Laia Costa: ''No me imagino separarme de mi hija aunque sean tres días. Es algo físico''
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1 Junio 2023

Laia Costa: ''No me imagino separarme de mi hija aunque sean tres días. Es algo físico''

'Els encantats' devuelve en todo su esplendor a la actriz del momento. Tras su Goya por 'Cinco lobitos', la más internacional de las intérpretes españolas es, por fin, profeta en casa

LUIS MARTÍNEZ Cannes (Francia) Actualizado Jueves, 1 junio 2023 - 08:14Enviar por emailComentarEntrevista Laia Costa: "La maternidad idealizada es cosa del capitalismo'' Cine Laia Costa, la actriz que llora bonito, vuelve a arrasar en Málaga Reportaje Los Goya del nuevo cine español: "Hacer películas ha dejado de ser un asunto de ricos de clase alta"

Laia Costa (Barcelona, 1985) habla y al fondo se cuelan las exigencias, peticiones o simples deseos (cambia la modulación e intención a medida que avanza la entrevista) de un ser diminuto que se diría harto de que su madre reparta tanta atención a los demás. No en balde, y por aquello de rendirse a los lugares comunes, ella es la actriz de momento. Tras su goya y su biznaga en Málaga por Cinco lobitos, ahora reaparece en la pantalla con Els encantats, de Elena Trapé. De nuevo, estamos ante la historia de una madre; de nuevo, la película respira el aliento de una generación, y otra vez Costa demuestra que, ahora mismo, nadie llora tan bonito. Además, también protagoniza la adaptación que dirige Isabel Coixet de la novela Un amor, de Sara Mesa. Definitivamente, es el momento de una actriz que por fin es reconocida en España tras una larga carrera fuera. Y eso no parece gustarles a todos. Empezando por alguien pequeño que no soporta que su madre hable tanto por Zoom.

¿Le molesta que se diga que su nueva película es una continuación casi natural de Cinco lobitos: tras la primera maternidad, la primera separación?

El proyecto de Cinco lobitos lo recibí antes y el de Els encantats después de la pandemia. Pero el segundo, además, me llegó tras haber tenido una bebé y haber pasado el confinamiento con ella casi exclusivamente. Es decir, la vida ya era otra. Soy incapaz de relacionar una película con otra. No creo que a Elena le haga gracia que la gente piense que su película es la segunda parte de nada. Me sabe bastante mal. Prefiero pensar que está más relacionada con Las distancias, la película anterior de la directora.

Pero coincidirá en que es irremediable...

Sí, en realidad, no debería quejarme porque todo es consecuencia del éxito tan increíble que ha tenido Cinco lobitos. Quizá el problema es que estamos obsesionados con el tema del que se ocupan las películas; vivimos un tiempo en el que todo se reduce al clickbait. Se dice que Cinco lobitos trata de la dificultad de ser madre. Vamos a ver, ¡eso ocurre en los primeros cinco minutos! Luego pasan más cosas.

Parecería que le molesta que se hable de las películas en las que trabaja...

No, pero me molesta que se haga de una forma tan simple. Se puede ir más allá.

¿Me está riñendo?

No, no es mi intención. Todos podemos caer en esa manera de ver las cosas. Yo también lo hago.

Els encantats trata de la ruptura de una pareja. Si le pregunto por eso, ¿simplifico la película?

Recuerdo que en Cinco lobitos, como acababa de parir, me pasé todo el rato hablando de mi maternidad. Pero en realidad, la maternidad de mi personaje en la película no tiene nada que ver con la mía. Aunque las dos, mi personaje y yo, compartíamos estar todo el día agotadas. En este caso, lo mismo. Doy vida a un personaje y me pliego a lo que me diga la directora. Nada más. Es decir, no me he separado como se separa el personaje de Els encantats. Pero sí hay cosas con las que conecto. Como madre, no me imagino separarme de mi hija aunque sean tres días. Es algo físico. Me la llevo a los rodajes... a todos los lados.

¿Cómo ha vivido Laia Costa el fenómeno Cinco lobitos? ¿Siente que ahora que ya es conocida en España, además de fuera, ha perdido algo así como la capacidad de sorprender?

Oigo el nombre de Laia Costa y pienso que se habla de otra persona. No estoy acostumbrada a que nadie diga mi nombre. No sé qué decir. No lo tengo muy reflexionado. Pienso en esos músicos que hacen un disco redondo en el que todas las canciones son buenas. Y, claro, luego está la presión de no repetirse y hacer algo nuevo a la altura de lo primero... No sé. Quizá sería bueno que a los actores nos quitaran el ego, porque, en verdad, no somos tan importantes. Somos simplemente un elemento más de una película. No somos tan importantes. Con el tiempo aprendes que no eres más que una herramienta en manos del director.

¿Cómo se lleva con ese ego del que habla y rechaza?

Creo que tengo una buena relación. Me siento muy bien cuando un compañero al que admiro admira algo que yo he hecho. Las emociones no son ni negativas ni positivas, es lo que hacemos con ellas lo que las convierten en buenas o malas. Es inherente al ser humano querer sentirse querido y que sea por tu trabajo. Pero resumiendo, me llevo bien con el ego, porque no le doy mucha bola.

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Su madre era taxista y su padre tampoco tenía nada que ver con el cine. ¿Se pregunta a veces cómo ha llegado hasta aquí?

Recuerdo que cuando viví en Los Ángeles, me di cuenta de que los niños y los jóvenes ahí crecen pensando que pueden ser escritores, cineastas, artistas... Para ellos es una posibilidad real. Yo, en cambio, estudié en un instituto en el que ni siquiera había bachillerato artístico. Cuando me dieron el papel ese que te dan para qué pongan qué quieres hacer, yo lo dejé en blanco. Cuando ya llevaba dos o tres años como actriz, todavía seguía diciendo que era ejecutiva de cuentas. Para mis padres, el orden de las cosas era: tener una profesión que te permita una familia que te permita ser feliz. Ser actriz nunca estuvo en mi cabeza ni en la de ellos. Mi padre estuvo muy preocupado cuando me cogí un año sabático en mi empresa para ser actriz. Luego la empresa quebró y a mí me iba bien como actriz. La respuesta a la pregunta es que nadie sabe nada.

¿Y ya asumen sus padres que su hija es actriz?

Sí y de hecho veo que todo lo que me pasa les hace más ilusión a ellos que a mí. Lo más bonito de los premios es lo que yo llamo la segunda entrega. Me lo dan a mí y luego se lo doy yo a mis padres.

¿Nunca ha vivido un fracaso en su profesión?

Siempre tengo un plan B en la cabeza. Es un mecanismo de defensa. Soy muy consciente de que siempre puedo hacer otra cosa. Si no me hubiera ido siempre bien, a día de hoy no sería actriz. Veo compañeros con un talento increíble pagando unos peajes enormes por la profesión. Yo no sería capaz de eso. Mis prioridades están en la vida, no en la profesión. Y eso es un arma de doble filo. Yo no espero a que me llamen. Siempre estoy ocupada. Hay compañeros que dicen que lo pasan muy mal en las esperas entre proyectos. No es mi caso. Yo estoy esperando que llegue ese momento de parón. Para trabajar tengo que parar la vida, no al revés.

¿Deduzco que no siempre ha sabido lo que quería?

Eso es. Vivimos en una sociedad con tanto ruido que la pregunta más difícil de contestar es precisamente esa: ¿qué quieres? ¿qué queremos? Deberíamos irnos de tanto en tanto al desierto a escuchar la voz interior libre interferencias. No sé si no me estoy poniendo muy filosófica.

En una entrevista anterior mantenía que la maternidad idealizada que nos han vendido es falsa. ¿Cuántas cosas más nos ha vendido y son falsas?

En general, hay cosas como el amor o la amistad de las que se habla porque se consideran temas dignos. Pero de la ruptura, de no conectar con las emociones propias o de cómo manejarse con la muerte de los padres nadie habla. No se nos educa en afrontar esos asuntos. Y si no nos ocupamos de todo eso, al final es como un pulpo que nos invade y nos domina completamente. Hay que saber relacionarse con las emociones y no empeñarse en silenciarlas porque nos incomoden. No se nos enseña a gestionar las emociones. Necesitamos cuatro años para aprender a hablar y toda la vida para aprender a comunicarnos. En general, diría que necesitamos un cambio de perspectiva total desde la empatía. Lo veo con mi hija. A mí de pequeña cuando me caía me decían: «Vamos, que no es nada». ¿Por qué? Ahora me doy cuenta de que si en vez de decir eso, me intereso por lo que ha pasado y le digo a mi hija que vamos a solucionarlo juntas, se le pasa antes el dolor del golpe. La empatía es más efectiva.

¿Se aprende del éxito?

Se aprende sobre todo a ser más prudente en las declaraciones. Son cosas que dices en un contexto y luego las ves ahí sin más explicaciones y se presta a todo tipo de malentendidos. Los titulares a veces nos alejan a todos y eso hay que evitarlo.


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