Manu Merillas, el corredor que vivía solo en una caravana en un pueblo abandonado de León y encontró el amor
14:20
25 Agosto 2022

Manu Merillas, el corredor que vivía solo en una caravana en un pueblo abandonado de León y encontró el amor

Durante tres años estuvo en cuatro metros cuadrados sin tele ni cobertura. Conoció de excursión a otra montañera y acaban de ser padres. Su estilo es peculiar: corre con un Casio, riñonera y unos bastones que fabrica él mismo. Este jueves es uno de los favoritos en la carrera más corta de la UTMB, de 'sólo' 56 kilómetros

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Manu Merillas, corredor de montaña, que se lesiona en el Aquiles y harto de todo se va con su caravana a vivir a un pueblo semiabandonado, La Cueta, en León, a 1.460 metros de altitud, donde sólo tiene siete vecinos, la familia que regenta el bar, el único negocio en la zona. En cuatro metros cuadrados, toda una casa: una cama, una cocina, el fregadero, el baño, la luz, la calefacción y ya está. No hay tele, no hay radio, no hay cobertura de teléfono. Si quiere llamar debe subir a la montaña, 500 metros de desnivel.

Merillas, que apenas tiene 26 años, pasa los días estudiando para ser guía de montaña y, cuando el pie se lo permite, recorriendo todos los rincones de la Cordillera Cantábrica, primero en bicicleta de montaña y luego corriendo o esquiando. Es una vida de asceta. Con la única compañía de su perro Zar, sube a picos, los baja, recorre kilometradas y luego regresa a su caravana, donde apenas gasta. La caravana es autosuficiente y la comida, de vecinos o de los tuppers que trae su madre cuando le visita. Excepto a ella o a los dueños del bar, puede tirarse meses sin ver a nadie. Pero un día, ay, un día.

En la montaña, cómo no, conoce a una chica, Claudia Díaz, también montañera, dueña de un perro muy parecido a Zar, que le comenta que quiere conocer el Monsacro y él se ofrece a acompañarla. Charlarán, se conocerán, saldrán durante un tiempo hasta llegar a hoy: ahora Merillas y Díaz son padres de un bebé de pocos meses, Nel, y viven juntos en La Cueta, sí, pero ya en una casa, no en la caravana que el corredor abandonó hace un par de años después de tres en su interior.

Con tele, con radio y hasta con internet de alta velocidad, recién instalado en el pueblo, la familia disfruta de la crianza mientras Merillas explota a nivel internacional. Este año, a los 31, ya olvidada aquella lesión en el Aquiles, ha sido tercero en la Zegama, segundo en la Stranda Fjord Race noruega y ahora encara la OCC, la carrera más corta del festival UTMB que se celebra esta semana en los Alpes, de 'sólo' 56 kilómetros y 3.500 metros de desnivel, como uno de los favoritos. La vida, cómo cambia.

"Me centré en hacer lo que me gustaba"

"La verdad es que en los últimos dos años me ha cambiado la vida totalmente", reconoce a EL MUNDO en Chamonix en las horas previas a la prueba. Merillas relata su historia con alegría, más su tiempo solo en la caravana en La Cueta, que no considera un periodo oscuro. En absoluto. "Aquello me hizo reenfocar mis prioridades. Fueron tres años en los que me entrené para la vida, en todos los sentidos. Como corredor me dejé de enfocar en lo que querían las marcas y me centré en hacer lo que me gustaba, sin depender de nadie", apunta Merillas, muy estimado -y odiado- en el trail por su estilo.

Ni relojes con cinco satélites, ni chalecos con soft flask, ni bastones de fibra de carbono: Merillas entrena con un reloj Casio barato, una riñonera que le cosió su madre hace años y los bastones de bambú que se fabrica a mano. Suele ser bastante crítico con la introducción de la tecnología en la montaña y, de hecho, eso, unido a su escasa apetencia por los eventos y las redes sociales, le han costado numerosos sponsors. Ahora sólo trabaja con aquellos que le dan una libertad total, sin ataduras, como la italiana Scarpa.

"También he cambiado un poco en ese sentido en los últimos tiempos. Claudia también me ha ayudado mucho en ese sentido. Me ayuda a moverme por las redes sociales, por ejemplo. Aunque yo no me voy a vender por el marketing. Soy de la vieja escuela, creo que tendemos a complicarnos demasiado en el monte. Si viene una marca de bastones y me ofrece un pastizal para que lleve fibra de carbono lo haré, pero tendría que ser tanto como para jubilarme poco después: si no, yo no aparco mis palos", asegura Merillas, con el perfil más montañero de entre todos los corredores de montaña del mundo.

Criado en Páramo del Sil y Valseco, también en El Bierzo, más cerca de Ponferrada, aprendió a manejarse por el monte gracias a sus familiares ganaderos, pero quiso ser karateka o futbolista hasta que a los 17 años conoció el mundillo de la las carreras de montaña. Su lugar. Mientras estudia FP de mecánica e incluso después, cuando entró en el Ejército, siguió corriendo y a partir de los 21 logró resultados, como sus victorias en la Travesera de Picos de Europa o su primer podio en Zegama. La lesión le truncó entonces un rápido ascenso, pero le permitió empezar una nueva vida. Una vida solitaria, una vida modesta, una vida de aprendizaje y, finalmente, una vida llena de amor. La vida, cómo cambia.


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