La noche en la que Guardiola no fue Guardiola y el recurso de las pérdidas de tiempo: ''No tengo nada que decir''
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14 Abril 2022

La noche en la que Guardiola no fue Guardiola y el recurso de las pérdidas de tiempo: ''No tengo nada que decir''

El Manchester City solo pudo rematar una vez entre palos en el Metropolitano. ''Nos olvidamos de jugar'', asume el técnico de Santpedor

«No tengo nada que decir». Respondió Pep Guardiola cuando Isabel Forner, periodista de Movistar le preguntó por las pérdidas de tiempo de su equipo en pleno ejercicio de supervivencia. «No tengo nada que decir», incidió el técnico del Manchester City ante el posterior tumulto en el túnel de vestuarios. No creyó oportuno Guardiola retozar con la dialéctica una vez consiguió su objetivo, por mucho que, al menos esta vez, importara más el qué que el cómo. Y ahí la gran contradicción.

«El Atlético nos metió atrás y no hubo manera de salir. Nos olvidamos de jugar. Podríamos estar perfectamente eliminados porque ellos hicieron un gran segundo tiempo», asumió el entrenador de Santpedor. «No sabíamos cómo jugar», insistió.

Guardiola acabó extenuado. Se pasó el segundo tiempo agitando los brazos y señalando hacia atrás. Sus futbolistas, en una situación del todo contracultural para el equipo más estético de Europa, incapaces de defender con el balón, intentaban recluirse y encontrar fuerzas para resistir al fiero acoso del Atlético en el segundo tiempo. Cayó lesionado De Bruyne. Después Walker. Y el técnico de citizen, por fin pragmático y seguro del peligro que corría, recurrió a Fernandinho para que éste ayudara a salvar el fuerte. Todo acabó en la montonera que acabó con la expulsión de Felipe y que permitió al equipo inglés perder todo el tiempo que pudo y que no hubiera fútbol en el desenlace.

Le gusta a Guardiola decir que es el que gana quien tiene razón. Y él debió tenerla después de que su equipo, que no ha encajado un solo gol en las eliminatorias de esta Liga de Campeones, lograra defender el 1-0 de la ida después de rematar una sola vez entre palos en el Metropolitano, ya en el añadido.

Guardiola señalaba zonas que él creía libres y trataba de buscar sentido al encaje grupal en su propio campo. Algo que para cualquiera podría ser una contradicción, un sinsentido. Pero no para él, seguro de que sería la única manera de sobrevivir ante los constantes intentos de los rojiblancos. Griezmann, Correa, De Paul o incluso Savic, que no llegó a un rebote tras un disparo de Cunha, llevaron al Manchester City a límites inexplorados. Ederson, en el minuto 102, ahuyentó a los últimos demonios.

Un escenario incluso comprensible después de que los futbolista del City vinieran de dejarse la vida en su último empate frente al Liverpool en plena disputa por la Premier League.

Gündogan tuvo la mejor opción de un ya gomoso primer acto después de que un avance de Mahrez por la derecha permitiera a Walker tirar un pase con aroma a definitivo. El centrocampista turco, sin embargo, no pudo ir más allá del palo. Y en su segundo intento ya se encontró con la oposición de Felipe, que sacó el balón como pudo tras el remate de cabeza.

Pero Guardiola tenía precedentes por los que sospechar pese a la aparente inocencia atacante del Atlético. Cómo olvidar la semifinal perdida ante el Atlético de Simeone en la temporada 2015-16 cuando el de Santpedor aún era técnico del Bayern. Así que Guardiola no tuvo reparos en exigir a sus futbolistas que no arriesgaran, sobre todo en la construcción.

Todo ello sirvió a Guardiola para alcanzar su novena semifinal, más que ningún otro entrenador en la historia de la competición (cuatro con el Barcelona, tres con el Bayern y dos más con el Manchester City). Carlo Ancelotti y José Mourino quedan con ocho. El máximo título continental, sin embargo, le es esquivo a Guardiola desde que conquistara con el equipo azulgrana su segunda y por ahora última Champions en Wembley en 2011.

Acabó Simeone aplaudiendo al banquillo de Guardiola, mientras veía desesperado cómo el Manchester City, entre pelotazos y pérdidas de tiempo, salía con vida. El fútbol es muy retorcido.


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