La tumba más misteriosa del Mediterráneo desvela un ritual con tres individuos y animales
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7 Octubre 2021

La tumba más misteriosa del Mediterráneo desvela un ritual con tres individuos y animales

Una nueva investigación científica reescribe la historia de la tumba de la copa de Néstor, en la isla italiana de Isquia, donde se halló un vaso del siglo VIII a.C. con la referencia más antigua de poesía homérica.

En el islote de Isquia, a la entrada del golfo de Nápoles, se esconde el yacimiento de Pitecusas, según los arqueólogos e historiadores, la primera colonia griega en el Mediterráneo occidental. Allí se asentó en el siglo VIII a.C. un grupo de individuos procedente de Eubea, la gran isla al este de la Península Ática, que estableció un emporium, una suerte de epicentro comercial, e impulsó los encuentros con los fenicios, la expansión del alfabeto escrito, de los poemas homéricos y la circulación de productos de lujo y costumbres procedentes de Oriente Próximo.

Entre 1952 y 1982, el arqueólogo alemán Giorgio Buchner y su equipo documentaron en las inmediaciones del antiguo yacimiento una necrópolis con alrededor de 1.300 tumbas, datas en su mayoría entre los siglos VIII y VII a.C., que respondían a rituales de inhumación —los neonatos se introducían, además, en ánforas— o de incineración. La más singular de todas es la que se denominó como "Cremation 168"; de hecho, los investigadores consideran este enterramiento como uno de los hallazgos más fascinantes en el Mediterréneo de la época preclásica.

La también conocida como tumba de la copa de Néstor contenía restos óseos, un rico ajuar funerario y, por encima de todo, un recipiente para beber, del cual deriva su nombre, en el que se ha documentado una de las primeras inscripciones en griego, en alfabeto eubeo, y la referencia más antigua de poesía homérica. En La Ilíada se menciona una copa de Néstor, anciano rey de Pilos, pero es muy lujosa y se utiliza para tomar un brebaje reservado a los héroes. La pieza de Pitecusas, un kotyle —una taza pequeña y profunda con dos asas de uso doméstico— procedente de Jonia, es mucho más austera, probablmente para beber vino, y se ha datado en la segunda mitad del siglo VIII a.C. 

Pero más allá de la mitología, los arqueólogos llevan décadas haciéndose la misma pregunta: ¿a quién pudo pertenecer esa copa? Los estudios realizados hasta ahora apuntaban a que el objeto fue enterrado junto a los restos incinerados de un joven de entre 10 y 14 años de edad. Sin embargo, una nueva investigación llevaba a cabo por especialistas de varias universidades italianas y británicas ha desvelado que en la tumba hay huesos de al menos tres individuos y de un número indeterminado de animales. Los resultados se acaban de publicar en la revista PLOS ONE

¿Ofrenda ritual?

"Este estudio contribuye y adelanta significativamente el debate sobre la interpretación del contexto único y complejo de la tumba de la copa de Néstor, abriendo nuevos interrogantes sobre la naturaleza del enterramiento y el significado de la copa y su inscripción allí enterrada", aseguran los investigadores, liderados por Melania Gigante, de la Universidad de Padua. El trabajo ha combinado análisis histológicos e histomorfométricos de los restos óseos quemados gracias a las últimas y más sofisticadas tecnologías.

En el enterramiento se han documetado un total de 195 fragmentos de huesos calcinados, de los que 130 corresponden a humanos —hay partes del cráneo, de la pelvis, de huesos largos como el fémur o la tibia, y de cortos, como el radio o peroné— y 45 a animales —los únicos que se han podido confirmar pertenecen a cabras, aunque es probable que haya vestigios de perros y pájaros—. Del resto no se ha podido determinar su naturaleza.

A pesar de que esta investigación revela por primera vez que en la célebre tumba de la copa de Néstor hay varios individuos (humanos y animales) sepultados, el número de interrogantes se ha multiplicado. Los análisis no han podido determinar ni la causa de la muerte ni la edad de estas personas antiguas, aunque sí descartan que haya algún niño. La hipótesis que explica la presencia de restos de fauna es doble: los animales pudieron ser incinerados al mismo tiempo que los cuerpos humanos, por lo que podrían representar una ofrenda de comida para los difuntos, o puede que fuesen una suerte de compañía en el viaje hacia el más allá.

"Nuestra investigación reescribe la historia y las interpretaciones arqueológicas previas de la tumba, arrojando nueva luz sobre las prácticas funerarias, la cultura y la sociedad de los inmigrantes griegos en el antiguo Mediterráneo occidental", señalan los autores del artículo cinetífico.

Y explican: "Nuestro estudio, que combina el gran trabajo de interpretación arqueológica con un know-how específico en histología y análisis avanzados de restos incinerados, logró un doble objetivo: en primer lugar, hemos sido capaces de reconstruir la osteobiografía de los individuos de la tumba 168, respondiendo a la espinosa pregunta de qué/quién fue enterrado con la Copa de Néstor. Por otra parte, estamos seguros de que nuestra investigación puede suponer un nuevo paso metodológico hacia la reconstrucción de la historia de la vida de las personas en época antigua, incluso en el caso de la mala conservación y/o complejidad del conjunto esquelético". Misterio resuelto, misterio abierto.

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