La UE se resigna a negociar con los talibán a través de Qatar
14:22
4 Octubre 2021

La UE se resigna a negociar con los talibán a través de Qatar

Asume que una oficina en Kabul es imposible por razones de seguridad y trata de conseguir acceso directo a cambio de millones de euros en ayuda humanitaria para un país arruinado

Afganistán La UE tratará de abrir una delegación única en Kabul lo antes posible

La UE no tiene ni va a tener a corto plazo una oficina, delegación o embajada en el Afganistán de los talibán. Lo intentó, y durante unos días llegó a tener un equipo desplazado, pero la falta de cooperación del Gobierno local, los enormes riesgos de seguridad y la falta de interlocutores ha hecho desistir a las instituciones y ejecutivos europeos. El sueño, poco después de la caída, de establecer un hilo directo de comunicación se ha desvanecido ya, pero al mismo tiempo los líderes continentales e institucionales asumen que la ayuda humanitaria será esencial para evitar el colapso de la economía.

Los contactos con Kabul van a ser en y a través de Qatar. No es que cualquier tipo de acercamiento o negociación tenga que ser en el emirato del Golfo, sino que todos los intercambios se hacen a día de hoy de forma indirecta, a través de los mediadores, los que mejor conocen a los talibán tras años haciendo esa función en las negociaciones de pan y los intercambios con los estadounidenses. Ellos controlan los tiempos, el lenguaje y la ambición. Es posible que algo cambie con el tiempo, pero no hay elementos para pensar que vaya a ser rápido.

"Doha será la plataforma de contacto con los talibán, tienen una perfecta comunicación", explica desde el terreno el alto representante para la Política Exterior, Josep Borrell. "Es un discurso de: están en el poder hay que hablar con ellos, no les planteen cosas imposibles, pero poco a poco irán evolucionando positivamente. Sin embargo las primeras noticias que llegan no reflejan esa evolución positiva", explica el español en un encuentro a distancia con un grupo de periodistas.

La UE sabe que no hay un Gobierno talibán uniforme. Hay diferentes grupos, facciones, a veces coordinadas y a menudo enfrentadas entre sí, y eso hace que sea tan complicado lograr siquiera unas condiciones de seguridad mínimas para enviar personal diplomático. Están los ideólogos, los jefes militares, los jefes religiosos, el 'grupo de Kandahar', los más duros; y está también el grupo de Doha, los diplomáticos, lo más moderados, los que llevan años hablando e incluso viviendo en el extranjero y son más receptivos a la modernidad, a la presencia de mujeres en la mesa, a intentar encontrar un entendimiento porque saben que el país está arruinado, que sus hombres y los funcionarios públicos llevan meses sin cobrar sueldos o comer en condiciones, y que la ayuda humanitaria desde Europa es imprescindible. No son los más relevantes, son vistos como sospechosos por sus enemigos, pero son la mejor baza para unos mínimos comunes.

Evitar que el país colapse

"Ahora no tenemos presencia, pero la gente que ha estado y que vuelven de Afganistán, como el presidente de la Cruz Roja o de la Organización Mundial de la Salud dicen que las mujeres siguen yendo a trabajar, que siguen yendo al hospital, que andan solas por la calle. Nos dicen que no podemos dejar que el país colapse, y también coinciden en el discurso de que los talibán pueden evolucionar con el tiempo. El problema fundamental que se plantea ahora es de qué manera se puede evitar que la economía del país colapse, es un país sin reservas, sin liquidez, sin recursos interiores, la dependencia de Afganistán de la ayuda internacional es total", insiste Borrell. "La ayuda humanitaria ha empezado a fluir, y mucho mejor que en Etiopía, donde nos han requisado la mitad del material médico", aclara el veterano político socialista. Pero la única forma de mantener a flote o un barco completamente ineficiente será la inyección de cientos de millones de euros.

Desde varias capitales europeas hubo un miedo muy real, en verano, a que el colapso de Afganistán generara una crisis migratoria y que la presión sobre las fronteras comunitarias, como en 2015 o 2016, hiciera reventar el espacio Schengen. No ha ocurrido. "No hay migraciones masivas. Depende de qué se entienda por masivas, cierto, pero no estamos viendo éxodos", asegura Borrell. Eso ha calmado un poco la situación, también con los vecinos, y la UE estudia cómo inyectar liquidez y conseguir a cambio presencia sobre el terreno, facilidades para evacuar a los colaboradores que todavía están en el país y presionar para que se mantengan algunos derechos básicos, algo que ahora mismo parece una quimera.

Hace apenas un mes, cuando Bruselas aspiraba a tener una embajada común en Kabul, planteó una serie de cinco condiciones para poder tener una "relación operativa", partiendo de la base de que no habrá reconocimiento oficial. La línea pragmática, que Borrell abandera, es que no se puede negar la realidad. Los talibán controlan el país y hay que hablar con ellos. Las cinco condiciones para un entendimiento y el flujo de dinero es que deberían comprometerse con no exportar terrorismo, respetar los derechos humanos, la libertad de prensa y el imperio de la ley. Deberían establecer un Gobierno inclusivo, en términos políticos y con todas las facciones y tribus, no paritarios. Y `permitir también la llegada y entrega de ayuda humanitaria y, sobre todo, permitir salir a quienes quieren dejar el país. "Los benchmark, los requisitos, no dan muchas razones para ser optimistas", admite el alto representante. "Al menos ha habido un cierto grado de incluir a no talibanes" en la segunda tanda de nombramientos oficiales, destaca.


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