La sombra del arcoíris: ¿qué esconde el “Gobierno más diverso de América”?
02:08
10 Febrero 2021

La sombra del arcoíris: ¿qué esconde el “Gobierno más diverso de América”?

Joe Biden presume del “gobierno más diverso de la historia de los Estados Unidos”. Está el primer ministro homosexual, el primer ministro hispano e incluso la primera vicepresidenta mujer y negra. El progresismo internacional está enamorado de esta colección de primeros puestos. Pero el gobierno Biden acumula otros récords menos simpáticos, ocultos bajo el deslumbrante arcoíris de la diversidad.

Por ejemplo, nos presenta a Adewale Adeyemo como el primer africano viceministro de Hacienda. Todo un logro. Pero quizá sea más relevante señalar que se trata del primer ejecutivo de BlackRock que entra en el gobierno de los Estados Unidos. Es decir, la primera vez que el Tesoro Público queda en manos de un fondo de inversión privado.

¿Por qué se ha puesto el foco en lo de first black man y no en lo de first BlackRock? Pues, sencillamente, porque lo primero distrae al público progresista de lo segundo. Esto es lo que Daniel Bernabé llamó la trampa de la diversidad. Las izquierdas se quedan embelesadas con el color del envase. Y se tragan toda la ponzoña que contiene.

Otro ejemplo. Susan Rice dirige el Consejo de Política Nacional. Es la segunda mujer afroamericana en el cargo. Ni siquiera es la primera, pero la noticia ha girado igualmente en torno a su sexo y raza. Y ha quedado en el tintero su verdadero récord. Ser la primera consejera proveniente de Netflix. 

También Facebook colocará a un cargo, Jeffrey Zients. Las Big Tech (las grandes empresas tecnológicas) han llegado al poder.

Se ha dicho del equipo de transición de Biden que es el primero “con más de la mitad de personal femenino, casi la mitad de personas de color”. 

Pero, rebuscando en el organigrama, descubrimos que también se trata del primer equipo liderado por miembros de las empresas Visa, Uber, Dell, Deloitte, Amazon y Airbnb. Concretamente, Visa está en el equipo de Comercio, Uber en el de Inteligencia, la contaminante Dell en el de Medioambiente, la aseguradora Deloitte en el de Seguridad, Amazon y Airbnb en el de Presupuesto. Falta el zorro en el equipo de gallinas.

"También Facebook colocará a un cargo, Jeffrey Zients. Las Big Tech (las grandes empresas tecnológicas) han llegado al poder"

Biden afirma que tres de cada cuatro miembros de su gobierno son pioneros de los colectivos latino, negro, femenino y LGTB. Pero también tres de cada cuatro miembros de su gobierno son antiguos cargos de la administración Obama. ¡E incluso de Bill Clinton!

Más que pioneros de la diversidad, son repetidores de la casta política. Como la cirugía estética, la trampa de la diversidad rejuvenece lo viejo. Y también realza lo que estaba caído: Jennifer Granholm y Gina Raimondo son ahora conocidas como “las primeras mujeres al mando de Energía y Comercio”. Antes tenían el mérito de ser las gobernadoras peor valoradas de los Estados Unidos.

Las dos primeras mujeres afroamericanas al frente de Interior y Urbanismo son la anteriormente mencionada Susan Rice y Marcia Fudge. Enhorabuena. 

Pero también son las primeras en ocupar un departamento contrario a su área de experiencia. Rice, ahora en Interior, era experta en Exterior. Fudge, ahora en Urbanismo, era experta en Agricultura. ¿Qué ha salido mal? Pues que Biden ya había repartido los departamentos de Exterior y Agricultura, pero quería igualmente a Rice y Fudge como cuota afrofemenina.

La cuota de mujeres en el gobierno Biden es del 48%. La de minorías étnicas, un 52%. Grandes porcentajes. Pero no tan grandes como ese 80% del gobierno que ha estudiado en la Ivy League. Es decir, en las universidades privadas y elitistas de Harvard, Yale o Princeton. “Será un gobierno tan diverso como una cena de la Universidad de Georgetown” comentó el senador Cornyn.

Se ha hablado mucho de la diversidad racial del gobierno Biden. Pero se presta menos atención al homogéneo bloque de diez cargos de origen israelí: son el 1% de la población, pero el 50% del gabinete. 

Se destaca también que Kamala Harris es la primera vicepresidenta afroamericana e Isabel Guzmán la primera administradora hispanoamericana. Pero eso sería quedarse cortos, la cosa es más elaborada. 

Harris es, en realidad, la primera afrojamaicanasurasiática, Guzmán la primera méxicojudeogermanochina. Mientras el melting pot siga produciendo revoltijos étnicos, la trampa de la diversidad tendrá nuevos récords con los que entretenernos.

La susodicha Kamala es, por cierto, el caso más evidente de trampa de la diversidad. Biden la propuso tras las protestas de Black Lives Matter contra la violencia policial. Como Kamala es negra, se entendió su nombramiento como un compromiso con la población negra. 

Pero Kamala había sido una fiscal dura con la mendicidad, el absentismo escolar y el menudeo de marihuana (delitos que afectaban particularmente a la población negra). Y, además, indiferente a la violencia policial. La quisieron por su piel negra y tragaron con su negra toga.

"Se presta menos atención al homogéneo bloque de diez cargos de origen israelí: son el 1% de la población, pero el 50% del gabinete"

En gran medida, la trampa de la diversidad es un espejismo de cercanía del pueblo con la elite, generado a partir de algún rasgo identitario compartido. Una ilusión que la realidad ha refutado una y otra vez. 

Con Obama (¡presidente negro!) fueron reprimidas las primeras protestas del BLM. 

Durante la campaña de Hillary Clinton (¡candidata mujer!) estalló el MeToo: mujeres sexualmente agredidas por Harvey Weinstein o Jeffrey Epstein, amigos íntimos de la Clinton. 

Y habrá quien piense que con Biden (¡presidente más viejo!) vivirán mejor los jubilados. Basta conocer a su asesor pandémico, Ezekiel Emanuel, partidario de no malgastar la sanidad pública en mayores de 75 años.

Entonces, ¿cómo es posible que tantos progresistas y demócratas caigan en una trampa tan burda y desacreditada? Pues porque ha calado la idea de que esta diversidad es la máxima ruptura con la derecha republicana de Donald Trump, tachado de racista y sexista. Sin embargo, hay dos récords que refutan este razonamiento.

Uno, Michael Regan: el primer afroamericano en Protección Ambiental. Pero también fue el primer afroamericano en aprobar el gasoducto de la costa atlántica, un contaminante proyecto de Trump. 

Dos, Katherine Tai: la primera mujer taiwanesa representante de Comercio. Pero también fue la primera demócrata en apoyar el tratado de libre comercio México-Estados Unidos-Canadá. Un acuerdo económico de Trump, nocivo para los salarios y el precio de las medicinas. ¿Dónde está la ruptura?

La trampa de la diversidad es un continuismo, pero con variaciones dérmico-genitales. Hay progresistas a los que les basta con esa apariencia de cambio. Pero hay otra América, más poderosa, que ha exigido dos rupturas verdaderamente profundas con la era Trump.

En primer lugar, Trump fue el valedor del capitalismo industrial. Una economía obsoleta, a ojos del capitalismo financiero (Wall Street) y de los datos (Silicon Valley). 

En segundo lugar, Trump huyó de guerras-negocio y no engordó los presupuestos de la OTAN. Algo intolerable para los grandes capitales militares, que viven de bombardear el mundo (Lockheed Martin) y de estafar a Europa (Boeing).

En definitiva, Trump mosqueó al capitalismo financiero y al capitalismo militar, que son las dos patas de eso que llamamos imperialismo yanki. Es decir, el dólar como divisa internacional y una red mundial de bases militares. Business and war

"Para el capitalismo militar, Biden nombró a Lloyd Austin como primer jefe afroamericano del Pentágono. ¿Su récord secreto? El primero en saltar al puesto directamente desde la junta de Raytheon, una de las mayores empresas privadas de tecnología militar"

Y para lograr el apoyo de estos poderes, Biden ha nombrado el gobierno con más “empresarios y belicistas” (en palabras del senador Hawley). Un feo récord que debía ser tapado, de cara al electorado, con los récords de la trampa de la diversidad.

Para el capitalismo financiero, Biden nombró a Janet Yellen como primera mujer ministra de Hacienda. ¿Cuál es la verdadera primicia de Yellen? Es la primera directora de la FED que se hace con Hacienda. ¿Y qué es la FED? Pues la concentración de bancos privados que imprime deuda en forma de dólares.

Yellen rubrica el mando de la banca sobre el Gobierno. Es algo que intentó impedir el presidente Andrew Jackson en el siglo XIX. Por eso, una de las primeras medidas de Yellen será retirar el retrato de Andrew Jackson del billete de 20 dólares. En su lugar aparecerá la cara de Harriet Tubman, una esclava liberada.

Bajo la trampa de la diversidad, una mujer que fue vendida por 20 dólares será el nuevo rostro de los 20 dólares. ¡El poder emancipatorio de los billetes! Y con este tipo de actos simbólicos, los usureros conmemoran el fin de opresiones antiguas (la esclavitud), mientras borran el rastro de la opresión actual (la deuda, origen histórico de toda esclavitud).

Para el capitalismo militar, Biden nombró a Lloyd Austin como primer jefe afroamericano del Pentágono. ¿Su récord secreto? El primero en saltar al puesto directamente desde la junta de Raytheon, una de las mayores empresas privadas de tecnología militar. Raytheon tiene un amplio historial de trabajo con africanos: en Libia los mata con misiles, en Somalia los mata hasta con armas antitanque. Es una empresa comprometida, en general, con la diversidad de los pueblos: despliega drones en Pakistán, cohetes en Yemen y bombas racimo en Afganistán.

Lloyd Austin tiene otro récord secreto. Es el tercer ministro de Defensa que pasa de las altas esferas militares al gobierno civil sin esperar los siete años que marca la ley. Austin confirma la tendencia del complejo industrial-militar a controlar el poder político.

Por otra parte, Biden nombró a Avril Haines como primera mujer directora de Inteligencia Nacional. La primera opción para el cargo era Michael Morell (defensor de los malos tratos y los asesinatos ilegales). Pero gracias a la incansable presión de los grupos feministas, el puesto fue finalmente para Haines (defensora de los malos tratos y los asesinatos ilegales).

Haines era amiga de Gina Haspel, gestora de un campo de torturas en Tailandia durante la era Trump. ¡Y Haines la apoyó públicamente, a pesar de que una era republicana y la otra demócrata! Hasta tal punto llega su sororidad. 

Por eso, Haines dirigirá un equipo femenino al frente del espionaje masivo mundial. El amenazante estereotipo del hombre de negro será sustituido por la amable imagen de las chicas del cable.

Haines tiene una larga experiencia en eso que llaman feminización de la política. Ya en tiempos de Obama, renombró el programa de torturas de la CIA como interrogatorio de técnica avanzada. Un término más cercano a la economía de los cuidados. También rebautizó la guerra global contra el terror de Bush como intervención ante Al Qaeda y asociados. Seguía consistiendo en incinerar gente, claro, pero ahora con una nomenclatura menos patriarcal.

"Haines dirigirá un equipo femenino al frente del espionaje masivo mundial. El amenazante estereotipo del hombre de negro será sustituido por la amable imagen de las chicas del cable"

También revisó los protocolos de ataque con drones en 2013. Por aquel entonces, la fuerza letal era un privilegio reservado a los objetivos de alta prioridad. Pero Haines, por aquello de la no-discriminación, autorizó la fuerza letal también para los objetivos secundarios. Además, gracias a Haines, los objetivos a eliminar pasaban a llamarse nominados. Como en la gala de los Oscar. Como si los drones soltasen estatuillas al yihadista revelación.

Haines también introdujo la perspectiva de género. Estableció que cualquier adulto de sexo masculino fuese objetivo legítimo de los drones. Se entendía que, si estaba en la zona de ataque, era un potencial terrorista (y, siendo hombre, un potencial violador). De esta forma, las víctimas colaterales pasaban automáticamente a la lista de enemigos abatidos. Tan fácil como pasar un suicidio o una agresión mutua a la lista de violencia machista. Haines sólo corregiría su lista “en caso de pruebas póstumas de absolución”. 

Así, eliminó del mundo de los drones toda presunción de inocencia, fiel al movimiento feminista.

Austin (el afroamericano) y Haines (la mujer) son las propuestas arcoíris del capitalismo militar. Quizás algún progresista tenga la esperanza de que la melanina o el estrógeno garanticen la paz. Pero no caerán en esta trampa quienes recuerden que Bush ya hacía la guerra a través de Colin Powell (un afroamericano) y Condoleezza Rice (una mujer). 

Y aún antes, las guerras las hacían el cartaginés Aníbal (un africano) y la amazona Hipólita (una mujer).

Y es que la trampa de la diversidad es vieja como la Historia. Es vieja como Dión de Prusa, cuando describió la tiranía como una mujer vestida de túnica multicolor. Es vieja como la mismísima Creación, que dio a los animales más venenosos formas exóticas y colores chillones. Y aún así, hemos vuelto a caer.

*** Hasel-Paris Álvarez es politólogo y especialista en geopolítica.


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