Manuel Castells, décimo ministro de Sánchez que sale sin consumar sus reformas
15:09
17 Diciembre 2021

Manuel Castells, décimo ministro de Sánchez que sale sin consumar sus reformas

Soñó con americanizar la universidad española y librarla de endogamias y burocracia, pero ha acabado sin rematar su proyecto. Le sustituirá en el cargo Joan Subirats

Universidades Manuel Castells abandona el Gobierno con su reforma educativa a medio hacer y le sustituye Joan Subirats Nuevo ministro Joan Subirats, el catedrático que saltó del maragallismo exquisito a dirigir el populismo de Colau

Manuel Castells, el verso suelto del Gobierno, renunció ayer a la cartera de Universidades en una decisión tomada por recomendación de su médico. Es el décimo miembro del Gobierno de coalición que sale antes de tiempo y desaparece sin sacar adelante todas las transformaciones prometidas. Tras apenas dos años en el cargo, deja una controvertida reforma universitaria a medio hacer y censurado por rectores, profesores y estudiantes.

A Castells, propuesto por los comunes de Ada Colau, le relevará Joan Subirats, que fue concejal de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Barcelona, según adelantó eldiario.es y confirmó EL MUNDO. Si bien Subirats es un perfil que sigue la estela de Castells en cuanto a formación y bagaje académico, se espera más protagonismo y pulsión que el recabado por el sociólogo y economista, profesor emérito en Berkeley, que soñó con americanizar la universidad española y librarla de endogamias y burocracia, pero acabó sin rematar su proyecto.

Su caso es parecido al de Carmen Calvo (dejó pendiente la Ley de Memoria Democrática); Juan Carlos Campo (concentrado en los indultos, no pudo hacer la renovación del CGPJ ni la reforma del Código Penal); Pablo Iglesias (muy criticado por su inacción durante la pandemia, apenas alcanzó a ultimar la Ley de la Infancia); José Luis Ábalos (la Ley de Vivienda aún no se ha aprobado y el caso Plus Ultra le persigue); José Manuel Rodríguez Uribes (en el debe tiene la Ley de Patrimonio y el Estatuto del Artista); Pedro Duque (lo mismo con la Ley de Ciencia); Salvador Illa (cuestionado durante la pandemia); Arancha González Laya (caída en desgracia tras el caso Ghali)... Sólo Isabel Celaá llegó a aprobar la Lomloe, pero quedaron a medias la Ley de FP y los desarrollos legislativos. La sensación de gestión interrumpida por la crisis de Gobierno hace cinco meses se repite ahora, aunque esta vez sea quirúrgica y se limite a sustituir a Castells.

Dardo al PP

Pese a su trabajo incompleto y su bajo perfil, Pedro Sánchez quiso agradecer su "trabajo y la dedicación", añadiendo que la "admiración que ya sentía por el profesor Castells es ahora mayor por verle trabajar desde su visión cosmopolita de la universidad y su experiencia intelectual".

El jefe del Ejecutivo, en una declaración este viernes desde La Moncloa sin admitir la presencia de la prensa ni preguntas, ha aprovecha su elogio a Castells para arremeter de manera implícita contra el PP -tras el choque de Casado, con un "coño" por medio, con Sánchez-, al desgranar que la cercanía, la empatía, el diálogo y el respeto deben seguir siendo las máximas de su gabinete para dignificar la actividad política y fortalecer las instituciones democráticas. Y hacerlo, ha expuesto, "con buena educación, con serenidad y con responsabilidad en el desarrollo de la representación" que tiene cada uno.

Las fuentes consultadas explican que Castells comunicó hace unos días su decisión al presidente, Pedro Sánchez, y a la vicepresidenta, Yolanda Díaz. El médico le había prohibido viajar y exponerse a estrés, precisamente en el momento de mayor tensión en su Ministerio, pues su Ley Orgánica del Sistema Universitaria (Losu) estaba haciendo agua. Ni los estudiantes, a los que tanto había mimado, confiaban ya en él y precisamente ayer le organizaron una huelga en los campus catalanes, secuela de unos paros que desde noviembre fueron alimentando el descontento universitario.

Ese mes los rectores también escenificaron un plante en el Consejo de Universidades, una protesta sólo comparable a la que le hicieron a José Ignacio Wert en 2012, y acusaron al ministro de «desmembrar el Estado». Al mismo tiempo, Madrid, Cataluña, Murcia, Galicia, Andalucía y Castilla y León pedían la retirada de la Losu en la Conferencia General de Política Universitaria.

Rechazo a su gestión

La gota que ha colmado el vaso ha sido la falta de respaldo de la Generalitat y de los rectores catalanes -muy importantes para él-, que censuraban que hubiera pasado de permitir los grados de tres años a vetarlos de un día para otro. El establishment tampoco le ha perdonado que eliminara el requisito de ser catedrático para aspirar a rector y que pretendiera desfuncionarizar los campus. Y se ha vivido como una auténtica deslealtad que el PSOE y Unidas Podemos se plegaran a ERC y cambiaran a última hora la Ley de Convivencia Universitaria para blindar los escraches independentistas y borrar páginas enteras sobre la mediación. Esta malograda norma prácticamente ha sido la única promesa llevada a término, junto al Real Decreto de Creación de Universidades y a las mejoras para ampliar las becas y reducir el precio de las matrículas universitarias.

Se le reconoce, eso sí, como «un buen aliado» durante la gestión de la pandemia, pues logró arrancarle fondos al Gobierno, pero las fuentes consultadas creen que su forma de gestionar y la redacción de la Losu fue «equivocada», fruto «posiblemente de Podemos o de su ingenuidad», lo que «le llevó a una situación muy difícil de salvar».

Sánchez tenía una buena relación con él y le tenía estima por su currículo académico, aunque en el Gobierno eran conscientes de su nulo peso político y su nulo protagonismo. Incluso en Unidas Podemos estaban sorprendidos por la poca interlocución que mostraba. En Moncloa hace tiempo que se daba por amortizado. Se era consciente de que su actividad y predisposición, más que sumar, restaba.

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