La UE presiona a Viktor Orban: ''Si Hungría no retira la ley anti LGTBIQ, que se vaya''
10:46
25 Junio 2021

La UE presiona a Viktor Orban: ''Si Hungría no retira la ley anti LGTBIQ, que se vaya''

Los Veintisiete marcan las líneas rojas al primer ministro húngaro al asegurar que la Unión es ''un club de valores y no son negociables''

UE Bruselas arremete contra la ley homófoba de Viktor Orban: "Es una vergüenza" Europa El presidente de Hungría firma la polémica ley que prohíbe hablar sobre homosexualidad en los colegios

"Hungría debe revocar su ley anti LGTBIQ y respetar los derechos fundamentales recogidos en los tratados. Es un club de valores y no son negociables, si no dan marcha atrás deberían irse (...) ya no tendrían cabida en la UE". El holandés Mark Rutte presume de ser uno de los líderes más francos y directos del continente y este jueves demostró claramente por qué con una advertencia extraordinariamente agresiva a Viktor Orban. "Si no actuamos ahora dejaremos de ser una unión de valores y quedaremos como un mero bloque comercial", instó el holandés a sus socios usando expresiones controvertidas como que su objetivo era forzar a dar marcha atrás, a "hincar la rodilla" a Budapest en esta cuestión.

La ley impulsada por Fidesz y aprobada en el Parlamento ha hecho sonar todas las alarmas en Europa. Llega después de los ataques a las ONG, a los jueces, a Soros, a las universidades, a los medios de comunicación, a los musulmanes, a los refugiados. Es "el enésimo ataque a nuestras leyes, nuestros valores, nuestros principios", en palabras de una alta fuente europea. Y quizás haya sido la gota que ha colmado el vaso. Esta semana, 17 ministros firmaron una carta contra la ley húngara que persigue prohibir toda referencia a la homosexualidad en contenidos a los que puedan acceder menores de 18 años, y ayer 17 jefes de Estado, horas antes de verse cara a cara con Orban, firmaron otra misiva denunciando las discriminaciones inaceptables. Han pedido a la Comisión Europea que actué, que abra un procedimiento de infracción, que recurra inmediatamente esa ley al Tribunal de Justicia para frenarla. Y el húngaro parece encantado en el barro. "Lo primero que tienen que hacer es leer la ley y luego hablar, no al revés", espetó a sus colegas al llegar a Bruselas. "Soy un luchador y defensor por los derechos de los homosexuales", replicó el líder de Fidesz.

La situación fue especialmente incómoda este jueves en el Consejo y algunos temían que la sangre llegara al río, con un veto de represalia en las conclusiones finales por la presión recibida. Es una cumbre rara, quizás la última de Angela Merkel en Bruselas (al menos sin estar en funciones). Con piques de la canciller con Portugal (y en menor medida España) por la apertura demasiado ligera a los turistas británicos cuando llegan datos muy preocupantes desde Reino Unido. Con resquemor del Este y los Bálticos también con ella por sus propuestas sobre Rusia. Con impaciencia italiana por la parálisis en materia migratoria. Con dudas de los mediterráneos por la falta de esfuerzos en la recuperación de la movilidad este verano. Y en medio del cóctel, Hungría. "Las palabras de Rutte son otro episodio del chantaje político habitual. Hungría no se quiere ir de la UE, al revés, queremos salvarla de los hipócritas", respondió Judit Varga, ministra de Justicia y una de las más fieles aliadas del primer ministro. "Mientras viva, lucharé con todas mis fuerzas para que los húngaros nunca tengan que arrodillarse ante Rute o cualquier otro colonialista".

Cuando la alemana se retire, los dos líderes más veteranos en la sala serán precisamente Rutte y Orban. Sobre la mesa tenían migración, Covid, temas exteriores, pero la bronca por la legislación homófoba es lo que ha marcado las últimas 72 horas. Y todos querían pronunciarse. Poco después de las 19.00 horas el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, arrancó este punto informal en la agenda, pero las presentaciones ya estaban hechas. Y según fuentes diplomáticas, no hubo preliminares: "El artículo 50 está para algo", espetó el neerlandés a su colega en referencia al artículo de los Tratados que Reino Unido invocó para dejar la Unión. "Hay otras alternativas", recordó el portugués Costa, apuntando a que quienes no quieren las mismas condiciones y exigencias pueden encontrar acomodos alternativos, como Suiza o Noruega. "Ser homosexual no es una opción, ser homófobo sí", apuntilló el último líder del Benelux, el belga Alanxander de Croo.

El primer ministro luxemburgués, Xavier Bettel, homosexual, lleva días enfurecido. "Si de verdad piensa que por ver una película o por hablar en una clase sobre orientación sexual te haces gay, realmente no ha entendido nada. Aceptar que era gay fue la parte más difícil de mi vida, cómo decírselo a mis padres. Escuchar ahora que quizás soy gay porque vi algo en la televisión cuando era pequeño es inaceptable", afirmó Bettel a su entrada. "La ley no está en línea con nuestros valores y con lo que es Europa", se sumó mucho más cautamente Emmanuel Macron. "El odio, la intolerancia y la discriminación no tienen lugar en nuestra Unión", tuiteó Pedro Sánchez adjuntando la carta de todos los líderes de norte, sur y oeste (Portugal no por tener la presidencia temporal y querer permanecer neutral). Casi todo el este, sin embargo, ha optado por un esclarecedor silencio en la cuestión, desde Visegrado a Bulgaria y Rumanía. "Los contribuyentes suecos están hartos de mandar dinero a países en los que no se respetan los valores europeos", renegó el primer ministro saliente Stefan Lofven.

En Bruselas algunas voces conservadoras apuntan que si durante mucho tiempo se resistieron a echar a Fidesz del Partido Popular Europeo era precisamente para evitar una deriva cada vez más agresiva y descontrolada como la actual. Hay menos controles, mecanismos, socios que puedan influir en Orban. Es complicado argumentar que esta ley no hubiera salido delante de no haber salido de la familia popular, pues el problema viene de lejos. Pero ahora faltan interlocutores. En el debate, Orban optó por parapetarse en los posibles malentendidos, asegurando que su ley es otra cosa y está siendo malinterpretada, pero el mayor respaldo que obtuvo fue el silencio de sus principales aliados, Polonia o Eslovenia.


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