La segunda vida de Pjanic: ''Sigue teniendo una mirada privilegiada para el juego''
22:46
20 Agosto 2022

La segunda vida de Pjanic: ''Sigue teniendo una mirada privilegiada para el juego''

Reclutado durante la etapa más oscura del mandato de Bartomeu, el bosnio aspira a tomar el puesto del sancionado Busquets en Anoeta.

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Cuentan en la Ciutat Esportiva Joan Gamper que los jóvenes prestan especial intención a Miralem Pjanic (2 de abril de 1990, Tuzla, Bosnia). No es de los que más suda, pero se muestra ágil, despierto y su botín pocas veces falla.

«No hace falta decirle dónde quieres el balón porque él, sin decir nada, te lo pone en el sitio», explican desde la Ciutat Esportiva Joan Gamper. «La gente parece haber olvidado que Pjanic, durante varios años, fue de los mejores centrocampistas de Europa», argumentan desde los despachos del Camp Nou, donde prefieren no recrearse en los motivos por los que en su día Ronald Koeman no vio utilidad alguna en su fútbol.

Aunque otra fuente próxima al vestuario sí que expone los argumentos que han llevado a Xavi Hernández a darle una oportunidad cuando, tras su decepcionante cesión al Besiktas turco, parecía ya perdido para el fútbol de élite. «Pjanic podrá haber perdido cosas, pero continúa teniendo una mirada privilegiada para el juego. Además, él mismo está seguro de que aún puede triunfar en el Barça. Esas cosas se ven cuando un jugador de su edad, y pese a que su rol sea secundario, viene a entrenar con ganas».

Si bien es cierto que las aptitudes en los entrenamientos pueden hacer crecer el estatus en la plantilla de todo futbolista, la verdadera prueba debería vivirla Pjanic este domingo en Anoeta y frente a una Real Sociedad que, precisamente, tiene en el joven Martín Zubimendi a uno de los mejores mediocentros de la Liga.

Después de que Sergio Busquets viera la tarjeta roja -la segunda en 15 temporadas- en el decepcionante azulgrana de la primera jornada frente al Rayo, quien oposita a hacerse con el puesto es Pjanic, el único recambio natural que tiene el capitán en la plantilla. Ya sea porque Xavi continúa sin ver a Frenkie de Jong como centrocampista posicional, ya sea porque el canterano Nico González, a quien el técnico había probado en ese puesto de metrónomo en la pretemporada, prefirió reclamar una cesión por una temporada al Valencia de Gattuso ante la perspectiva de tener pocos minutos de calidad en el equipo. Incluso Xavi cree que, en caso de urgencia, por el puesto podría pasar Andreas Christensen, al que la extrema competencia en el puesto de central le puede restar protagonismo.

Tiempo oscuro

En nada ayudó a Pjanic haber sido reclutado en los tiempos más oscuros del mandato de Josep Maria Bartomeu. Fue el tercer fichaje del Barcelona para la temporada 2020-21, después de Francisco Trincao -a quien el club azulgrana ya ha mandado este verano de vuelta a Portugal (Sporting Club)- y Matheus Fernandes, a quien la entidad acabó por despedir sin haber sido siquiera presentado. El caso de Pjanic no podía escapar a las triquiñuelas gubernamentales de aquella junta.

El fichaje de Pjanic por el Barcelona fue oficializado un día antes de que el Barcelona cerrara el ejercicio económico. La motivación de aquella operación trascendió lo deportivo. Ante el riesgo de presentar números rojos en el balance, el equipo de Bartomeu ideó una operación que simulaba un canje con Arthur Melo. Así, el centrocampista brasileño fue valorado en 72 millones (diez en variables), mientras que el Barça accedió al pago de 60 millones más otros cinco en incentivos por el mediocentro bosnio. La hipervaloración de los futbolistas debía generar unas suculentas plusvalías en las que todas las partes creyeron ganar.

En Pjanic se dio una curiosa paradoja en su primera etapa como azulgrana. Jugó todos los partidos de Champions (fue siempre titular excepto en los dos de octavos en que el PSG de Mbappé se llevó por delante al equipo), pero en la Liga su participación fue del todo residual (apenas 19 encuentros). En los 30 partidos que disputó aquella temporada ni marcó ni asistió. Y mientras el futbolista se quejaba, Ronald Koeman le condenaba al olvido.

Cuando se consumó su cesión al Besiktas, y en una entrevista al diario Marca, Pjanic ya se dejó ir. Acusó a Koeman de haberle faltado al respeto. Y de que nada sirvieran sus esfuerzos para tener más oportunidades: «Yo siempre entrenaba bien, trabajaba, iba los días libres para no perder la forma, a veces me iba a correr solo... Pero [Koeman] me puso la cruz desde el comienzo (...). Era un entrenador muy, muy, muy extraño. Era la primera vez que vi una gestión así».

Pjanic, que acaba de ser padre por segunda vez, que asombró en el Olympique de Lyon cuando marcó y eliminó al Real Madrid de Pellegrini en octavos de la Champions (2009-10), que aprendió los códigos del calcio en la Roma, y que ganó cuatro veces la Serie A con la Juventus, cree tener derecho a una segunda oportunidad. O a una segunda vida.


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