Los 27 fían el acuerdo sobre el gas y la electricidad a la cumbre en Bruselas en dos semanas
19:44
7 Octubre 2022

Los 27 fían el acuerdo sobre el gas y la electricidad a la cumbre en Bruselas en dos semanas

La Comisión presentará una propuesta legislativa ''menos vaga, más concreta'' para intervenir el mercado y poner coto al precio del gas antes del próximo Consejo Europeo

La UE suma fuerzas con sus vecinos para hacer frente a Rusia

Después de un año de fricciones, desprecios, burlas y choques abiertos, los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 se han sentado este viernes en el Castillo de Praga para discutir abiertamente por primera sobre un tope, o varios topes, al precio del gas. Lo que antaño era imposible, impensable, inaceptable para la mayoría y un peligro inasumible para algunos socios y la propia Comisión Europea, ya es una realidad. No se discute si se debe hacer, sino cómo, cuánto y hasta cuándo. "Antes era la posición marginal, ahora claramente es la principal", reconocen fuentes comunitarias.

Los líderes han dado un mandato a la Comisión para que prepare una propuesta mucho más clara, agresiva. "Menos vaga, más concreta", en palabras de Mario Draghi en una de sus últimas apariciones. El italiano ha estado muy "contundente", según altas fuentes europeas, apelando a los socios y a las instituciones a dar el paso lo antes posible y con firmeza. Ha criticado con extrema dureza las dudas de Bruselas, los obstáculos, acusándoles de retrasar siete meses algo que era ya entonces urgente y que sólo se abordará a las puertas de una recesión. "Somos cada vez más los que defendemos estas intervenciones como medida central para controlar la inflación y mantener reglas del juego comunes y preservar el mercado único entre todos. La excepción ibérica que a finales de octubre esperemos que deje de ser tal y sea la normal ha permitido ahorrar 2.600 millones de euros, cantidades muy importantes en poco tiempo", ha señalado el presidente español, Pedro Sánchez, al concluir. Las mismas fuentes señalan que el español ha compartido el mensaje, pero en términos mucho más suaves dentro de la sala, consciente de que sus propuestas y recomendaciones ahora sí son escuchadas y se van a generalizar.

Países como España o Portugal empezaron a presionar a finales del verano de 2021 porque denunciaban que los precios estaban escalando hasta niveles insostenibles. El diagnóstico de las instituciones, de Alemania y Países Bajos, es que se trataba de algo temporal, producto de la presione por el retorno de la demanda en China tras la pandemia, pero que todo volvería a la normalidad a principios de 2022. Eso, con la guerra de Ucrania mediante, nunca se produjo, sino todo lo contrario. Los precios energéticos hoy están a niveles cinco o 10 veces superiores a la media del último lustro y los 27, tras infinitos tiras y aflojas, han asumido que una intervención en profundidad del sistema es urgente.

Se intentaron antes todas las vías, desde suavizar los marcos de ayuda de Estado para que los Gobiernos cubran a empresas y hogares vulnerables a relajar todos los resortes, pero sin tocar el sistema marginalista. Se han aprobado reducciones den consumo de gas, del consumo eléctrico, tope a los beneficios de las empresas que no usan tecnologías inframarginales (como renovables y nuclear) y una "contribución solidaria" de hasta el 33% a los beneficios extraordinarios de las empresas de combustibles fósiles. Y ahora, "tras un año de retraso", en palabras del Gobierno español, se va a la raíz, al gas y a la fijación de precios.

El gran problema es que aunque el objetivo sigue siendo reducir los precios, cada actor tiene sus preferencias, sus sugerencias y sus líneas rojas. La controversia rodea a la expresión "tope", porque es sorprendentemente polisémica en el debate comunitario y porque cada uno querría lograrlo a su manera. Cuando en Bruselas hablan de tope a los precios (Price cap) se pueden referir a poner un máximo al gas importado (bien sea de Rusia, bien de aliados o vecinos como Argelia, Noruega o Azerbayán). Pero también a fijar un tope al precio que se pagará por el precio que se usa para la generación de electricidad, como han hecho España y Portugal con la llamada "excepción Ibérica".

Madrid y Lisboa invitan a que se replique, en la medida de lo posible, su modelo para todo el continente. "La Comisión ya recoge muchas de las propuestas y planteamientos de los últimos meses, como un tope al precio del gas, compras conjuntas de gas, reforma del mercado eléctrico y el mecanismo ibérico que, por lo que hay que sentir orgullo. Cada vez son más los países que quieren importar esta excepción para que sea norma común. Nuestra intervención es reconocida y puede ser exportable", se congratuló Sánchez.

El trabajo técnico ahora es muy complicado y delicado. Italia, Bélgica, Polonia y Grecia distribuyeron un documento de trabajo estos días en Praga abogando por un control más amplio mediante un "pasillo de precios dinámicos". Dicen que ir a por el gas ruso nada más puede provocar problemas de suministro y genera discriminación. Y que ir a por el que se usa para generar electricidad no basta, porque deja fuera dos terceras partes de todo el gas. De ahí un techo dinámico, lo suficientemente alto para no destrozar el mercado, pero suficiente para limitar la especulación. Las fuentes consultadas creen que la respuesta de Bruselas irá en parte por esa línea, con topes dinámicos, fluctuables o con ciertas horquillas y umbrales según las circunstancias. Pero sin mención alguna a un posible mecanismo común para financiar los costes energéticos, como quiere Roma y han sugerido algunos comisarios. España, partidaria siempre de este tipo de soluciones, cree sin embargo que la idea no "está madura" y que hay que centrarse ahora en lo urgente y abordar eso más adelante.

Holandeses y alemanes quieren preservar a toda costa el mercado, que dicen que funciona bien en condiciones normales. Pero incluso ellos han aceptado la necesidad de mover ficha. Fuentes diplomáticas apuntan a que en Praga han estado callados, constructivos. Sin oponerse a la idea, sin decir que no a un tope, pero pidiendo "extrema cautela" y mucho cuidado en diseño para no hacer nada irreparable. Los líderes se reúnen el 20 y la Comisión debería hacer circular con tiempo suficiente las ideas para que puedas ser trabajadas y debatidas en profundidad por los embajadores. Si llega demasiado pegada a la fecha, como suele ser habitual, el acuerdo será más complicado.


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