La penúltima frontera de Messi es Gvardiol, el hijo del pescadero croata que sólo ha sido regateado una vez en el Mundial
23:08
11 Diciembre 2022

La penúltima frontera de Messi es Gvardiol, el hijo del pescadero croata que sólo ha sido regateado una vez en el Mundial

El joven central del Leipzig es el bastión defensivo de Croacia, rival de Argentina en semifinales. Su padre lleva 30 años vendiendo pescado en Zagreb

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Es este Mundial el torneo de las madres. Muchas de ellas han aguardado a sus hijos con suma paciencia en las gradas, esperando a que el sufrimiento concluyera en un abrazo. Ahí siguen las de los jugadores de Marruecos, pese a que muchas de ellas nunca habían entrado a un campo de fútbol. O Sanja, la madre de Josko Gvardiol (Zagreb, Croacia, 2002), que se acercó cuanto pudo a la barandilla del estadio Ahmed bin Ali para secar las lágrimas de su hijo. Acababa Gvardiol de ejecutar una de las acciones defensivas del Mundial al arrebatar al atormentado Lukaku el gol en la última jugada del partido que llevó a Bélgica a la eliminación.

En este periplo basado en la supervivencia que ha llevado a los croatas a alcanzar otra vez las semifinales de un Mundial pese a haber ganado sólo un partido en el tiempo reglamentario (4-1 a Canadá), pero tampoco haber perdido (arrancó empates a cero ante la revelación Marruecos y Bélgica, y echó en los penaltis a Japón y a Brasil), sobresale la imponente figura de Gvardiol.

El centrocampista Luka Sucic y Gvardiol, ambos de 20 años, son los más jóvenes de la selección (Luka Modric les saca 17 años). Sucic, centrocampista, aún no ha jugado. Y Gvardiol es el gran bastión, capaz de formar con Lovren un nudo defensivo muy difícil de superar (los balcánicos sólo han encajado tres goles en cinco partidos), y que ha hecho olvidar la intimidatoria presencia del veterano Domagoj Vida.

Mientras todo eso ha ido ocurriendo en Qatar, siendo Gvardiol uno de los grandes responsables de que la lúdica Brasil de Neymar se quedara a cuadros, el padre del central no ha querido cambiar sus quehaceres. En los últimos días, la prensa croata ha montado guardia en el histórico mercado Dolac, en el centro de Zagreb. Quizá para cerciorarse de que, ni siquiera en el enfrentamiento frente a la canarinha, Tihomir Gvardiol abandonaría la parada donde lleva vendiendo pescado desde hace 30 años.

El mercado en Zagreb

Y allí seguía Tihomir, que fue pescador tras no llegar nunca más allá como futbolista amateur, y que continúa con su rutina diaria de levantarse a las cuatro de la mañana, calzarse sus botas de goma verdes, recoger y limpiar el pescado desde su Novigrad natal, para después venderlo. «El olor a pescado nunca me molestó», ha admitido Josko Gvardiol, que de crío ayudó alguna vez a su padre en la parada.

Pero la vida del futbolista es otra. «Si a los 20 años no es un fijo en la selección absoluta de Croacia, alguien debería ir a la cárcel por ello», llegó a declarar Dalibor Poldrugac, uno de sus entrenadores en la academia del Dinamo de Zagreb, que lo incorporó con ocho años desde el Trenjevka. Poldrugac no ajustó bien su predicción, porque en la pasada Eurocopa, y siendo Gvardiol todavía un lateral izquierdo de 18 años, ya jugó todos los minutos. Como en Qatar, pero ya como defensa central.

Tal era su proyección como juvenil, la valentía y fortaleza con la que encaraba los duelos, pero también una especial pulcritud en la salida con la zurda, que el Leipzig supo convencerle para que creciera en un entorno tan adecuado para las jóvenes promesas como la Bundesliga. La apuesta del equipo de Red Bull era muy clara, al decidirse a pagar 19 millones de euros y ofrecer un contrato de cinco temporadas a un chico de 18 años. Gvardiol, que compró con ese sueldo una casa a sus padres, no tardó en renovar hasta 2027, pese a que los grandes clubes de Europa suspiran por su incorporación.

A Gvardiol, a quien algún compañero llama Pep por la similitud de su apellido con el del entrenador del Manchester City, juega en Qatar con una máscara después de sufrir una fractura nasal el pasado 10 de noviembre tras un choque con Willy Orban. Pero la fiereza de su aspecto contrasta con una única falta cometida en 510 minutos de Mundial, con una media de 6,4 despejes. Sólo ha sido regateado una vez.

El martes, en Lusail, Messi tendrá en Gvardiol la penúltima frontera hacia el título mundial.


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