Luis Tosar: ''El asesino de Juan Mari Jáuregui mostró mucha valentía pidiendo perdón a Maixabel''
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25 Septiembre 2021

Luis Tosar: ''El asesino de Juan Mari Jáuregui mostró mucha valentía pidiendo perdón a Maixabel''

El actor entrega una de sus mejores interpretaciones dando vida a Ibon Etxezarreta, el asesino de Juan Mari Jaúregui en 'Maixabel'.

Luis Tosar siempre ha demostrado valentía en los papeles que escoge. No se achanta ante los retos, y ha demostrado con mucho trabajo ser uno de los mejores actores españoles que hay. Pero de todos los retos que ha acometido en su carrera, puede que el de Maixabel sea uno de los más complicados. Icíar Bollaín confió en él para una misión que no estaba a la altura de todos, la de interpretar a Ibon Etxezarreta, uno de los asesinos de Juan Mari Jáuregui. La película cuenta los encuentros que la viuda de Jáuregui tuvo con dos de los etarras tras mostrar su arrepentimiento y pedir perdón.

Una película valiente, honesta, y en la que Bollaín apuesta por mirar al futuro y por escuchar a todos. Una película para la que Tosar habló con Etxezarreta en una composición que corta la respiración. Su encuentro en la ficción con Blanca Portillo, que interpreta a Maixabel, es uno de los momentos más sobrecogedores de la ficción de este año.

Cómo ha sido interpretar esta película, porque como espectador te arrolla emocionalmente.

Pues a nosotros nos ha arrollado durante más tiempo, porque hemos estado semanas metidos intentando levantar esta historia tan arrolladora. Y tuvimos la suerte de contar con los personajes reales que inspiran los hechos que contamos y que se han brindado de una forma muy generosa a contárnoslo en primera persona y darnos ese material tan sensible para intentar colocarlo en una ficción. Más concentrado en el tiempo, más sintetizado, pero con la intención de que fuera lo más emotivo posible.

¿Cómo ha sido preparar este personaje escuchando un testimonio como el de Ibon, el etarra que asesinó a Juan Mari Jáuregui?

Si echo la vista atrás creo que nunca había tenido la oportunidad de entrevistarme con alguien a quien iba a interpretar. Que se brindara a contarte su experiencia para mí fue sobrecogedor. La noche anterior de ver a Ibon no pude pegar ojo. Iba a conocer a alguien que ha estado en lugares que yo ni remotamente me voy a acercar, por mucho que pueda intentar imaginarlos, y él los ha vivido. Es alguien que ha sido completamente diferente a quien es ahora y que ha dado un giro radical y ha pasado del horror a un momento reparador, alguien que de alguna forma ha mostrado mucha valentía, un arrojo, tanto para coger las armas en su momento por un ideal que ahora le parece absurdo, pero mucha más valentía después para pedir perdón y enfrentarse a las víctimas que ha causado. Yo salí de esa reunión más excitado que cuando era un niño y salía del cine. Es uno de los momentos más impresionantes que he vivido en mi vida.

Contaba Icíar Bollaín que no viste a Blanca Portillo hasta que rodasteis la escena del encuentro entre Maixabel e Ibon, ¿cómo fue?

Todo lo que te cuente no va a hacer justicia. No hay algo que diga que pueda recrearlo. Se fue cociendo de mucho tiempo, y durante el rodaje no nos cruzamos. Nosotros nos habíamos conocido muchos años antes en un festival, pero desde entonces nunca habíamos coincidido, y esa idea que tuvo Blanca de preservar el momento y encontrarnos cuando se encuentran los personajes era ideal e Icíar supo aprovecharla y todos nos hicimos cómplices. Pusimos patas arriba a un equipo de rodaje y todos fueron muy generosos para llegar a un mo,ento en el que la ceremonia que se produjo fue el momento más espectacular que yo he vivido haciendo películas con mucha diferencia. Todos sabían que se iba a gestar algo ese día que era nuclear en la historia, y el respeto que recibí por parte del equipo y el momento de encontrarnos fue algo que está por encima de lo cinematográfico, está en otro lugar.

Icíar plantea preguntas antes de que estén en la agenda social. Lo hizo en Te doy mis ojos con la violencia machista y ahora con la convivencia en el País Vasco, que sigue siendo un tema tabú.

Sí, probablemente. Tiene esa capacidad de análisis que probablemente se anticipa a lo que empieza a ser ‘mainstream’ en el pensamiento social. Las ve venir y las pone en la palestra, y eso hace que uno empiece a observarlo más. Son cosas que ya están ocurriendo, pero una vez que se encarnan y se representan todos se hacen mas conscientes de ellas. Tengo la sensación, y me gustaría que con Maixabel ocurriera esto, que esta fantasía de que en Euskadi los victimarios pidan perdón a sus víctimas, al verlo representado se produzca una catarsis sanadora y estimule conciencias que han estado demasiado dormidas. Y hablo del entorno abertzale, de los victimarios, hay que hacer un esfuerzo porque las cosas avancen y eso pasa por mostrar arrepentimiento real y pedir perdón.

Uno tiene la sensación de estar ante una película importante.

Sí, desde que leí el guion supe que no podía decir que no, pero también en secreto a veces deseaba que no se levantara porque sabía que nos estábamos metiendo en un berenjenal muy gordo y teníamos que acercarnos con un respeto extremo, pero que había que hacerlo. Me lo decía Icíar el primer día, me decía, tenemos que hacerlo y hacerlo bien.

Siempre suena utópico, ¿pero puede servir de algo esta película?

Tiene la función representativa de algo que tiene que estar en otros ámbitos para que produzca el cambio, pero la representatividad la tiene. Una película no va a cambiar el mundo. Te doy mis ojos no cambio el tema de la violencia de género, pero se la hizo visible a gente que no era consciente hasta entonces y ojalá Maixabel haga eso y diga que hay un trabajo por hacer para el que piense que solo con el paso del tiempo las cosas se van a arreglar.

Parece que en España eso de mirar atrás nos da pánico.

Sí, es que tenemos muchos muertos en el armario y nos cuesta enfrentarnos a ellos, pero no queda otra. El tema de la memoria histórica es clarísimo. Cuando no hay valentía para afrontar lo que hemos sido, pues eso nos perseguirá de por vida. Hay que sentarse y encararlo. No es fácil, pero hay que tener voluntad de hacerlo. A medida que pasan generaciones es más difícil, parece que ya no va con nosotros, y eso es lo que puede pasar con la violencia de ETA, que la gente piense que ya no es un problema suyo, pero sigue asentado y la gente en el País Vasco tiene que convivir unos con otros.

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