Messi da la bienvenida a Griezmann en un Barcelona con el viento de cara
21:06
9 Enero 2021

Messi da la bienvenida a Griezmann en un Barcelona con el viento de cara

El argentino, bigoleador en Granada, disfruta de su nuevo hábitat junto al francés, también autor de dos tantos ante un Granada que protestó la actuación arbitral

Hacía tiempo que se había instalado en el Barcelona una de aquellas corrientes de opinión con regusto a venganza: con Messi, la reconstrucción es imposible. Era el futbolista que no corría, sino que caminaba. El que miraba a los compañeros con mala cara. El que se escondía en la dificultad. El que se olvidó de marcar faltas. El egoísta que, harto de perder, quería por fin huir. Se apuntaron a esa teoría voceros del antiguo régimen, encorbatados de ropa apolillada con ansias de poder mediático, algunos arribistas de nuevo cuño, y una buena turba que ríanse de los despojos del trumpismo. Resulta que Messi, a sus 33 años, es ya el Pichichi del campeonato (11) tras apuntarse dos goles más en Los Cármenes. Que las faltas dejaron de ser un tormento. Y que el Barcelona, el de ayer, el de hoy, y el de mañana, sólo tiene sentido con Messi embutido en su camiseta. [Narración y estadísticas]

El viento ya viene de cara, algo que comienza a advertir un Barcelona que enhebró tres victorias por primera vez esta temporada, cuatro en sus últimos partidos a domicilio. Semejante registro, no hace tanto, era una entelequia. Messi no sólo está tutelando a Pedri, sino que comienza a disfrutar de ese nuevo hábitat junto a Griezmann y Dembélé que ha cambiado la cara al equipo.

Incluso ve el Barcelona cómo las acciones polémicas comienzan a resolverse a su favor. Ricardo de Burgos Bengoetxea, árbitro principal en Los Cármenes, terció en tres de los goles azulgrana. Acertó en dos de ellos. Erró con estrépito en uno. Y dejó al Granada con diez por una rigurosa expulsión de Vallejo tras un mal control de Braithwaite, ya con 0-4 y a 12 minutos del final.

Recapitulemos. Amaneció el Barcelona en la cuna de Ter Stegen, cuya mano izquierda de granito evitó el gol inaugural de Puertas. Estaban los de Koeman aún desconfiando de su centro de la defensa -Umtiti acompañó a Mingueza tras la lesión en el calentamiento de Araujo y la sanción de Lenglet- y dándole vueltas a la derrota sufrida la temporada pasada en Los Cármenes cuando una acción aparentemente irrelevante permitió su despegue.

Un córner en corto acabó en las botas de Busquets. Éste buscó el pase interior a Griezmann, que aguardaba en fuera de juego. Antes de que le llegara la pelota al francés, sin embargo, a Soldado se le ocurrió meter la pierna y despejar hacia donde estaba, sí, Griezmann. Ello invalidó la infracción. El azulgrana no tuvo más que embocar y el árbitro, conforme por el VAR, nada opuso.

La mano de Busquets

Sí se equivocó De Burgos Bengoetxea en la acción en la que Messi, con una caricia a la escuadra, firmó el 0-2. Si bien es cierto que la última normativa sólo permite que se anulen goles por mano cuando la infracción se produce justo antes de que se materialice el tanto, el árbitro erró al no castigar a Busquets por llevarse la pelota con la palma en el centro del campo en el origen de la jugada. Diego Martínez, técnico del Granada, respondió con un botellazo en el banquillo.

Nada hubo que objetar al tercer tanto del Barcelona, cuando Pedri fue derribado en la frontal mientras el juego se desarrollaba unos metros más allá. Fue entonces cuando Messi pidió la vez y puso fin a la mala racha con los libres directos. Neva, que se había tirado al suelo tras la barrera haciendo uso de esas extrañas tretas creadas para ponerle la vida más difícil al rosarino, fue quien mejor vio el gol. Messi no tuvo más que dirigir su disparo, raso, por el hueco creado entre Busquets y Mingueza. El meta Rui Silva, pese a que la pelota entró por su palo, ni se inmutó.

Sentenciada la tarde, el Barcelona se dispuso por fin a disfrutar de la jornada. Su segundo acto mejoró al primero. Koeman se permitió conceder descanso a sus tres piezas capitales, Messi, De Jong y Pedri. Le dio un poco de cuerda a Pjanic, olvidó por un rato su antipatía por Riqui Puig, y disfrutó como un niño del segundo gol de Griezmann, eficiente tras asistencia de Dembélé.

El Barcelona comienza a dejar atrás sus miedos. Y vuelve a confiar en Messi. No hacerlo le condenaba a la nada.


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