Las discrepancias sobre el gas y el petróleo ruso muestran las costuras de los 27
19:56
11 Abril 2022

Las discrepancias sobre el gas y el petróleo ruso muestran las costuras de los 27

En riesgo la unidad europea: aumenta la presión para imponer un embargo mientras los más dependientes abogan por centrarse en el envío de armas

Las discrepancias sobre qué hacer, cómo y cuándo con las compras de gas y petróleo ruso están dejando al descubierto las costuras de los 27. Desde el inicio de la guerra, la UE ha presumido de una reacción sin precedentes, de una agilidad nunca antes vista y de una unidad poderosa. Se han puesto en marcha ya cinco paquetes de sanciones, publicados en el Diario de la UE y plenamente vigentes, y en cuestión de días debería estar ratificado el proceso para que el European Peace Facility aumenté hasta los 1.500 millones de euros el instrumento para financiar la compra (y entrega) de armas y munición al ejército ucraniano. Pero el elefante en la habitación desde hace semanas son los combustibles fósiles. La ayuda militar supera los mil millones, pero en el mismo periodo los estados miembro han entregado más de 35.000 millones de euros a Moscú. Y las voces que denuncian la obscena "financiación de la guerra de Putin" están redoblando la presión.

Hay varias categorías. En la primera está Hungría nada más. Viktor Orban no ha vetado los paquetes de sanciones, ni el uso de los instrumentos para la compra de armas (si bien no participa), pero ha dejado claro que está en contra de un embargo o un impuesto al petróleo y el gas. Toleró el del carbón aprobado la semana pasada, pero ahí ha fijado su límite, y no por cuestión de dependencia. Cree que es demasiado, que no es buena idea, que se ha hecho suficiente. Y está, además, dispuesto a pagar las compras en rublos y no en euros, como estipulan los contratos.

En la siguiente están los partidarios del corte inmediato y a nivel europeo. Los bálticos, Polonia, Irlanda. Lo quieren y lo quieren ya, sin excusas y aunque provoque un serio problema. Han anunciado por su parte una desconexión total o parcial en los próximos meses y están elevando el tono, chantajeando moralmente a sus socios. "¿Qué tiene que pasar para que la UE decida un embargo sobre el petróleo, el gas y otros productos básicos?", se preguntó este lunes el ministro checo de Exteriores, Jan Lipavsky, durante la reunión de los titulares comunitarios en Luxemburgo. "Hay que ir a Bucha para entender por qué tenemos que imponer sanciones", se sumó Gabrielius Landsbergis, de Lituania. "La UE debe imponer un embargo inmediato al petróleo ruso", zanjó el polaco Marcin Przydacz.

Entre medias están los que no tienen una dependencia total de los combustibles fósiles rusos, los países mediterráneos o del oeste. Algunos, como Irlanda, abogan por medidas inmediatas. "La Unión Europea está gastando centenas de millones de euros para importar petróleo de Rusia, lo que ciertamente ayuda a financiar esta guerra. Debemos detener esta financiación, incluso si crea enormes desafíos y problemas", apuntó el ministro Simon Coveney. El resto están en general con la mayoría y el consenso. Ven la necesidad, también los peligros y las consecuencias económicas, y oscilan. Comprenden el dilema, incluso la hipocresía que puede subyacer cuando se dice que la UE está haciendo y hará todo lo posible para ayudar a Ucrania. Pero usan enfoques realistas y destacan que ante todo hay que preservar la unidad, como el holandés Wopke Hoekstra.

Por último, los profundamente dependientes, como Austria o Alemania. El canciller austriaco está precisamente en Moscú este lunes para hablar en persona con Putin. Han anunciado medidas para reducir la dependencia, para apostar por renovables e incluso están revisando su posición sobre el abandono de la nuclear. Pero avisan de que no pueden cerrar el grifo ahora mismo, que el castigo a sus ciudadanos y empresas sería muy alto. Y piden tiempo. Su postura va modulándose, y lo que hace un mes parecía imposible ahora ya no. Se empezó con el carbón y ahora el petróleo está sobre la mesa, más o menos.

Enviar armas

La expresión ha generado problemas estos días. La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, aseguró la semana pasada ante la Eurocámara que no se podía dejar fuera nada, incluyendo el petróleo y el gas. Y el alto representante para la Política Exterior, Josep Borrell, aseguró el viernes desde Kiev, que el tema estaría "sobre la mesa" en la reunión del Consejo de Asuntos Exteriores que ha tenido lugar este lunes en Luxemburgo. Pero no ha sido así. El mismo viernes desde el Servicio de Acción Exterior señalaban que no habría ninguna propuesta, que el debate no está lo suficiente maduro. Y media docena de fuentes diplomáticas lo recalcaba. Está ahí, pero aún no.

"Hemos discutido de más sanciones. Sabíamos que no hay acuerdo, pero hemos analizado los niveles de dependencia de cada país. Sin que haga falta un acuerdo, todos están ya reduciendo esa dependencia. Lo hacen ya. Algunos han dicho que no van a importar más, otros que lo reducirán. Un embargo, impuestos o limitación... no estamos todavía ahí para algo colectivo. Lo antes posible", ha asegurado al acabar el encuentro Borrell, uno de los motores de la respuesta comunitaria desde la invasión. El español lleva a veces ritmo propio, empujando incluso cuando no hay acuerdo. Algunas capitales están irritadas, otras dicen que "eso es liderazgo". Habla en nombre de la UE, pero no siempre en nombre de todo o resumiendo el sentir general. Este lunes, sin embargo, se contuvo.

"Es algo de sentido común: la guerra y las batallas de los próximos días y semanas van a tener lugar con sin sanciones, porque tienen efectos a medio plazo. El ejército ruso será el mismo en dos semanas y tendrá medios para hacer la guerra igualmente. Por eso tenemos que concentrarnos en los aspectos defensivos. No digo que no haya que hacer los otro, las sanciones, pero si cortamos el gas la semana que viene no quiere decir que dejarán de luchar los rusos". Por eso aboga por seguir enviando ayuda y armas.

Y en esa línea está Berlín. "Algo está muy claro: Ucrania necesita más material militar, especialmente armamento pesado", ha dicho la ministra Annalena Baerbock. "Ahora no es el momento para excusas, hace falta creatividad y pragmatismo", ha añadido, algo peculiar pues su canciller, Olaf Scholz, todavía parece dudar sobre si ese armamento pesado puede incluir tanques o artillería para la gran batalla que se espera en el Dombás.


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