La locura de Kanye West, la superestrella que ''ama a los nazis'' y que cree que Hitler inventó las autopistas
08:42
13 Diciembre 2022

La locura de Kanye West, la superestrella que ''ama a los nazis'' y que cree que Hitler inventó las autopistas

La deriva del cantante, empeñado en elogiar a Hitler y en confraternizar con conocidos negacionistas, expresa las turbulencias de la política estadounidense

PABLO PARDO Washington D.C. Actualizado Martes, 13 diciembre 2022 - 08:39Enviar por emailComentarPremios Kanye West orina sobre un Grammy como protesta contra la industria musical Perfil Música, zapatillas, drogas y millones de Kanye West, el hombre que quiere desbancar a Michael Jordan Negocios Jaylen Brown y Aaron Donald rompen con Kanye West

Si no fuera por el pequeño accidente histórico de que es un individuo que asesinó a cinco millones de judíos y a medio millón de gitanos, y que lanzó una guerra en la que murieron 60 millones de personas, lo que está diciendo el músico, cantante y diseñador de moda Kanye West sobre Adolf Hitler casi sería motivo de chiste. Porque, según West -que ahora responde al nombre de Ye- Hitler «inventó el micrófono» y «las autopistas». Thomas Edison, deje paso al autor de Mein Kampf.

Ésa es la parte surrealista. La parte más grave se divide en dos. Una de ellas es la súbita conversión de West al nazismo. No es nada nuevo porque, desde el verano pasado, el rapero y diseñador de ropa lleva atacando a la comunidad judía y elogiando sin pudor la figura de Hitler. Al principio, pareció solo un salto cualitativo en la lista de provocaciones, broncas y, por utilizar un término más preciso, estupideces, que el cantante ha convertido en su seña de identidad. Muchos confundieron esas afirmaciones, incluso, con un intento de alcanzar nuevas cotas de publicidad, o como una excusa para romper sus acuerdos comerciales con Adidas y otras empresas que comercializan su ropa.

Ye, sin embargo, se ha empeñado en aclarar el error. Y, con admirable tenacidad, ha dejado claro que esto no es ninguna estrategia. Que él es nazi. Admirador del «inventor del micrófono y de las autopistas», Adolf Hitler. Aparentemente, a Kanye West, que es negro, no sólo no le importa Auchswitz, sino, tampoco, que los nazis esterilizaran a los 500 niños de su misma raza que vivían en Alemania y que, según el Führer, eran «bastardos del Rhin» y pertenecían a una especie «inferior» y «sucia». El cantante, músico y diseñador se dejó fotografiar en Mar-a-Lago, la residencia del ex presidente -y candidato en 2024- Donald Trump, el Día de Acción de Gracias en compañía de Nick Fuentes, un neonazi estadounidense y negacioncita del Holocausto que propugna para Estados Unidos un régimen similar al de los talibán afganos pero fundamentado en la religión católica en lugar de la musulmana.

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West ha declarado en varias ocasiones -para luego desmentirlo- que le ha sido diagnosticado trastorno bipolar, así que sus afirmaciones podrían atribuirse a la fase de manía de esa dolencia. Asimismo, ha admitido que fue adicto a los opiáceos -fármacos con un enorme poder adictivo, que están causando una crisis sanitaria apocalíptica en EEUU- tras una liposucción a la que se sometió en 2016 porque «no quería que me llamaran gordo». Así que sus afirmaciones podrían ser atribuibles a un problema clínico. En todo caso, esa puede ser una explicación, no una justificación. Sus afirmaciones son un acervo de estupideces que darían para llenar un libro casi tan gordo como Mein Kampf.

Aquí van algunas de las más recientes, lanzadas en el programa de Alex Jones dentro de la web de ultraderecha Infowars: «Todo ser humano, pero especialmente Hitler, tiene algo de valor que poner sobre la mesa»; «Me gusta Hitler»; «Soy nazi»; «Tenemos que dejar de despreciar a los nazis»; «Mis cuentas han sido inmovilizadas en los bancos judíos»; «No estoy yo por la cosa ésa de los judíos». West también hizo una incursión en la ciencia histórica al afirmar que «es incorrecto decir que Hitler matara a seis millones de judíos» (de hecho, hay un debate acerca de si el número de personas asesinadas de esa comunidad fue de cinco o de seis millones, como si eso condicionara el juicio moral a la hora de evaluar la monstruosidad del Holocausto).

GETTY

Al día siguiente, West colgó en su cuenta de la red social Twitter una estrella de David con una esvástica en su interior. La respuesta del dueño de la empresa, Elon Musk, fue inmediata. West fue expulsado de la plataforma, pese a que Musk se ha autodefinido como «un absolutista de la libertad de expresión», y, desde que compró Twitter, hace seis semanas, ha permitido el acceso a la plataforma a un considerable número de neonazis, racistas y promotores de teorías conspirativas de todo tipo. Musk justificó su decisión porque, dijo, la imagen colgada por West era una incitación a la violencia, aunque en realidad parece tratarse del símbolo de la comunidad raëliana, una religión fundada en Francia en 1974 que afirma que la especie humana desciende de extraterrestres y entre cuyos múltiples desvaríos no parece encontrarse -al menos, hasta la fecha- la apología del nazismo.

Pero, si la parte de esta historia correspondiente a Kanye West es grave, la de la reacción de una parte de la élite de Estados Unidos es preocupante. Porque la gran mayoría del liderazgo del Partido Republicano no ha reaccionado ante las declaraciones de la estrella. Eso es significativo. Tenemos al ex presidente y candidato a las elecciones de 2024 cenando con un negacionista del Holocausto (Fuentes) y con una persona que se autoproclama nazi y admirador de Hitler en el Día de Acción de Gracias -la festividad más importantes del año en EEUU, por encima de Navidad o el 4 de julio- y nadie de su partido dice nada.

E incluido en ese «nadie» está Ron DeSantis, la gran esperanza de los republicanos anti-Trump, que es gobernador de Florida, el estado en el que, precisamente, se produjo la cena. DeSantis, siempre locuaz a la hora de criticar los excesos de las tesis woke en materia de género o raza, destacado enemigo de la multinacional del entretenimiento Disney por el apoyo de ésta a esas tesis y detractor de las mascarillas contra el Covid-19, no ha encontrado un rato para pronunciarse al respecto. Lo mismo le ha pasado a gran parte de sus correligionarios. Incluso los que han hablado en contra de la reunión de West, Fuentes y Trump, lo han hecho tentándose la ropa.

«El presidente tiene derecho a reunirse con quien quiera. Pero no creo que deba hacerlo con Nick Fuentes», ha dicho Kevin McCarthy, que espera ser nombrado presidente de la Cámara de Representantes el mes que viene. El líder de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, ha sido un poco más directo al declarar que «Nick Fuentes no tiene cabida en el Partido Republicano». Tanto a McConnell como a McCarthy les llevó exactamente una semana llegar a esas conclusiones. Y aun así, mencionaron a Fuentes -una figura marginal a la que no conoce absolutamente nadie- pero no a Kanye, que es una de las mayores celebrities de Estados Unidos y del mundo. Y una celebrity con audiencia. Kanye West tiene 50 millones de seguidores en Spotify y acaba de comprar la red social de ultraderecha Parler.

El Museo del Holocausto de Los Ángeles ha informado de un aumento de los mensajes antijudíos desde que la estrella del hip-hop decidió seguir el camino del nazismo.

Ese pasar de puntillas sobre las declaraciones de Kanye West plantea una pregunta incómoda: ¿hasta que punto el nazismo está erradicado en EEUU o es una corriente ideológica muy viva, pero que se mantiene por debajo del debate público? Y, más allá, ¿se sirve el trumpismo de ello mientras los líderes del Partido Republicano miran hacia otro lado, no por simpatía hacia su estrategia, sino por temor a que una posición muy clara en ese sentido provoque nuevas escisiones en su electorado? A fin de cuentas, Alex Jones es uno de los grandes movilizadores del voto republicano a costa de defender locuras como que el asesinato de 20 niños de entre seis y ocho años en Connecticut en 2013 fue un «montaje» del Estado (unas declaraciones por las que ha sido condenado a pagar 1.438 millones de dólares a las familias de las víctimas). Si aceptar esos mensajes manifiestamente falsos como táctica para movilizar a los votantes es licito, ¿por qué no lo va a ser aceptar un poco de nazismo?

El silencio en relación a West es aún más atronador cuando se entra en el terreno del mundo del entretenimiento. La empresa sueca Spotify, líder mundial de streaming, mantiene intactas las canciones de Kanye West. El mayor portal de vídeos del mudo, YouTube (propiedad de Alphabet, la dueña de Google) va a rebañar de su plataforma, con exquisito cuidado, la entrevista de Alex Jones en la que el cantante lanzó su alegato nazi, pero no va a tocar otros productos de Ye. Las dos grandes empresas de conciertos de EEUU y del mundo -Live Nation y Ticketmaster-, no han abierto la boca a la hora de decir si van a trabajar con West en futuras giras del artista. MRC Entertainment, la productora de, entre otros éxitos, House of Cards, Ozark, y Ted, se ha convertido en la excepción a la regla al cancelar un proyecto de documental con Ye.

Lo mismo cabe decir de la industria discográfica. West tiene su propio sello, GOOD Music, pero Universal, el gigante holandés del sector que distribuye sus grabaciones, no ha hecho ningún pronunciamiento acerca de su colaboración con el autoproclamado nazi. La media docena de artistas que graban con GOOD tampoco ha dicho ni media palabra. Más valentía han mostrado a la hora de censurar a West los líderes del Partido Demócrata. Claro que en su caso, más que valentía, es cálculo: criticar a todo el que se asocie a Trump es una carta vencedora para los demócratas que, además, suelen recibir más de dos tercios del voto judío.

La gran ironía es que nadie ha ido tan lejos a la hora de condenar el nazismo de la estrella del hip hop como las empresas viejunas, presuntos símbolos del capitalismo rancio, con las que colaboraba. Kanye West ha perdido en tres meses contratos por cientos de millones de dólares con JP Morgan (el mayor banco el mundo por valor en Bolsa), la empresa de tienda Gap o el fabricante alemán de artículos deportivos Adidas. Eso ha costado a esas compañías cientos de millones de dólares en ventas y promoción, pero les ha evitado una pesadilla de relaciones públicas. Sea como sea, han mostrado más valor que los colegas músicos de West.


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