La nominación al Oscar de Ana de Armas o cómo salvar a Marilyn de las garras de 'Blonde' y de sus abusadores
08:39
25 Enero 2023

La nominación al Oscar de Ana de Armas o cómo salvar a Marilyn de las garras de 'Blonde' y de sus abusadores

La candidatura al Oscar de la actriz hispano-cubana resulta tan contradictoria como meritoria a la vista del escarnio con el que la crítica estadounidense se ha empleado contra la película

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Por extraño que pueda resultar, el primero que predijo la nominación al Oscar de Ana de Armas fue, ni más ni menos, que el denostado director de Blonde. "La mayoría de las cosas que se escriben sobre Marilyn nos dicen: 'Yo la conocí, yo la entendí de verdad, no tú'. Eso hacen los libros de Norman Mailer y de Gloria Steinem. 'Blonde', mi película, no es diferente, pero con una variante. Apela directamente al lado oscuro de ese deseo de salvación que es una fantasía de castigo: si quieres rescatar a alguien, probablemente ese alguien necesite que lo rescates también de ti. Por eso digo que 'Blonde' es necesariamente frustrante". Pausa para reflexionar. Y sigue: "Buena parte de las críticas negativas están siguiendo ese mismo instinto, quieren proteger a Marilyn. ¡Quieren protegerla de mí, e incluso los que aman a Ana, quieren salvarla de esta horrible película! Es un razonamiento muy masculino el de salvar a la dama indefensa de su horrible relator, que además es hombre". Y la última a modo de moraleja digna de Nostradamus: "Así que siento que lo que ocurre es en parte la perfecta medida del éxito de la película".

Leída (y releída) horas después de que por sorpresa y contra todas las quinielas más evidentes se conociera que la actriz hispano-cubana formaba parte del quinteto de mejores actrices del año, la declaración de Andrew Dominik suena, de repente, de otro modo. Cuanto menos, premonitoria. Y hasta ligeramente reveladora. El enigma que se plantea a partir de este mismo momento es el siguiente: por un lado, hay unanimidad en que 'Blonde' es en su totalidad el trabajo de Ana de Armas, que sólo gracias a ella y por ella, la película tiene sentido, y, por otro, el consenso virtual al que ha llegado buena parte de la comunidad de críticos estadounidenses hasta el punto de convertir a la cinta en la estrella de los anti-Oscar (los conocidos como Razzie que premian a lo peor del año) es que nada en las casi tres horas de 'Blonde' vale literalmente una mierda. La cuestión ahora es cómo hacer casar las dos afirmaciones, cómo incinerar una película que descansa únicamente en la interpretación de su protagonista y salvar a la vez a la protagonista. Pues eso hacen los Oscar.

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Repasar, aunque sea sumariamente, la campaña contra la que ha peleado 'Blonde' y su protagonista hasta llegar a la nominación se parece bastante a pasear por un campo de minas. La más sonada de las explosiones se oyó en el 'New York Times'. Su crítica Manohla Dargis vio 'Blonde' y, como antes de ella su compañero encargado de la recensión del libro en le que se basa publicado en 2000, literalmente estalló. Para la autora del texto más furioso contra la película, 'Blonde' básicamente se olvida del talento contrastado de la más célebre de las actrices rubias para hacer de ella nada más que una víctima. "Dominik", se lee en la que es la frase definitiva, "está tan metido en la vagina de Marilyn Monroe que no puede ver el resto de ella". Y todo ello para concluir: "Dadas todas las humillaciones y horrores que Marilyn Monroe soportó durante sus 36 años, es un alivio que no haya tenido que sufrir las vulgaridades de 'Blonde', el último entretenimiento necrofílico para explotarla".

En realidad, una crítica así que con el tiempo se ha convertido en el patrón oro con el que medir la cinta pocos la vieron venir. Joyce Carol Oates, la autora de la novela y feminista declarada, se ha cansado de defender la película por Twitter, mar y aire. A este mismo periódico le confesó que estaba convencida de que si esa misma cinta la hubiera firmado una mujer la historia sería completamente diferente. Hasta llegar aquí, el propio director no perdió ocasión de insistir en que una cinta así con un proceso de gestación de casi 13 años ha sido posible solamente gracias a la irrupción del movimiento Metoo. Y no contento con ello, por si lo que se ve en la pantalla no fuera suficiente, ha repetido hasta cansarse que su intención siempre fue mostrar cómo el mito (máscara) de Marilyn arruinó a Norma Jeane (el rostro) desde la consciencia macabra de una sociedad (la nuestra) entregada al consumo de sus deseos transformados en simple mercancía. Y así.

Ana de Armas, por su parte, ha intentado desde el primer segundo mantenerse al margen de la polémica. Se le acusó de intentar dar vida al más americano de todos los mitos y hacerlo con el más hispano de los acentos ingleses y ella simplemente se limitó a callar. En cualquier caso, no es difícil imaginar su gesto de desolación cuando, ante el linchamiento y el posterior fracaso económico que supuso para Netflix la película, su nombre desapareció de las campañas de promoción para el Oscar. Todo indicaba -o así pareció quedar claro tras el estreno de 'Blonde' en Venecia- que lo había logrado. La actriz que, tras su deslumbrante aparición en 'Blade Runner 2049' caracterizada de icono futurista, sorprendiera por su perversa naturalidad en 'Puñales por la espalda' para acto seguido demostrar su ágil vis cómica en 'Sin tiempo para morir', daba la impresión que había alcanzado de la mano de Dominik la perfecta medida de su talento a fuerza de desangrarse en la piel de un mito, el mayor de ellos, que, en efecto, se desangra. El propio director no se cansó de reiterar que la película era Ana y que sin ella nada hubiera tenido sentido.

Todo indicaba que su carrera a lo más alto sería en línea recta. Hasta que se desencadenó la tormenta, que no fue cuando se vio por primera vez en el Lido italiano sino al llegar a Estados Unidos. Y así hasta los Oscar de ahora que acuden a su rescate. En realidad, es un rescate simulado puesto que no hay opciones de ganar contra la evidencia de Cate Blanchett. Pero rescate al fin. Lo que, según al director, es lo que siempre ha intentado el sueño masculino: rescatar a Marilyn de los que la usaron y, por extensión, rescatar ahora a Ana de Armas del pérfido director que ha cometido la osadía de convertirla en una estrella. El patrón se repite. Tan contradictorio (y ligeramente hipócrita) como suena.


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