La promesa de Luis Enrique que se cumple con un patrón (casi) idéntico ante los grandes
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29 Noviembre 2022

La promesa de Luis Enrique que se cumple con un patrón (casi) idéntico ante los grandes

El entrenador asturiano ha devuelto al combinado nacional ese gen competitivo olvidado entre 2012 y 2018. Alemania recurrió a marcajes al hombre

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Una de las prioridades de Luis Enrique cuando asumió el mando de la selección, en aquel turbulento verano de 2018, era devolver a España el prestigio y el orgullo perdido frente a las grandes potencias futbolísticas. Con el convencimiento de que sería capaz de hacerlo se presentó en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, traje negro y corbata, aquella mañana del 19 de julio.

En el salón principal de esa gigantesca tienda beduina que es el estadio Al Bayt, el seleccionador nacional, camiseta blanca, nada de trajes ni corbatas, reflexionaba sobre la batalla que España acababa de librar frente a Alemania: «Me gusta la actitud que tenemos de ir a por el partido y no especular». Le encanta, aunque esas alegrías ofensivas a veces les cueste algún disgusto. El domingo, la selección que ha ido modelando en estos cuatro años volvió a responder ante uno de esos colosos, que, además, llegaba herido y necesitado. Todo ese cóctel de giros tácticos aún daban vueltas en su cabeza cuando, cerca ya de las dos de la madrugada, el autobús cruzó las puertas de la Universidad de Qatar, donde diseña sus planes.

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El balón, como prometió aquella mañana de 2018, volvió a ser propiedad de la selección española (64% de posesión y 542 pases). Y en ningún momento, como también dejó caer entonces, sus chicos bajaron la mirada, pese a la potencia y la furia de Alemania, que tuvo el abismo delante de sus ojos. El respeto a la España de Luis Enrique no es ninguna sospecha, sino una realidad visible. Prueba de ello es que Hansi Flick, el gurú germano, decidió comparecer en solitario ante los medios, en la víspera del partido, para no interrumpir el descanso, físico y mental de ninguno de sus jugadores (ni siquiera del tercer portero), ya que su estratégico cuartel general está a unos 100 kilómetros del centro de Doha. La multa de la FIFA era lo de menos, ya que el calibre del enemigo exigía un sacrificio. En este caso, para el bolsillo de su federación.

El marcaje a Pedri, Gavi y Busquets

Y prueba de ese respeto al combinado nacional fue, también, la estrategia teutona sobre el tablero de Al Khor. Allí trataron de maniatar con asfixiantes marcajes personalizados a Busquets, Pedri y Gavi, la imaginación y los engranajes de España. Gündogan, Goretzka y Kimmich tenían encomendada la misión de no dejarles ni un metro. Es lo que alguna vez, en otra época, tuvo que hacer la selección española cuando alguno de los cocos asomaba ante sus narices.

Hasta siete veces remataron sobre la portería de Manuel Neuer. Entre ellos, el sonoro latigazo de Dani Olmo escupido hacia la escuadra y el gol de Morata. Fue como si aquel 7-0 ante Costa Rica fuera sólo una anécdota. Como si España en realidad tuviera la necesidad de su rival. «Hay que ser un equipo agresivo, que pueda hacer daño al rival. Sea quien sea», apuntaba hace cuatro años. Y eso es exactamente lo que viene sucediendo desde entonces. Mucho más cuando aumenta el pedigrí de sus adversarios. La metamorfosis prometida, como se pudo ver ante Alemania, está completada. En realidad viene de lejos.

Porque los dos primeros partidos con Luis Enrique, en septiembre de 2018, resultaron concluyentes. Primero, una Inglaterra efervescente acababa arrodillada en su sagrado templo de Wembley (1-2). Tres días después, era Croacia, la subcampeona del mundo un par de meses atrás, quien era vapuleada (6-0) en la Liga de Naciones. En aquella deslumbrante noche en el Martínez Valero de Elche, España lució esos rasgos, ahora habituales, que le vienen haciendo diferente al resto: 71% de posesión (con 779 pases) frente a un centro del campo con Modric, Kovacic y Rakitic, y 16 remates (siete a portería). El entrenador asturiano quiso que sus chicos interiorizaran y normalizaran desde el primer día ese gen ganador suyo. Como una forma natural de vivir el fútbol. Que nunca se sintieran inferiores. Con el grupo siempre por encima de los nombres.

816 pases en San Siro

El tiempo ha ido alumbrando un puñado de ejemplos más en los 43 partidos de la era Luis Enrique. Como el de la semifinal de la Eurocopa frente a Italia, campeona cuatro días después sobre el mismo tapete de Wembley, donde los penaltis fueron el único obstáculo con el que tropezó. El error definitivo de Morata frente a Donnarumma llegó tras un 70% de posesión, 805 pases y 16 disparos (cinco a portería). Los argumentos, contundentes, no bastaron.

Mbappé, frente a España, durante la final de la Liga de Naciones.Mbappé, frente a España, durante la final de la Liga de Naciones.AP

A esa misma Italia se la quitó de en medio de un manotazo, ante los ojos de San Siro, durante las semifinales la Final Four de la Liga de Naciones. Lo hizo con unas señas de identidad casi calcadas a las habituales: 70% de posesión, 816 pases y 13 zarpazos (cuatro a puerta). Por eso se ganó el derecho de medir sus fuerzas con Francia, con la campeona del mundo, en aquella final decidida con un polémico gol de Kylian Mbappé. Tampoco cambió de patrón contra ellos. Ni entregó el balón (60%) ni le agarrotaron el escenario ni el rival (12 tiros).

Hace sólo un par de meses, volvieron a mostrar sus cartas en Braga (64% de pelota, 632 pases y 10 lanzamientos), para ajusticiar a última hora a Portugal en la Liga de Naciones y meterse en la Final Four. A pesar de su juventud (25,3 años), siempre responde en situaciones al límite.

Cuestiones invariables en la travesía de esta selección, que agranda su figura, con números y argumentos, sin complejos, cuando el pedigrí del rival lo reclama. Fue lo que prometió Luis Enrique a su llegada. Es lo que viene sucediendo. Lo de Alemania es la forma habitual que tiene este equipo de entender la vida.


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