La silenciosa marcha al amanecer de Benzema y el mensaje a Camavinga en el Mundial: ''Estaba destrozado''
12:00
21 Noviembre 2022

La silenciosa marcha al amanecer de Benzema y el mensaje a Camavinga en el Mundial: ''Estaba destrozado''

La selección francesa volvió al trabajo sobre el césped del estadio del Al Sadd, con la pesada digestión por la pérdida de su delantero estrella

Mundial El destino no quiere a Benzema de azul como lo hace de blanco

En el pabellón multiusos anexo al estadio del Al Sadd, donde agotaron su fútbol Raúl, Xavi y Gabi, hay dos voluminosos marcadores en cada fondo. También, un palco con señoriales sillones de madera, tapizados en tela de color verde. Es la señal inequívoca de que hay personalidades de cierto pedigrí que, de vez en cuando, suelen adentrarse entre los muros del lugar. Seguramente, lo hagan para presenciar alguno de los partidos de pádel que suelen celebrarse allí. Porque Doha es la cuna del jeque del PSG Nasser Al-Khelaifi, el tipo empeñado en revolucionar el pádel mundial.

Obviamente, ayer no había rastro de las pistas. Hace semanas que fueron desmontadas por el inminente desembarco de la selección de Francia. Los colores de Les Bleus impregnan cada rincón del recinto, convertida en sala de prensa durante los días de vida de Francia en el campeonato, que Karim Benzema no tuvo tiempo de pisar. El duelo por su atropellada salida de la concentración, tras un sábado indigesto para el combinado galo, se percibía.Acaso por eso, por guardar su ausencia, un periodista japonés se presentó en el recinto con una camiseta del Real Madrid. En su espalda, el dorsal 9 y el nombre del delantero. A unos pocos metros, la estampa de Karim, entre Jordan Veretout y Kingsley Coman, cruzado de brazos como el resto, permanecía inmutable. Lo hará hasta que acabe la aventura de su selección. Por cierto, en otro alarde de simbolismo (o de provocación), hay quien se presentó con la albiceleste de Leo Messi.

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Cuando Ibrahima Konaté y Eduardo Camavinga se sentaron delante del micrófono, Karim ya se encontraba en la capital de España. Había tomado el avión de regreso a primera hora del domingo para iniciar de inmediato su recuperación. Un desgarro en el cuádriceps de su muslo izquierdo había acabado con el sueño del Balón de Oro, pero, además, había puesto patas arriba la concentración francesa. Nadie ocupará su lugar. Así lo anunció el propio seleccionador Didier Deschamps, al poco de conocerse la desdicha. La tercera para un combinado que ya ha tenido que despedir a Presnel Kimpembe y Christopher Nkunku, y ni siquiera pudo contar con N'Golo Kanté ni Paul Pogba. Todos por lesión.

"La noche no fue buena, nos enteramos de que Karim no estaría disponible. No nos lo dijo personalmente porque se marchó por la mañana (domingo) muy temprano", admitía Camavinga, también compañero en el vestuario del Real Madrid. "Luego intercambié algunos mensajes con él. Estaba destrozado", desvelaba.

"No vi salir a Karim. A la mañana siguiente nos enteramos de la noticia de su lesión. Es un golpe duro para la selección francesa, pero es parte del fútbol", argumentaba Konaté, ante una concurrida y expectante sala de prensa.

Quizás ni los recepcionistas vieran al ariete salir por la puerta del Al Messila Resort donde descansa el cuadro galo. Su única obsesión era regresar a Madrid cuanto antes.

Las dos estrellas en la grada

En la grada del estadio Al Saad, entre sus asientos blancos y negros (los colores del equipo local), hay seis grandes carteles con dos estrellas dibujadas para recordar la grandeza que acompaña a la selección de Francia. Fue petición de Deschamps, que conquistó sobre el césped aquella primera en 1998, e ideó la manera de subir hasta el cielo para alcanzar la segunda, hace apenas cuatro años, en el Estadio Luzhniki de Moscú. Desde allí se escucha con nitidez la llamada a la oración que lanzan como un zumbido desde las mezquitas cercanas. Sumergido en este decorado, Benzema, que no asistió al Mundial de 2018 por otro tipo de cuestiones, acabó recibiendo una bofetada sin contemplaciones del destino. Había aterrizado en Qatar tras disputar 26 minutos en un mes (seis partidos) por otro contratiempo muscular que nada tenía que ver. Pero, de repente, la noche envolvió a toda Francia.

Benzema, durante su último entrenamiento.Benzema, durante su último entrenamiento.FRANCK FIFEAFP

Sólo sus compañeros le vieron dibujar ese gesto de dolor que ayer, bajo una fresca noche qatarí, aún recordaban al saltar al césped para ese entrenamiento salpicado por el duelo. La puerta del estadio Al Saad ya había sido cerrada a los medios cuando el sueño de Karim se hizo añicos. Al menos, cuando lo intuyó. Había quien ayer afirmaba con algo de sorna que la sesión se había abierto a los medios para evitar más gafes. En el centro del campo, con un rondo gigante, las risas y los gritos trataban de dejar atrás esa espinosa página.

Fue el día 1 de Francia después de Benzema. Huérfana del Balón de Oro, que parecía destinado a iluminar, al fin, el camino de su selección. Su espíritu, y algunas de sus fotografías, permanecen en Doha. Él, sin embargo, tendrá que ver a sus compañeros por la televisión.


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