Los incendios de sexta generación llegan a España: por qué el fuego de Sierra Bermeja es tan difícil de controlar
21:46
13 Septiembre 2021

Los incendios de sexta generación llegan a España: por qué el fuego de Sierra Bermeja es tan difícil de controlar

El fuego que afecta a Sierra Bermeja, en la provincia de Málaga, se enmarca en una nueva categoría de incendios muy voraces e imprevisibles cuyas características imposibilitan en muchos momentos las tareas de extinción

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En 2016, un devastador incendio en Alberta (Canadá) arrasó más de 200.000 hectáreas. Al año siguiente, los chilenos veían con impotencia cómo el fuego calcinaba 570.000 hectáreas en la región del Maule, donde las llamas alcanzaron velocidades de propagación sin precedentes, llegando a quemar 8.000 hectáreas en menos de una hora. Como recuerda Raúl de la Calle Santillana, secretario general del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos forestales, estas dos tragedias ambientales inauguraron la era de los llamados incendios de sexta generación de los que tenemos ahora un terrible ejemplo en España.

El incendio que desde el pasado miércoles afecta a la Sierra Bermeja, en la provincia de Málaga, y que ya se ha cobrado la vida de un bombero y ha herido a otros dos, sigue fuera de control debido a que en él confluyen una serie de características que dificultan enormemente su extinción y en algunos momentos la imposibilitan. Y es que como señala De la Calle en entrevista telefónica, se trata de megaincendios que liberan enormes cantidades de energía que son capaces de modificar la meteorología de su entorno y provocar tormentas de fuego.

"En estos incendios tan voraces se juntan todos los ingredientes: el estado de la masa vegetal, las temperaturas, el viento, el escenario de cambio climático que agrava la aridez y, lo más importante, que hay una ignición, es decir alguien o algo que lo provoque", resume este ingeniero forestal. Según señaló este fin de semana el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, y a la espera de los resultados de la investigación final, se cree que el incendio de Sierra Bermeja ha sido provocado.

"Como han explicado los compañeros que están trabajando en Málaga, se trata de un incendio muy voraz con una velocidad de propagación muy rápida que libera unas cantidades de energía tremenda, lo que está generando una meteorología asociada", señala Raúl de la Calle, que considera que estamos ante uno de los incendios más graves y difíciles de extinguir que hemos sufrido en nuestro país en los últimos años.

Esa meteorología asociada al propio incendio, explica, "provoca un pirocúmulo, que es como una nube en forma de seta que se genera por la gran energía que libera. Calienta el aire hacia arriba, formando una columna por la que suben pavesas (brasas en movimiento) que se pueden desplazar. Si esa nube se desestabiliza por el viento ese material puede caer en los alrededores provocando focos secundarios que pueden atrapar a los equipos de extinción y a los habitantes de las zonas cercanas, por lo que son extremadamente peligrosos".

"En Málaga hemos visto diferentes momentos en los que el puesto de mando ha decidido retirar los equipos de extinción porque no podían garantizar su seguridad. Y esto es lo que ocurre con este tipo de incendios, que no tenemos capacidad para abordarlos porque pueden generar nuevos fuegos a las espaldas de las personas que están trabajando para extinguirlo".

De momento van casi 8.000 hectáreas calcinadas aunque para valorar la gravedad de un incendio la superficie arrasada no es siempre el elemento más importante, ni un incendio que haya quemado una gran superficie es necesariamente de sexta generación. Se considera que un gran incendio es el que calcina más de 500 hectáreas. En el que hubo este verano en Navalacruz (Ávila) se han perdido nada menos 12.000 hectáreas pero por sus características no entra dentro de la categoría de incendios de sexta generación, según precisa De la Calle. El año pasado, añade, "tuvimos un incendio muy importante en Huelva que superó las 10.000 hectáreas, pero la situación fue distinta y no llegó a estar fuera de la capacidad de extinción".

Sí podría entrar en la categoría de incendios de sexta generación el que sufrió Gran Canaria en 2019, el más grave de aquel año en nuestro país, en el que ardieron unas 12.000 hectáreas: "No tuvo la voracidad continuada que está teniendo el de Málaga pero, al igual que está pasando ahora, hubo problemas por la meteorología y las pendientes, y también quedó fuera de la capacidad de extinción de los equipos en alguna fase- Hay momentos en los que no se puede hacer nada, excepto esperar a que tenga alguna debilidad, que haya una meteorología favorable o que disminuya la velocidad de propagación porque son monstruos, fenómenos extraordinarios", asegura.

"En España hemos sufrido muchos incendios, pero hasta ahora no habíamos vivido estos episodios tan extremos, con un comportamiento tan virulento debido a las condiciones motivadas por el cambio climático, que se unen a una serie de problemas estructurales en el territorio que arrastra el campo desde hace décadas como el abandono del medio rural y la ausencia de gestión, y que están haciendo que este tipo de incendios se estén empezando a dar en nuestro país", señala por su parte María Melero, de la organización conservacionista WWF.

Según relata esta especialista en bosques, el incendio de Málaga "está afectando a una zona de alto valor ecológico en la que destaca el ecosistema de pinsapar, aunque naturalmente la prioridad ahora es la extinción y proteger a la población, pues no estamos sólo ante una catástrofe ambiental, es también una catástrofe social y estamos viendo las repercusiones que tienen los incendios para la vida de las personas", reflexiona.

La región mediterránea

Aunque son un fenómeno relativamente reciente, De la Calle asegura que "los megaincendios son cada vez son más habituales; cada año que pasa los vemos en lugares donde no te los esperabas, en Siberia, en el norte de Europa, en todo el arco mediterráneo".

Y es que el área mediterránea, una región que según los científicos del clima del IPCC -el grupo de expertos de cambio climático vinculado a la ONU-, es una de las que más sufrirá los efectos del cambio climático, está empezando a ser vulnerable a estos incendios de sexta generación, como muestra la tragedia en la zona costera de Ática (Grecia), en julio de 2018, que provocó un centenar de muertos, o los fuegos que sufrió Portugal en 2017 en el centro y norte del país, que se saldaron con 109 fallecidos. Al igual que ocurrió en Chile en 2017, en uno de los focos principales de Portugal se perdieron 8.300 hectáreas en solo una hora y media.

"Cada vez hay más biomasa acumulada en el campo, así que hay que fomentar la gestión forestal porque en España aún no existe una cultura del riesgo; las Baleares y Levante son un ejemplo y también la Costa del Sol ha sufrido otros incendios en el pasado", señala De la Calle, que recuerda que aunque en nuestro país están reguladas las zonas de alto riesgo de incendio forestal y hay planes de prevención, éstos no siempre se ejecutan. Asimismo, alerta sobre la proliferación de urbanizaciones en zonas de alto riesgo, en ocasiones con una única entrada y salida.

"Sabemos que en muchas zonas el incendio va a llegar tarde o temprano", advierte De la Calle, que asegura que "ahora se está cocinando el megaincendio del año que viene".

Para María Melero, estos incendios son "una oportunidad para que junto a las administraciones hagamos una reflexión sobre lo que se ha hecho hasta ahora en política de prevención. Este tipo de incendios son una emergencia social", asegura.


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