Maduro reduce el Tribunal Supremo a su antojo
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31 Diciembre 2021

Maduro reduce el Tribunal Supremo a su antojo

El Supremo pretende reducir su composición, de los 32 magistrados principales y los 32 suplentes de la actualidad a un número menor, en torno a los 20

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Se trata de un clásico muy venezolano: maniobras de última hora y peleas políticas en el cierre del año que suelen provocar un enero muy caliente. En 2021 se repite historia y protagonistas, sólo cambian las tramas. El Parlamento democrático postergó la sesión extraordinaria prevista para imponer restricciones a la Presidencia encargada mientras el chavismo avanzaba sin freno en la reforma del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), principal martillo contra la oposición.

Se trata de un mandato directo de Nicolás Maduro, plasmado en una propuesta escrita por el presidente del TSJ, Maykel Moreno, hombre de confianza del Palacio de Miraflores que cuenta con un currículum preñado de sombras, incluida su condena por un par de homicidios de cuando fungía como policía político.

El "presidente pueblo" pretende acelerar la reforma del TSJ para ajustarlo aún más a su medida, como si ya no lo estuviera al 99%. El Supremo pretende reducir su composición, de los 32 magistrados principales y los 32 suplentes de la actualidad a un número menor, en torno a los 20.

Un movimiento que se produce cuando las negociaciones en México con la oposición están suspendidas por el propio Maduro, pese a los intentos de Noruega y de la comunidad internacional de reabrir los diálogos. La reforma del sistema de justicia era precisamente uno de los puntos clave que estaban sobre la mesa. Al tratarse de una decisión "parlamentaria" en el órgano chavista sólo participan los oficialistas y los partidos colaboracionistas.

El reacomodo de los jueces también está vinculado a la campaña emprendida hace semanas por el "hijo de Chávez" de cara a la reelección presidencial de 2024. Desde la creación de unos dibujos animados que tienen como protagonista a un supuesto superhéroe revolucionario, 'Superbigote', que lucha contra el imperio y defiende al pueblo hasta la creación de un villancico navideño forman parte de la misma estrategia del mandatario.

Maduro quiere vender ante el mundo su gesta judicial como una reforma en toda regla y como parte de la apertura que asegura encabezar. Eso sí, manejando a su antojo, como hasta ahora, al tribunal más importante del país. Como si se tratase de la versión chavista de 'Yo, el Supremo', la trascendental novela de Augusto Roa Bastos.

"Nos hemos encontrado casos donde la justicia no es justa y el que tiene para pagar encuentra mil maneras. Que este sea el inicio de la revisión profunda de todas las leyes que conforman el poder judicial", justificó Diosdado Cabello, número dos de la revolución, durante el pleno extraordinario celebrado ayer en el órgano parlamentario chavista.

El poder bolivariano pretende la misma operación, a la inversa, que realizó Hugo Chávez para controlar a los jueces. Otra "movida de mata", como dicen en Venezuela, llevó a cabo el propio Cabello en plenas Navidades de 2015 para imponer por adelantado las cadenas revolucionarias contra la recién elegida Asamblea Nacional (AN) con mayoría opositora. El entonces presidente de la AN impuso con nocturnidad, alevosía y, sobre todo, de forma inconstitucional a 13 magistrados de militancia chavista o muy cercanos al régimen.

En el vodevil bolivariano con el que el chavismo pretende engañar a la Corte Penal Internacional (CPI), que investiga a sus altos cargos por crímenes de lesa humanidad, Cabello incluso se sorprendió ayer que civiles sean juzgados por tribunales militares, pese a que ya ocurrió durante las protestas de 2014, 2017 y 2019.

"La reforma propuesta para el TSJ es inconstitucional. El Parlamento no tiene competencia para modificar la Constitución. Ni siquiera una Constituyente, es indispensable un referéndum", advirtió desde el seno del chavismo el antiguo fiscal general y ex vicepresidente Isaías Rodríguez.

Todo ello sucede con la vigilancia de Maduro, quien también tiene tiempo para amplificar las diferencias en la oposición. "Ahí la ultraderecha tomó una decisión, ni se entiende. En el país de Narnia no tiene límite la estupidez política. Destruyeron al país, promovieron las sanciones e incitaron a la invasión del país", pontificó el "hijo de Chávez" tras hacerse público que la presidencia encargada proseguirá un año más, pese a sus intentos manifiestos de acabar con ella. El "presidente pueblo" incluso calificó al presidente encargado como "bobolongo", uno de los insultos que más utiliza contra él.

Las declaraciones de Maduro llegaron cuando ni siquiera se conocía el alcance de las limitaciones que la Presidencia interina puede sufrir en su desafío contra el régimen bolivariano. Las distintas propuestas, una vez fracasado el intento de desaparecerla, que defienden el ex canciller Julio Borges y el ex candidato presidencial Henrique Capriles, se debaten a contrarreloj y en medio de un forcejeo público y privado.


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