La literatura como gozo y conocimiento, según Miguel Munárriz
18:36
29 Junio 2021

La literatura como gozo y conocimiento, según Miguel Munárriz

El periodista cultural publica 'La escritura contra el tiempo', libro que recoge artículos sobre sus autores y libros de referencia

Lleva toda su vida Miguel Munárriz entre libros, bien como lector incipiente, bien como director del suplemento La Esfera de los Libros en EL MUNDO entre 1996 y 1999 (ese año reconocido con el Premio Nacional de Fomento a la Lectura), o antes como creador de los Encuentros Literarios de Oviedo o como responsable de prensa de los sellos Alfaguara y Taurus, entre otros. U, hoy, como vigía aventajado de lo que se publica en la web literaria Zenda junto a su director, Leandro Pérez Miguel. Es decir, sabe de lo que habla. Pero aún más: mantiene intacto un entusiasmo que contagia. De ahí que La escritura contra el tiempo (Luna de Abajo), una recopilación recién publicada de sus textos publicados en Zenda desde su botadura, en 2016, merezcan respeto y atención.

El subtítulo del libro, Ayer fue miércoles toda la mañana, es un homenaje directo a Ángel González y del que quiere dejar constancia como seña de identidad y pertenencia. Miguel Munárriz (Gijón, 1951) trató y no poco al poeta durante años. Su nombre aparece en el libro en numerosas ocasiones. "Cuando descubrí la poesía de Ángel González sentí que me estaba hablando a mí y eso creó una adición literaria. Después le conocí, porque el grupo poético en el que yo estaba entonces, que llamamos Luna de Abajo, fuimos a proponerle un libro homenaje y ese fue el inicio de una buena amistad, de una amistad a lo largo, parafraseando a Gil de Biedma. Como Antonio Machado para él, Ángel fue para mí la referencia del poeta civil".

Ayer fue miércoles toda la mañana es el primer verso del poema Ayer de Ángel González y el título del blog que estrena cada jueves en Zenda, en el que entre bromas y veras va dibujando su cartografía literaria. "Son como las huellas literarias sobre las que he ido pisando toda la vida". Un abanico que abarca desde Goethe a Pedro Salinas, de Marco Aurelio a premios Nobel como Wislawa Szymborska y Orhan Pamuk, desde su amigo Bernardo Atxaga al un poco olvidado Juan Carlos Onetti, sobre el que escribe: "Hay permanentes desencuentros a causa de una especie de malentendido existencial cuyo destino es la incomunicación y la soledad".

Este libro puede ser leído como consulta o de un tirón, como le ocurrió a quien esto escribe. No es fácil dejarlo aparcado junto a otras novedades si se lee el capítulo Un relato breve y casi real: 20 cuentos que hay que leer. Por ahí desfilan, y se comentan, El corazón delator de Allan Poe o El guardagujas de Arreola, pero también Emma Zunz de Borges, Un día perfecto para el pez plátano de Salinger o Diles que no me maten de Rulfo. En esta entrada se relata el entusiasmo con que Álvaro Mutis subió los siete pisos de la casa en que vivía García Márquez y le dijo, reponiéndose, al escritor de Aracataca: "Lea esta vaina, carajo, para que aprenda". Era Pedro Páramo.

Este relato le he leído, este no, ¿cómo será este otro? Así que el lector pica, le entra la curiosidad y se enzarza en una maraña difícil de salir. Miguel Munárriz hilvana los bárbaros de Kavafis, Coetzee y Buzatti, luego nos hace detenernos ante la "cachetada metafísica" de Cortázar, en expresión de Luis Harss (y de paso desliza su libro de entrevistas Los nuestros, ya de 1964, con Borges, Rulfo, García Márquez, Vargas Llosa...) y de repente nos sorprende con el afán de aquel niño a quien le arrancaron de su Pintueles (Asturias) en 1937, le llevaron en un barco que zarpó de Gijón y acabó en Leningrado, padeció el cerco de la ciudad, con el tiempo conoció a Tarkovski, se hizo un imprescindible del mundo del teatro en la URSS, volvió a ver a su madre a Hendaya en 1967, se peleó contra la censura soviética para publicar un guion sobre la odisea de los niños de la guerra, A la mar fui por naranjas y acabó volviendo a España para ser catedrático emérito de la RESAD. Pasó de que le llamaran Angelín a ser Ángel Gutiérrez. Munárriz evoca así la infancia del dramaturgo: "Era un tiempo en el que la felicidad se parecía a estar descalzo sobre la hierba".

A Miguel Munárriz hay que ponerle en aprietos. Cinco obras: Don Quijote, El guardián entre el centeno, La leyenda del santo bebedor, Conversación en La Catedral y Últimas tardes con Teresa. Cinco autores: Adolfo Bioy Casares, Philip Roth, García Márquez, Stevenson y Clarín. Escritores que conoció y recuerda con cariño, sin contar Ángel González: José Agustín Goytisolo, Caballero Bonald, Brines.

Le comento que aparecen muchos poetas por el libro, género que suele... "Sí, para la inmensa minoría juanramoniana. La poesía es la madre del cordero; la madre de todas las literaturas posibles; el alfa y la omega, el principio y el fin. Por eso da un poco de tristeza comprobar el escaso relevo poético actual".

También se moja. Por ejemplo, Rayuela igual no aguantaría hoy una relectura. "Lo digo porque lo he oído decir a algún buen lector y por eso tengo un poco de miedo volver a enfrentarme a ella, suele ocurrir. Y ya puestos a seguir mojándome, puedo decir que he vuelto a ver en Filmin Los 400 golpes y Jules y Jim de Truffaut y me llevé una tremenda decepción. Lo que puede ocurrir con las novelas de Cortázar, no con sus cuentos, es que no era precisamente un novelista, sino un magnífico cuentista, un escritor en su más amplio sentido, un investigador de lenguajes novelescos. En suma, un perseguidor, por usar un término suyo como en su relato largo sobre la vida de Charlie Parker, titulado precisamente así, El perseguidor". De los Novísimos de Castellet, olvida a varios y recuerdaapenas a Pere Gimferrer y Leopoldo María Panero.

En su libro, Munárriz no se olvida en cambio de cuando se escribían cartas, así que trae a miente el alegato de Pedro Salinas que publicó en El defensor "porque en su exilio americano vio un cartel que decía algo así como 'no escriba cartas, mande telegramas".

Total, un libro que rezuma entusiasmo, la literatura como gozo, pero también como conocimiento. "Como disfrute. Un buen libro me pone de buen humor". Así, ahí sigue Miguel Munárriz, después de haber publicado un libro sobre Luis Eduardo Aute, "con el deseo de encontrar algo nuevo. Claro que siempre nos queda la relectura de viejos amigos como Conrad, Melville, Proust, Stendhal...".

No se pierdan la entrada ¡Llamen a Juan Cueto! ni su muy personal, y a la vez de todos, Me acuerdo.


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