La revolución total de los Boston Celtics
21:02
2 Junio 2021

La revolución total de los Boston Celtics

Después de la eliminación en primera ronda de playoffs contra los Nets, Danny Ainge presenta su dimisión y el entrenador, Brad Stevens, deja el banquillo para ser presidente

La sensación generalizada entre los aficionados y la prensa de los Boston Celtics después de consumarse la eliminación en primera ronda de playoffs era de alivio. Y a juzgar por las sensaciones de las últimas derrotas contra Brooklyn, también entre los jugadores. Terminaba por fin una temporada marcada por las lesiones, el coronavirus, el mal juego y esa frustración de no lograr subir el último peldaño, el que separaba al equipo tan prometedor que era hace no tanto de éste que ha quedado en tierra de nadie.

Y a pesar del alivio, del runrún que desde hace unos días apuntaba que Danny Ainge, el hombre resucitó a la franquicia después del calvario de los 90, se estaba planteando dejar la presidencia, la revolución cogió por sorpresa. No sólo Ainge anunció su dimisión sino que Brad Stevens, uno de los entrenadores mejor considerados de la NBA, deja a su vez el banquillo... Para ocupar su cargo. Stevens es el nuevo presidente de operaciones, y será él quien elija al nuevo técnico de los Celtics.

Los Boston Celtics han llegado a las Finales de Conferencia en tres de las últimas cuatro temporadas. Ninguna más admirable que la de 2018, cuando lo hicieron sin Kyrie Irving ni Gordon Hayward, las dos estrellas que debían liderar el proyecto. Con Jayson Tatum y Jaylen Brown como la pareja de aleros con más proyección de la liga, llevan tiempo en las quinielas de futuros aspirantes al título. Pero una vez tras otra han tropezado con el último peldaño.

El movimiento de 2007


Ni Irving, que dio la espantada unos meses después de jurar amor eterno; ni Hayward, que entre una gravísima lesión de tobillo, los continuos problemas físicos y la explosión de Tatum y Brown no encontró su sitio; ni Kemba Walker, limitado por las rodillas.

Le faltó a Ainge más acierto en la agencia libre y, en los últimos años, el mismo arrojo en los despachos que demostró en 2007 cuando cerró los traspasos por Kevin Garnett y Ray Allen. Aquel movimiento rompió una sequía de 22 años sin ganar el anillo y, de la mano de Garnett, reconstruyó la cultura ganadora de la franquicia. Pero frente a aquella determinación, las dudas recientes. Desde hace años, se podía adivinar sin fallo lo que iba a decir después del cierre de mercado: 'estuvimos a punto de, pero'.

Después de cerrar el que, para muchos, es el traspaso más desequilibrado de la historia, que mandó a Garnett y Paul Pierce precisamente a los Nets a cambio de una obscenidad de rondas de draft, Ainge pecó de conservador. Frente a los aciertos rotundos de Tatum y Brown, las veces que no decidió lanzarse a por estrellas que estaban en el mercado. La misma paciencia que mostró con los entrenadores (en 18 años en el cargo sólo tuvo dos, y excelentes, Doc Rivers y Stevens), tal vez le sobró en el despacho.

Y así los Celtics, que hace no tanto parecían tener por delante multitud de caminos hacia el éxito, llegaron a este escenario. Sin más rondas de draft que las puestas, sin espacio salarial para buscar soluciones en la agencia libre, sin fondo de armario en la plantilla y con poco margen de maniobra para idear un traspaso.

Fiando la mejora a mejor suerte (no será difícil, pues hasta marzo el núcleo duro sólo había coincidido media hora), la progresión de los jóvenes o a algún as que tenga en la manga el que hasta hace unas horas era su entrenador.


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