Liam Neeson, el mamporrero de 70 años justos
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24 Julio 2022

Liam Neeson, el mamporrero de 70 años justos

El actor, inesperadamente especializado en ser abuelo de acción, estrena 'thriller'

Lam Neeson "Me metí en líos pero no me desdigo"

Hubo un tiempo en el que nos imaginamos que el que fuera Oskar Schindler, Michael Collins o Alfred Kinsey, entre otros papeles famosos, envejecería de otra manera. Eternamente sentado en un banco junto al niño de Love actually (Richard Curtis, 2003), por ejemplo: contemplando el Támesis, y filosofando sobre el amor. Aunque es grandote y reparte hostias como panes, al viudo de Natasha Richardson, que falleció a causa de un accidente de esquí a los 45 años, lo imaginábamos peinado canas en romances otoñales o contemplando atardeceres, como los de una Una villa en la Toscana (2020), junto a su hijo, Micheál Richardson. Pero no. Desde el éxito inesperado de Venganza (Pierre Morel, 2008), que se convirtió en una rentable franquicia, y el rendimiento que le sacó el catalán Jaume Collet-Serra a partir de Sin identidad (2011), el irlandés de puños de oro y teñidas sienes plateadas, que cumplió 70 años el pasado 7 de junio, es el más solicitado action-man.

Se lo rifan, y ahora le ha tocado el turno a Martin Campbell. En La memoria del asesino, que llegó a los cines el 22 de julio, Neeson es un sicario que ya quisiera jubilarse, aunque no le dejan. No escala verjas, ni salta de coche en coche, pero continúa repartiendo sin necesidad de dobles. Y tiene buen corazón, una cierta ética profesional: adultos que se lo merecen, sí, y ha hecho carrera con eso. Pero niños no. Neeson no mata niños. Lógico, su rostro triangulado exuda nobleza.

En la vida real, ha sido antiTrump, antiBrexit, proaborto, y antiarmas, pese a ganarse la vida empuñándolas. También es verdad que se le ha visto armado de una porra, buscando al «negro bastardo» que abusó de una amiga suya hace tres años. Pero se arrepintió. Neeson es de los que sufren y el público también empatiza con eso. Ha estado cerca de la muerte (un accidente de moto) y ha luchado, como muchos actores, contra la adicción (el café). En La memoria del asesino el dolor también forma parte de su encanto: su héroe padece alzheimer, el terrible mal de nuestro tiempo. Hay que decir que la película no tiene el estilo ni la contundencia que cabría esperar del director de Casino Royale, que el guion de Dario Scardapane, basado en un homónimo thriller belga, está trufado de frases lapidarias sin sentido del ridículo, y que las interpretaciones de Guy Pearce, un policía enfadado con el sistema, y de Monica Bellucci, la malísima de la función, recuerdan a un proceso de momificación.

Pero la película, muy en la línea de las ya citadas, tiene algo extra, un guiño cinéfilo tamaño Cíclope: ¿se acuerdan de Memento? Sí, la película que reveló a Christopher Nolan cuando apenas si despuntaba el siglo XXI. Guy Pearce también era un desmemoriado que buscaba venganza. Se tatuaba las pistas por el cuerpo para no olvidarlas. Ahora, cuando apenas si queda nadie por tatuarse cualquier cosa, eso nos parecería lo más normal. Pero entonces fue motivo de desvelo para quien se preguntaba por qué no utilizaba post-its, notitas pegadas con imanes en la puerta de la nevera, o simplemente se apuntaba las pistas a boli en la mano. La respuesta ha tardado en llegar: cuando despierta en una clínica sin recordar nada, Neeson descubre que le han borrado del brazo todas las pistas apuntadas con rotulador. No por casualidad, Pearce es testigo de su desespero. No dice nada, pero se nota que está pensando: «¡Ay, si te lo hubieses tatuado como hice en Memento!». Sólo por eso la película ya merece la pena. Además de las peleas, los tiros y los asesinatos, claro.


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