La nostalgia militante de Bob Dylan: ''La gente confunde la tradición con la caspa''
22:06
2 Enero 2023

La nostalgia militante de Bob Dylan: ''La gente confunde la tradición con la caspa''

El elusivo Nobel de Literatura reivindica en su nuevo libro viejas canciones de rock, country y blues en una selección sin apenas mujeres

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"El arte es discrepancia, el dinero es pacto", escribe Bob Dylan en una de las primeras páginas de Filosofía de la canción moderna (Anagrama). "Por eso no puede existir una forma nacional de arte. Si intentamos conseguir una, veremos las asperezas que se liman, el esfuerzo por incorporar todas las opiniones, el deseo de no ofender. Rápidamente, todo pasa a ser propaganda o mercantilismo puro y duro".

El libro se desarrolla con sencillez como una selección de 66 canciones ejemplares de lo que debe ser una canción. Cada una de ellas está comentada con breves ensayos de estilo poético (Dylan jugando a crítico musical), información enciclopédica (Dylan jugando a colaborador de la Wikipedia) y reflexiones a calzón quitado (Dylan jugando a ser Dylan). Porque toda biografía es una autobiografía, es en esto último donde reside el mayor interés del libro, pues contiene destellos de su visión de la música y de la vida. Su filosofía. Hablamos de un hombre que ha protegido su intimidad con una armadura de silencio y que eligió hablar únicamente a través de sus canciones y que el oyente sacara sus propias conclusiones, probablemente equivocadas.

Hablando de elipsis y de silencios: "Una de las maneras en que funciona la creatividad es que el cerebro trata de rellenar huecos y lagunas", escribe en otro momento. "Completamos pedazos de imagen ausentes, fragmentos de diálogo, terminamos rimas e inventamos historias para explicar cosas que desconocemos. Cuando no sabes quiénes son Juanito Pírate o la Diosa del Arrabal, y no tienes ni idea sobre duchas vaginales de Coca-Cola, tu imaginación se dispara".

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En su selección hay más canciones de los años 20 del siglo pasado que de todo este siglo. Casi la mitad de las elegidas fueron grabadas en los años 50, en especial en 1956, cuando el rock & roll estaba recién inventado y el viejo cascarrabias tenía 15 años bajo el tupé: ahí sitúa el ojo del huracán de la canción moderna. Esto ha alterado a algunos lectores: ¿a qué demonios llama canción moderna?

"La gente confunde la tradición con la caspa", afirma él con sus frases como sopapos. "Escuchamos discos viejos y los imaginamos sellados en ámbar, un retazo de nostalgia que existe para nuestras propias necesidades, sin pensar en el sudor y el trabajo, la rabia y la sangre que comportó hacerlo o en aquello que podría haber sido".

De lo que escribe Dylan en este libro y a lo que se entrega más como un devoto que como un fanático es al concepto de canción popular que floreció en los años 40 y 50 en EEUU y que ha sido el canon de pieza musical que ha pervivido hasta hoy. Es decir, lo mismo de lo que hablaba antes de empezar a escribir este libro en su programa de radio, Theme Time Radio Hour, y que impregna su propia música desde hace varias décadas. El country-folk, el rhythm & blues y el rock & roll. "Toda generación parece imbuida de la arrogancia de la ignorancia y opta por deshacerse de lo que hubo antes, en lugar de construir sobre el pasado", dice para reivindicar aquel ayer que fue el culmen de la modernidad.

Una conclusión que ya sabíamos: a diferencia de muchos otros músicos, él es un fanático de la música; la escucha sin parar, la analiza y la disfruta como oyente.

Otra conclusión: el Nobel de Literatura y trovador empedernido vive en la discrepancia, por eso es importante que identifique el arte con la determinación de no limar asperezas ni de esforzarse en incorporar las opiniones de los demás. El arte, nos dice, muere cuando teme ofender.

Que Dylan no teme ofender lo demuestra mejor que nada que en su selección de favoritos solo haya cuatro cantantes femeninas, un porcentaje inesperado y, sobre todo, ridículo. La editorial, Simon & Schuster, que probablemente sí que teme ofender, ha puesto en el centro de la cubierta del libro a una desconocida cantante femenina, Alis Lesley, que ni siquiera está incluida en la selección. ¿Qué pensará Jorge Herralde, fundador de su editorial española, Anagrama, quien presume de no publicar a autores de derechas?

Hay un capítulo especialmente incómodo sobre los acuerdos de divorcio, en el que el artista de 81 años concluye que es "más barato quedarse con ella". "Las cruzadas por los derechos de las mujeres y promotoras de la liberación femenina se afanan en tener a los hombres contra las cuerdas hasta que se ven perdidos esquivando los añicos del techo de cristal", afirma para reivindicar con sarcasmo la poligamia. "¿Qué mujer pisoteada, sin futuro, apaleada por los caprichos de una sociedad cruel, no estaría mejor como una de las esposas de un hombre rico?", continúa. Y de rondón, una reflexión sobre los abogados matrimonialistas: "Les dan igual los lazos familiares; están, por definición, en el sector de los derribos. Derriban familias. ¿Cuántos de ellos son responsables, al menos en parte, de suicidios de adolescentes y asesinos en serie?".

¿Más cosas que podemos aprender o comprender sobre Dylan en este libro? Veamos.

Bob Dylan detesta la música actual: "Ahora todo va demasiado lleno; nos lo dan todo masticado. Las canciones tratan solo de una cosa específica, no hay matices, sombra, misterio. Quizá por eso la música ya no sea un ámbito en el que la gente proyecta sus sueños; los sueños se asfixian en entornos tan enrarecidos".

Bob Dylan, de hecho, detesta el mundo actual: "Y no se trata solo de las canciones: las películas, los programas de televisión, hasta la ropa o la comida, todo se destina a cierto nicho de consumo y se mangonea en exceso. No hay un plato en el menú que no lleve media docena de epítetos, todos seleccionados para apelar a tu instinto sociopolítico-humanitario-esnob-sibarita de consumidor. Disfrute de su reducción de granja ecológica espolvoreada de cayena e infusionada con comino. Casi prefiero un bocata de beicon y queso, acabemos de una vez".

A Bob Dylan no le gusta el marketing: "El rock and roll pasó de ser un ladrillo contra una ventana a ser statu quo: de los engominados con chupa de cuero que hacían discos de rockabilly a las hebillas de cinturón con el anagrama de Kiss que ven den en los centros comerciales. La música va relegándose a un segundo plano mientras los burócratas revalúan constantemente la ratio entre riesgo y recompensa del gusto popular".

A Bob Dylan no le gusta la gente respetable: "Un delincuente normal puede ser de diversas clases. Los delincuentes pueden llevar placa, uniforme militar o incluso tener un escaño en el Congreso. Pueden ser millonarios, tiburones financieros o analistas de bolsa. Incluso médicos".

Bob Dylan fue un joven arrogante y todavía se siente culpable: "Cada generación acaba seleccionando y escogiendo lo que quiere de las generaciones anteriores con la misma arrogancia y presunción ególatra que las generaciones previas mostraron al apropiarse de lo más selecto de los que estuvieron antes".

A Bob Dylan le gusta estar de gira: "En la carretera llevas la vida que te gusta. Haciendo música con tus amigos y ganándote el pan".

Le gusta mucho estar de gira: "Lo bueno de estar en la carretera es que no te dejas agobiar por las cosas, ni siquiera por las malas noticias. Te dedicas a dar alegría a los demás y te guardas tus penas para ti".

Bob Dylan señala con el dedo tieso las contradicciones de la sociedad: "Hoy día, los ricos se visten de chándal y los indigentes tienen iPhones".

Bob Dylan, amigos y amigas, regresando a la música de su juventud en el otoño de sus días, volviendo al hogar en una nueva exaltación de la cultura popular, de la literatura bohemia y de la filosofía barata. Con una antigua idea de la modernidad y envuelto en la nostalgia, este divertimento entre el libro de mesa de café y el que tienes junto al váter.


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