Messi derrota al tedio
21:24
24 Febrero 2021

Messi derrota al tedio

El argentino, con dos goles y precursor de un tercero, lidera el discreto triunfo del Barcelona frente al Elche.

Donde no llega el fútbol lo hace Messi. El Barcelona, cada vez con menos verdades en las que creer, sumido en una extraña sensación de desasosiego que le impide transmitir alegría alguna, gasta su último aliento atado al botín izquierdo del rosarino. Marcó dos goles e intervino en el tercero en el burocrático triunfo frente al Elche, con quien tenía aún pendiente el partido de la primera jornada de Liga. Pero ni siquiera la victoria, al final clara, despertó optimismo alguno. La noche acabó con Griezmann fallando ocasiones clamorosas y Umtiti quejándose de los músculos.

[Narración y estadísticas]

La primera parte mostró buena parte de los males que martirizan al Barcelona. Los jugadores no se relacionaban a partir del balón. Porque no les unía el juego, sino la angustia y el desánimo. La pelota vagabundeaba arrastrando las costuras sobre el césped. Los futbolistas se mostraban incapaces de darle cuerda porque siempre necesitaban dos, tres, cuatro toques antes de sacársela de encima de cualquier manera. La vida debe ser algo así como el tiempo que necesita Pjanic para soltar el balón. No había manera de interpretar los espacios. Nadie buscaba desmarques. Nadie presionaba la salida rival.

Estaba acabando ese acto inaugural, insoportable, cuando Koeman no pudo más y cayó a plomo contra su butaca. Las soluciones que había buscado para revitalizar a su equipo tras el desastre frente al PSG y el tratado de impotencia contra el Cádiz en nada mejoraron al equipo. Salieron del once un buen puñado de sospechosos (Sergiño Dest, Lenglet, Busquets, Dembélé y Griezmann) para que asomaran no tanto canteranos (sólo Mingueza se hizo con un hueco) sino Umtiti, Pjanic, Braithwaite y Trincao. El problema lo tendría Koeman en la nueva disposición de piezas, condenada a desfigurar al equipo.

Pjanic y el descontrol

Pjanic y De Jong debían integrarse en una especie de doble pivote, que nunca acabó de serlo porque el bosnio se quedaba y el holandés se descolgaba. El descontrol fue absoluto. Pedri ejercía de falso extremo zurdo con todo el sacrificio del mundo. El extremo derecho debía quedárselo Trincao, a quien el portero Edgar Badia, siempre ágil, frenó en las dos claras opciones de las que dispuso. La segunda fue especialmente dolorosa para Trincao, que no supo cómo coronar una brillante acción en la que tumbó a dos defensores en el área. El luso, quizá frustrado, se apagó.

Todo el peligro azulgrana en esos primeros 45 minutos quedó resumido ahí. El nuevo Elche de Fran Escribá, en cambio, vivía en paz. Sin tener que recluirse como el Cádiz frente a su área. Y disponiendo, además, de una clara ocasión. La de Lucas Boyé en el mismo amanecer del partido y tras aprovechar el socavón dejado por Piqué y Umtiti en el corazón del área acabó, sin embargo, en nada. Ya no volvieron a inquietar los ilicitanos.

No le quedaba otra a Koeman que volver a sus hábitos de las urgencias. Es decir, eliminar centrocampistas y amontonar delanteros. Se había ganado Pjanic el purgartorio con creces. En su lugar ingresó Dembélé para que se hiciera con la orilla izquierda, retomando así el técnico aquel 4-2-3-1 con el que inició su obra de gobierno en el club.

La incursión de De Jong

Aunque el gol del Barcelona llegó como siempre. No como consecuencia del juego, sino gracias a la individualidad de turno. Acababa de comenzar el segundo tiempo cuando Messi se echó al monte por el carril central. Se encontró con que Braithwaite, sí, Braithwaite, reaccionó a la pared con el tacón. Y el rosarino, ya cayéndose ante la oposición de Mojica, aún pudo soltar el pie para llevar por fin el balón a la red.

Ese gol alivió por fin a los azulgrana, que fueron ganando tanto en precisión como en decisión ofensiva. La tuvo De Jong en su larga incursión hasta encontrar a Messi, que antes de picársela a Badia se deshizo silbando de dos rivales. También intervino el argentino en el tercer tanto, culminado por Jordi Alba en funciones de ariete tras la segunda asistencia del partido de Braithwaite. Poco opondría el Elche. No ha marcado un gol al Barcelona desde hace 42 años.

"El aburrimiento es intrínsecamente doloroso [...] y está asociado al dolor físico", dejó escrito Foster Wallace en El rey pálido antes de subirse a una silla y poner fin a todo. El mayor peligro que corre el Barcelona es aburrirse de sí mismo. O que lo haga Messi. Él tiene aún fuerzas para derrotar al tedio. A estas alturas parece increíble.


Etiquetas:  #Messi #derrota #al #tedio

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