La (r)evolución de Koke: el cerebro del líder, una foto para el recuerdo y un WhatsApp eterno: ''Somos el puto Atleti''
23:52
20 Mayo 2021

La (r)evolución de Koke: el cerebro del líder, una foto para el recuerdo y un WhatsApp eterno: ''Somos el puto Atleti''

El capitán rojiblanco ha deslumbrado como timón y pivote del equipo, tras la apuesta de Simeone. Es el quinto jugador de la Liga que más pases ha completado esta temporada.

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A veces, lo mejor es comenzar por el final. En el caso de Koke (Madrid, 1992) con una icónica fotografía de la remontada ante Osasuna. Una montonera sobre la línea de fondo y Felipe se lanza en plancha. Saúl llega a toda pastilla con sus chanclas. Lemar, lesionado, aparece con una sudadera blanca con capucha. Y a lo lejos, exhausto y exultante a partes iguales, se adivina la pequeña figura del capitán, que contempla la escena sin menearse del área rojilla. Propina un voleón a la pelota y se queda ahí plantado, paladeando en soledad el gol de Suárez. Pero también atando cada detalle, para evitar una desagradable sorpresa de última hora. Ya habrá tiempo (como hubo) de soltar de adrenalina en el vestuario. Incluso de abrir un botellín de cerveza.

Retrocedamos un mes. Concretamente a la noche del 25 de abril. La de la derrota (2-1) en San Mamés. Un punto de inflexión en el vestuario y un trampolín emocional para la plantilla. Koke daba la cara tras el partido, con la vena rojiblanca inflamada. Un par de días después, con la espina incrustada, un mensaje audio de WhatsApp aterrizaba en el corazón y la mente de los seguidores atléticos. «Somos el puto Atleti, tío. Sabes que nunca vamos a ganar nada fácil. Este es el puto Atleti, el puto club que somos. Cuanto más difícil lo tenemos es cuando sacamos las cosas. Cuanto más fácil es peor para nosotros», pronunciaba el capitán, como el general que arenga a las tropas antes de la última batalla. «Acuérdate lo que te digo: vamos a ganar esta Liga porque nadie cree en nosotros. Y cuando nadie cree en nosotros es cuando mejor hacemos las cosas», proclamaba desde un púlpito privado, ajeno a que aquellas palabras serían escuchadas y abrazadas por un tremendo auditorio.

Koke, durante el partido ante Osasuna.Koke, durante el partido ante Osasuna.GABRIEL BOUYSAFP

La palabra de Koke ya es sagrada en el Atlético. El año de transición, también lo fue para él, abrigado desde el primer día de Simeone por la fuerza de Gabi, Godín, Juanfran, Raúl García y todo aquel grupo junto al que escribió algunos de los más brillantes capítulos en la historia del club. Desde hace casi dos años, el brazalete y el altavoz es suyo. Y ambas han agarrado intensamente con el paso del tiempo.

Una cláusula 'simbólica'

En su caso, a la madurez personal (el pequeño Leo tiene año y medio) se ha sumado la evolución deportiva. Alejarse de la banda, donde siempre ha cumplido, ha supuesto una liberación para él que el engranaje rojiblanco también ha agradecido. Koke ha mutado en el metrónomo del líder. Más alejado del área, más implicado en el juego. Sólo De Jong, Parejo, Busquets y Jordi Alba (tres del Barcelona) han dado más pases que él. Sus números explican su (r)evolución: 2337 envíos intentados y 2092 completados. Al despliegue táctico le ha acompañado el físico: ninguna lesión este curso. Su perfil nada tiene que ver con el de Casemiro, Busquets o Fernando, pivotes de los principales equipos. Kondogbia, Torreira o Herrera, marcado por las lesiones, han quedado en segundo plano. También, obviamente, por la apuesta de Simeone. Koke es uno de los fijos de Luis Enrique para la próxima Eurocopa. La segunda que dispute.

Son 501 partidos los que suma Jorge Resurrección, amenaza real del registro eterno que parecían los 553 de Adelardo. También 105 asistencias, todo un hito rojiblanco. Es el único jugador que ha vivido desde el primer día el advenimiento de Simeone. «Yo lo vi en un vídeo, y le dije que no tenía ningún argumento para que confiará en mí, pero consideraba que iba a ser un jugador importante para el equipo», contaba hace unos días el técnico argentino, sobre aquel chaval que estuvo a punto de marcharse al Málaga. Tres años después, rechazaría la sideral oferta del Barça, que le prometía convertirle en Xavi Hernández y tejerle un traje de oro. Tiene contrato hasta 2024 y una cláusula simbólica de 150 millones. Simbólica porque no entiende la vida fuera del Atlético. «Ahora es el chico con más sentimiento de pertenencia del vestuario», recalcan desde la zona noble. Su sueño, cada vez más cerca, es levantar su primera Liga como capitán. El sueño de cualquier niño de corazón rojiblanco.


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