Los atentados que ''funcionan'': por qué nadie se atreve ya a caricaturizar a Mahoma
02:04
7 Octubre 2021

Los atentados que ''funcionan'': por qué nadie se atreve ya a caricaturizar a Mahoma

En 2007, el artista sueco Lars Vilks dibujó una serie de caricaturas de Mahoma con cuerpo de perro. Por eso cuando su coche se empotró a toda velocidad contra el camión que venía de frente, las sospechas se dispararon.

Cuando el coche que llevaba al artista sueco Lars Vilks se empotró a toda velocidad contra el camión que venía de frente, las sospechas se dispararon. Según los testigos, el coche parecía haber perdido el control y a la velocidad se le unía la incapacidad de manejarlo correctamente, de ahí que invadiera el carril contrario. Vilks murió en el acto, como murieron los dos policías que le protegían. Cuando una muerte está valorada en 100.000 dólares, es normal que se investigue.

Sin embargo, nadie encontró nada fuera de lo habitual en un desgraciado accidente de tráfico. No hubo conspiración, no hubo alteración de los frenos, el conductor del camión no pertenecía a ningún grupo delictivo... Vilks, simplemente, murió, a los 75 años, sin necesidad de terceros actores. Su muerte sirvió, al menos, para llevar de nuevo a los periódicos los 14 años de persecución que soportó desde que Al Qaeda pusiera precio a su cabeza, así como los ataques de 2009, 2010 y 2015, que tan cerca quedaron de conseguir su objetivo. El escondite constante, las medidas de seguridad, los policías aún a su lado, pagando con la vida el derecho a la libertad de expresión.

En 2007, Vilks había dibujado una serie de caricaturas de Mahoma con cuerpo de perro. Obviamente, era una provocación. Obviamente, tuvo muchos problemas para que alguien le siguiera el juego: la exposición que había contratado sus servicios decidió rechazar los dibujos, que pasaron de diario en diario hasta que, en agosto, uno de ellos se atrevió a publicar la caricatura. El escándalo fue tal que el primer ministro sueco se tuvo que reunir con 22 embajadores de países musulmanes para pedirles perdón.

Los forenses examinan el vehículo y la zona en la que se produjo el accidente en el que murió Lars Vilks.

Los forenses examinan el vehículo y la zona en la que se produjo el accidente en el que murió Lars Vilks. Reuters

El inicio de todo

La muerte de Lars Vilks coincide prácticamente en el tiempo con el decimosexto aniversario de la publicación en 2005 por parte del periódico danés Jyllands-Posten de una serie de 12 caricaturas de Mahoma para criticar la autocensura en Occidente. El asesinato del cineasta Theo Van Gogh en 2004 estaba aún muy reciente y había un cierto interés en explorar los límites tras los atentados de Nueva York, Madrid y Londres. En realidad, no había ninguna necesidad de dibujar a Mahoma, pero, en buena parte, el periodismo consiste en saber si puedes hacer algo a pesar de que una autoridad -en este caso religiosa- te lo impida.

Basándose en ese concepto de la libertad y el periodismo, el Jyllands-Posten publicó las caricaturas, recibió amenazas de todo tipo y fue incluso llevado a tribunales por ofensas... pero el fiscal no vio nada que rascar ahí. En un intento de demostrar que, efectivamente, el periodismo no se imponía límites de ningún tipo, decenas de medios de distintos países se sumaron a la publicación de unas viñetas en gran parte inofensivas, es decir, en ninguna aparecía Mahoma como un cerdo.

Especialmente entre el 30 de enero y el 10 de febrero, cuando se convocaron protestas en todo el mundo musulmán, la prensa occidental reaccionó a una. El 8 de febrero, por ejemplo, las 12 caricaturas aparecieron en el semanario satírico francés Charlie Hebdo, para quien los límites nunca habían existido en torno a ninguna cuestión. Durante décadas, Occidente había intentado apartar los dogmas cristianos de la vida pública. ¿Por qué habría de plegarse a los islámicos? ¿Había que omitir cualquier representación del profeta sólo porque el Corán lo considere una blasfemia?

Charlie Hebdo y la masacre de 2015

El debate se prolongó lógicamente con la intervención dos años después de Vilks. Algunos lo vieron como libertad de expresión y otros lo vieron como ofensa a una minoría por parte de grupos afines a la extrema derecha. El problema es que Charlie Hebdo no encajaba en este segundo perfil. Abiertamente hostil a cualquier imposición y con el "derecho a blasfemar" como enseña, Charlie Hebdo llevó el debate más allá que cualquier otro medio: en 2011, nombraron a Mahoma editor invitado de la semana y dedicaron la portada y el número entero a su representación. Poco después, una viñeta le dibujaba como homosexual. En 2014, por último, aparecía un terrorista del ISIS cortándole la cabeza.

Sólo los integristas islámicos pasaron de la palabra a la acción: en noviembre de 2011

Por supuesto, todo esto no eran ataques a una religión sino al fundamentalismo en general. Judíos y católicos también recibieron lo suyo y también se ofendieron a su manera. Ahora bien, sólo los integristas islámicos pasaron de la palabra a la acción: el 2 de noviembre de 2011, justo un día después de la publicación de su número especial con Mahoma como editor invitado, las oficinas del semanario saltaron por los aires. Nada comparado con lo que sucedería el 7 de enero de 2015, cuando dos hombres armados con metralletas entraron en las dependencias de la publicación satírica y mataron a tiros a 12 periodistas y dibujantes.

Portada de Charlie Hebdo en la que recuperó las caricaturas de Mahoma.

Portada de Charlie Hebdo en la que recuperó las caricaturas de Mahoma. C.H.

La reacción occidental fue unánime en forma de hashtag. Fueron aquellos los días del "Je suis Charlie", del grito por la libertad de expresión, de la repulsa a la intolerancia y todo ese largo etcétera. Charlie Hebdo volvió a los quioscos esa misma semana con una tirada de tres millones de ejemplares y una portada que representaba de nuevo a Mahoma con un cartel en el que ponía "Todo está perdonado".

Cinco años después, coincidiendo con el inicio del proceso contra los implicados en el atentado, la revista volvía a publicar las 12 caricaturas del Jyllands-Posten e incluía en su portada una nueva caricatura de Mahoma dibujada en su momento por "Cabu", uno de los viñetistas asesinados en 2015, con el titular: "Tout ça pour ça" ("Todo esto para esto"). Una manera de decir: "La que habéis montado para volver al inicio", es decir, Charlie Hebdo no se rinde.

¿De verdad todos éramos Charlie?

Ahora bien, ¿qué hay de todos los que decían ser Charlie en enero de 2015? Entrar con metralletas en las dependencias de una publicación y llevarte por delante a todo el que encuentres a tu paso puede no acabar con el espíritu indomable de esa publicación, pero, desde luego, manda un mensaje potente al resto del mundo: vosotros podríais ser los siguientes. Es, en esencia, la función del terrorismo: no tanto acabar con un problema puntual, sino ejemplarizar, lograr que los demás se piensen dos veces lo que hacen, por temor a las represalias.

En ese sentido, los atentados funcionaron. Es triste decirlo, pero es así. Incluso Charlie Hebdo tardó cinco años en utilizar de nuevo la figura de Mahoma. Es cierto, como dice su director, que "no había un motivo que lo justificara", pero tampoco lo había antes. Si hasta 2015 se promovió un debate sobre la autocensura y qué colectivos deben quedar fuera de la crítica pública por imposición, no es lógico pensar que ese debate acabara en dicho año mientras Al Qaeda y el ISIS seguían asesinando en nombre de su visión dogmática de una religión en todos los rincones del mundo.

Nadie quiere caer en el olvido público mientras dos guardaespaldas te acompañan a todos lados

También puede ser que la falta de lógica haya vencido y que el debate, efectivamente, haya acabado y ya conozcamos el resultado. Si una acción provoca el asesinato a quemarropa, es humano evitar esa acción. Cobarde, quizá, pero humano. El último en intentar debatir sobre los límites de la libertad de expresión en cuestiones religiosas fue Samuel Paty, profesor de secundaria en un instituto de las afueras de París.

En octubre de 2020, enseñó a sus alumnos distintas caricaturas de Mahoma como ejemplo de lo que había servido de escándalo. Pocos días más tarde, apareció decapitado en plena calle. Su asesino, de 18 años, ni siquiera le conocía. Pasará un tiempo hasta que otro profesor se atreva a hacer algo parecido. Nadie quiere ser el siguiente. Nadie quiere caer en el olvido público mientras dos guardaespaldas te acompañan a todos lados. Incluso a la muerte. Todos, en definitiva, tenemos miedo, y el miedo es un enorme factor a la hora de explicar cualquier conducta.

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