Luis Enrique-Tassotti: un codazo a la inocencia pero sin ánimo de venganza
23:48
4 Julio 2021

Luis Enrique-Tassotti: un codazo a la inocencia pero sin ánimo de venganza

La semifinal contra Italia invoca la agresión al seleccionador, en 1994. Relato de la cohabitación de aquella selección a contraestilo, la prensa y los famosos en el Mundial, y el papel del asturiano.

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Senén Cortegoso es un tipo cercano, afable, con ese galleguismo que tanto tiene de sabiduría. El fútbol lo sacó de la medicina pública, de Pontevedra a Tenerife, por unos meses que fueron años. Hablaba con nosotros, los periodistas, en un tiempo en el que no se desconfiaba de los periodistas como ahora. Hablaba en el desayuno o en las copas, porque todos convivíamos en un resort a las afueras de Chicago, no sin las tensiones que tanto necesitaba el líder de aquella selección a contraestilo. La mejor definición la encontré en Morten Olsen, ex seleccionador danés: "España hace peores a los contrarios". Luis Enrique formaba parte de la ceremonia de la tensión de Javier Clemente. Suplente en el Real Madrid, era titular en una selección ya sin futbolistas de la otoñal Quinta del Buitre.

Como ahora, una parte del madridismo recelaba de aquella España, al entender las decisiones del seleccionador como una usurpación. Luis Enrique, impulsivo y obtuso, en eso no ha cambiado, se sentía incomprendido en el Bernabéu, pero era imberbe e inocente. Senén Cortegoso fue quien recogió sus sueños rotos por el codazo de Mauro Tassotti, en el Foxboro Stadium de Boston, el 9 de julio de 1994. El cruce en semifinales de la Euro entre España e Italia invoca la palabra 'vendetta', en italiano, pero se trata de una palabra para el periodismo. No hay venganza en el ánimo de Luis Enrique, sólo ilusiones recobradas después de saber que la vida, la puta vida, golpea mucho más fuerte a los más inocentes.

Luis Enrique es atendido por Senén Cortegoso, en Boston, en 1994.Luis Enrique es atendido por Senén Cortegoso, en Boston, en 1994.EFE

"Quería matar al árbitro y a Tassotti. Estaba descompuesto", explicó los siguientes días Senén Cortegoso, al que inmortalizó la imagen con su mostacho a lo Íñigo mientras secaba la sangre de Luis Enrique. "Al manipularle la nariz, noté el 'cra, cra...' Se le colocaban los cartílagos y los huesos". En el intento de calmarlo, el asturiano y el fisio cayeron al suelo: "Es que me costó controlarlo, estaba fuera de sí. Era fuerte y valiente". "No hay duda de que fue penalti y expulsión -añadió-, pero no pitaron nada. El vestuario era un tanatorio".

La acción de Tassotti se produjo dentro del área italiana, cuando el resultado era de 2-1 favorable a los 'azzurri'. El húngaro Sandor Phul no atendió a las protestas de los españoles ni consultó al juez de línea que tenía una visión directa de la acción. La Italia dirigida por Arrigo Sacchi pasó a semifinales y a la final, donde cayó en los penaltis frente a Brasil. Fallaron Roberto Baggio, verdugo de España en Boston, y Baresi. Los 11 metros suelen conducir al cadalso de la aristocracia. Que se lo pregunten a Mbappé.

"El codazo hundió mi carrera"

A pesar del dolor de aquella acción, las consecuencias fueron mucho peores para Tassotti o Phul que para Luis Enrique, al que aguardaba una larga carrera. La vieja FIFA de Joao Havelange hizo gala de su doble moral, al actuar de oficio contra Tassotti, al que sancionó con ocho partidos, pero premió a Phul con una semifinal y la final. El poder siempre se protege. No obstante, tres años después, el húngaro dejó de reflejar una agresión en el acta de un partido entre Feyenoord y Manchester United, y la UEFA lo sancionó con un año de inhabilitación. Tassotti, miembro del gran Milan de los 90, perdió la oportunidad de jugar la final de un Mundial a los 34 años y no volvió a vestir la azzurra: "Hundió mi carrera, me he arrepentido siempre".

La gente del Milan, el club de su vida, protegió a Tassotti en su ostracismo. Fue asistente de Carlo Ancelotti y cuando Andrei Shevchenko inició su carrera en los banquillos, se acordó de su amigo. Es el segundo técnico de Ucrania. Ese puesto propició el reencuentro con Luis Enrique, en la Liga de Naciones. El español tomó la iniciativa y fue a saludarlo, un gesto que, según dijo Tassotti, fue reparador para su conciencia.

La amistad de Míchel, el descartado, y Luis Enrique

Estados Unidos, en 1994, fue mi primer Mundial, después de haber seguido la construcción de una España irreverente pero excepcionalmente competitiva. Como sucede actualmente, respondía al carácter de su líder. No en vano, existe empatía entre Luis Enrique y Clemente. "Dejé de llamar a Míchel y puse a Luis, y me daban hostias por eso", afirma el vasco, al que no sentó muy bien que TVE fichara al madridista para comentar los partidos junto a José Ángel de la Casa, al que le une una gran amistad. Lo mismo sucedía con Luis Enrique, que a menudo se quedaba en casa de Míchel, la parte del Madrid que nunca ha querido olvidar. Clemente colocó al asturiano en la izquierda, delante de Sergi. Antes de jugar con la Alemania campeona, en la primera fase, Berti Vogts dijo: "España tiene la mejor banda izquierda del Mundial". Empataron (1-1).

En la selección cohabitaban personajes clave en el futuro del fútbol español en muchos sentidos. Pep Guardiola, que no jugó contra Italia, formaba parte de la conciencia crítica junto a Txiki Begiristain. Fernando Hierro se refugiaba de sus problemas en el Madrid, como Santi Cañizares, clave en el partido que dio el billete para ese Mundial, ante Dinamarca en Sevilla, y titular en el primer choque, ante Corea, bajo el calor de justicia de Dallas. Andoni Zubizarreta acababa de ser despedido del Barcelona tras la debacle de Atenas, apenas dos meses antes. Julen Lopetegui, el tercer portero, fue el único que no jugó ni un minuto, junto al díscolo Juanele.

"Julito, tú no eres Van Basten"

Clemente necesitaba a la prensa cerca, aunque sus cafés no eran café para todos. Los no invitados tomaban notas escondidos tras las columnas. Había sosa cáustica no sólo para los periodistas, también para sus futbolistas. "Julito, deja eso para Van Basten y tú a lo tuyo", decía a Julio Salinas cuando probaba chilenas en los entrenamientos. La guerra de las radios era de verdad, no de serie, con José Ramón de la Morena sobre el terreno y García a los mandos desde Madrid. El joven Luis Enrique vetó a los dos cuando un narrador dijo: "Luis Enrique es más inútil que la primera rebanada del Pan Bimbo".

Garci, Alfredo Landa y Paco de Lucía

José Luis Garci acompañaba a Míchel, Alfredo Landa se acercaba a la concentración con gafas de sol después de madrugadas de jazz en Kingston Mines y Paco de Lucía congregaba a parte de los españoles en el Festival de Ravinia. Llegaron los cuartos, Boston, y hasta allí fuimos todos, una tribu heterogénea y no bien avenida, pero con hormigueo en el estómago. Sentado en la tribuna, me tendieron la mano: "Soy Vicente Verdú". El fallecido escritor me habló del relato que quería construir para El País, atraído por las contradicciones de aquella selección. Un codazo lo hizo pedazos. No creo que hoy escribiera de vendetta. Al ver jugar a esta España irregular pero efervescente y a esta Italia ambiciosa y trepidante, que trazan su camino sin la servidumbre a las grandes vedettes ni a los grandes clubes, pensar en venganza es pensar en negativo frente a quienes lo hacen en positivo.


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