte de quien tenía todos los datos que iban llegando mes a mes de cuántos parques se estaban construyendo". Así, pasados dos años comenzaron a aplicar recortes retroactivos... Que se incrementaron cuando llegó el PP al poder: "Lo del Partido popular fue un auténtico exterminio".

Los populares, denuncia la asociación, aplicaron "unos durísimos recortes perpetuos" y, además, dejaron preparadas fórmulas para continuar con esos recortes en años posteriores (que finalmente no se aplicaron, nuevo Gobierno del PSOE mediante). Esto supuso no ya reducir los ingresos o retrasar los beneficios, sino que, directamente, una gran parte de los 'pioneros' tuvo que refinanciar sus préstamos.

Francisco Fernández Lidón, en el parque fotovoltaico de su cooperativa, en Lorca.Francisco Fernández Lidón, en el parque fotovoltaico de su cooperativa, en Lorca.Pascu MemdezAraba

"Tú tienes programado amortizar una cosa en 10 años, porque todo lo que recibíamos lo teníamos que dar al banco, así que algunos tuvieron que refinanciar y otros tenían que poner de la empresa para acudir a los pagos del banco", resume Pedrós. Aunque celebran que la mayoría consiguió salir adelante -"bastante maltrechos económicamente"-, tanto él como Lidón conocen casos de gente que perdió casas o fincas, todos agricultores. "Es una caso entre muchos y lógicamente una golondrina no hace el verano, pero eso llegó a existir", apunta el murciano. "Lo pasamos todos muy mal".

Los afectados lamentan, además de las pérdidas económicas, la sensación de indefensión ante los sucesivos gobiernos, que bajaron al barro y repartieron golpes bajos. A pesar de ser, en su mayoría, pequeños inversores, se les pintaba de especuladores que buscaban lucrarse con el sol y encarecían la energía del resto del país. El mensaje, desde luego, chocaba con la publicidad inicial, en la que traer las placas a España se vendía como una forma de patriotismo verde porque había que reducir las emisiones.

En opinión de Lidón, esto terminó por alejar a los particulares de la fotovoltaica, salvo como solución de autoconsumo: "Las grandes empresas se están quedando con el mercado". Es más, cree que éstas también aprovecharon la situación para presionar al Gobierno: "el gran pecado de los pequeños productores fotovoltaicos fue democratizar la producción eléctrica; eso es lo que las grandes compañías no nos han perdonado".

Inversores internacionales

A todo esto hay que sumar una gran paradoja: los inversores extranjeros sí están siendo indemnizados por España, mientras que a los nacionales el Tribunal Supremo no les dio la razón. Estos fondos de inversión tienen entre un 30 y un 40% del parque fotovoltaico español y acudieron a procedimientos de arbitraje internacionales, que están obligando a que se les pague. El defensor del pueblo, de hecho, considera que debería aplicarse la misma justicia obtenida por los inversores internacionales a los nacionales.

"Los fondos extranjeros están reclamando y ganando todos los juicios y el Gobierno, pagándoles e indemnizándoles", detalla Martínez-Aroca, que se pregunta cómo el Gobierno puede "atropellar a la ciudadanía de esta manera". "Nuestro país se va a ver abocado a pagar, por incumplimiento de la carta de energía, a los inversores extranjeros, pero no a los nacionales, con los que sólo hay promesas, promesas y promesas".

Estas promesas se repiten desde hace años. El entonces candidato a la presidencia Pedro Sánchez hizo una en Jumillas de compensar parcialmente o ayudar a tras estos recortes retroactivos si gobernaba. Después el PSOE y Unidas Podemos reflejaron en su programa de gobierno que "se continuará trabajando para reparar la situación de los pequeños inversores perjudicados por el cambio regulatorio respecto de la retribución de las renovables".

Sin complemento

Sea como fuere, casi 15 años después la situación no es tan crítica: los préstamos se van pagando gracias a la refinanciación en unas cuotas que no ahogan. Los agricultores del sol temen que se vuelvan a recortar los años que puede obtener estos beneficios -en cualquier caso, lamentan, sus plantas quedarán obsoletas pronto- y dudan que este complemento a sus pensiones vaya a durar muchos años.

"Espero que Pedro Sánchez y Teresa Ribera tengan a bien sentarse a negociar una justa y mínima compensación, porque no va ser nada del otro mundo, para cerrar esta herida, esta vergüenza y este atropello que se produjo contra 65.000 familias de España", sentencia el presidente de Anpier.

Si no, siempre les queda la vía europea y no descartan acudir a ella, pero saben que para entonces puede ser, en cierto modo, tarde. "Cuando salió la propuesta yo tenía 55 años", rememora Franciso Fernández Lidón. "Pensé que tras 10 años pagando la placa, con 65 tendría un suplemento de 600 o 700 euros y que con mi mujer y mi familia me dedicaría a disfrutar los días que nos quedasen... Y se convirtió en todo lo contrario". Ahora, con 70, aún calcula que le faltan otros cinco años para terminar de pagar la placa: "Espero vivir unos años más, pero ya el objetivo se ha ido al garete totalmente".

Mientras, Jaume Pedrós, pone sobre la mesa la desconfianza generada y el daño hecho a las zonas afectadas: "Si el Gobierno no me hubiera tratado tan mal habría hecho muchas otras cosas, como una ampliación". "Pero, claro, te has sentido discriminado, no te han tratado bien y se te pasan las ganas de hacer cosas", arguye. "Al final, si el que vive en el campo se gana la vida un poco mejor de lo que se la está ganando ahora, seguramente hablaríamos menos de la España Vaciada; y esa es la pena que tenemos, porque todo va unido".


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