Laura Agustí: ''No soy madre ni lo voy a ser, pero sé que habrá gatos en mi vida''
19:30
16 Abril 2022

Laura Agustí: ''No soy madre ni lo voy a ser, pero sé que habrá gatos en mi vida''

La ilustradora Laura Agustí narra en 'Historia de un gato' su visión del mundo desde la memoria de su felino

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En 2012, un matrimonio de Arizona adopta una gatita. Poco tiempo después, comienzan a publicar fotos de su felina de ceño fruncido en internet. No es que estuviera enfadada, Tardar Sauce -así la bautizaron- había nacido con un síndrome que le otorgaba ese semblante entre la rabia, el cinismo, la decepción y el hastío, el rostro perfecto para el siglo XXI. Hoy, sus dueños son multimillonarios.

Diez años después, los perfiles de Tardar, Grumpy Cat en la red, suman millones de seguidores. El airado animal se convirtió en una de las mayores celebridades de la era digital. Pero el suyo es un podio compartido. Imbatibles acumuladores de likes, los gatos son los reyes de entretenimiento contemplativo de internet. Vídeos de gatos en actitudes humanas, disfrazados, tiernamente acurrucados... son objeto de investigaciones en torno a lo que se ha dado en llamar cat content. Lo recuerda en su casa, donde vive con otro humano, dos mininos y un perro, Laura Agustí, autora de Historia de un gato (Lumen, 2022), un relato preciosista, entre la autobiografía, el cuaderno de explorador y el ensayo gráfico, en el que estas criaturas son el ovillo sobre el que se desmadeja la historia. «¿Desde cuándo los dibujo? Desde siempre».

Ilustraciones de 'Historia de un gato' (Lumen).Ilustraciones de 'Historia de un gato' (Lumen).

Criada en un pueblo del Bajo Aragón en el que el tiempo «cundía de otra manera», Laura gozó de niña de algo que ahora escasea: el aburrimiento, el espacio para la observación. De sus días en aquel trocito de España parte su amor por estos animales y su representación. En especial por uno, Oye, al que consagra este libro que se convirtió en una terapia con la que superar la pérdida de la más querida de sus mascotas. «El vacío se instaló en mi vida y ocupó el lugar que había sido de Oye. Me perdía mirando sus cosas y sus rincones favoritos, y mi mente divagaba, en blanco, como si no lograse terminar de creer que Oye me había dejado», se lee en sus páginas. En esta conversación, añade: «No sé cómo será mi vida en un futuro. No soy madre ni lo voy a ser, pero sé que habrá gatos en ella».

De las tiras de prensa de Herriman y su Krazy Kat, al animado Gato Félix del cine mudo, el corrosivo y underground Fritz de Robert Crumb y el muy bien alimentado y sarcástico Garfield, entre otros muchos, los gatos han vivido una relación de amor con la cultura pop y el cómic. «No me preguntes por qué, pero si posteo una foto de mis gatas tengo mucho más éxito que con una de mi perro o de cualquier otra cosa. Llevamos admirándolos desde el Antiguo Egipto y, salvo la época de las brujas, donde cundió lo de la mala suerte, siempre nos han acompañado. Sitúo el secreto de su éxito en su carácter doméstico, su personalidad y su belleza». Y añadimos: en un mundo en el que estamos cada vez más solos y empantallados, un gato encajan maravillosamente.

Ilustraciones de 'Historia de un gato' (Lumen).Ilustraciones de 'Historia de un gato' (Lumen).

La autora tenía claro que, además de narrar su vida y, en especial, los años de convivencia con Oye, del que tanto aprendió, quería que su obra acumulara información interesante para otros gatunos acérrimos, especialmente para aquellos que están superando la pérdida de uno. Por eso, en sus páginas, el duelo se mezcla con felinos de El Greco, Picasso y Louis William Wain, el pintor de los gatos, sus maullidos las distintas culturas, así como con dibujos del significado de las expresiones faciales de estos seres, consejos sobre su cuidado, disertaciones sobre la gatoterapia o la reciente reforma del Código Civil en la que se les reconoce como seres vivos dotados de sensibilidad, en lugar de cosas.

En cada pasaje, la autora hace gala un virtuosismo en tinta que ya desplegó en su libro anterior, Gatos en la cabeza, en el que exponía sus preocupaciones y anhelos en forma de aforismos ilustrados. Dibujos que remiten a artistas como Gustave Doré y J.J, Grandville, claves en la formación de su mirada. «Yo sustituí la tinta por el rotring y luego por el iPad... pero esta técnica siempre me ha deslumbrado como medio de expresión, igual que me fascina el tatuaje».

Historia de un gato se empareja con títulos de otras historietistas actuales como Ilu Ros y Ana Penyas en su esfuerzo por rastrear el mundo actual a través de la propia biografía y, en este caso, de una vida de sillones arañados y pelos en la ropa. «Escribir desde la experiencia es lo más honesto. Y en la mía los gatos han sido capitales. Mi deseo es que disfruten del libro otros amantes de estos animales y, en especial, aquellos que perdieron uno. Tener una mascota es pactar con la idea de que un día se irá... Es duro, pero volvería a pasar por lo mismo. Cada día con él fue un regalo».


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