Messi vence finalmente a Maradona: ya ningún argentino lo discute
22:18
15 Diciembre 2022

Messi vence finalmente a Maradona: ya ningún argentino lo discute

El ''¿qué mirás, bobo?'' que le soltó el delantero a un neerlandés le ha reconciliado con la afición que un día le criticó.

Mundial Argentina se entrega en cuerpo y alma a su selección para olvidarse por unos días de sus problemas

Lionel Messi sabe ya que se lleva de Qatar un triunfo, un título que durante toda su carrera se le negó. ¿La copa del mundo? Es una posibilidad muy cierta, pero había otro objetivo que se le resistía desde siempre: el afecto y la admiración unánime de los argentinos.

Si Messi fue y es extraordinario, sus compatriotas también: mientras los amantes del fútbol en 200 países deliraban en febriles sueños con verlo vestir la camiseta de su selección, en el sur de América unos cuantos millones de argentinos se dieron el lujo, año tras año, de despreciar, criticar y comparar, permanente y desfavorablemente, a Messi con Diego Maradona.

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Aquella televisión catalana que hace unos años salió a las calles de Barcelona a buscar gente que hablara mal de Messi estaba notablemente desorientada: de haberse tomado un vuelo a Buenos Aires se habría hecho un festín. En la capital catalana no encontró a nadie dispuesto a criticar al zurdo.

Hoy ya es tarde para que Argentina sea sede de ese sondeo malicioso. La combinación de su fútbol y de lo que dice y hace tras jugar al fútbol elevó a Messi a una posición inédita. A la altura de Maradona, o más arriba, pero sin la cansina y permanente comparación. Su nueva piel de futbolista, diferente al de la primera parte de su carrera, pero de fútbol notablemente pasional y efectivo, está fascinando a sus compatriotas.

"¿Qué mirá, bobo?"

La reacción de Messi tras la victoria por penales ante Holanda ejerció de catalizador definitivo. El "¿qué mirá, bobo? andá pallá, bobo" enloqueció a los argentinos, por varias razones: mostró un Messi visceral, capaz de plantársele a un gigante europeo de 197 centímetros, pero reveló también a un Messi profundamente argentino, un hombre que lleva dos tercios de su vida en Europa, donde llegó a los 13 años, y que no perdió un miligramo del acento de su país.

El "bobo" al holandés Wout Weghorst desató también un fenómeno comercial. Apenas una hora después de que la frase inundara las redes sociales y los medios de comunicación, el sitio de Mercado Libre, el Amazon argentino, ofrecía a la venta camisetas y tazas de café con la leyenda. Hoy, aquellos que decidieron aprovechar el momento están haciendo el negocio de sus vidas. Botellas, mates y versiones musicales en todos los géneros, siempre con el "bobo" resonando, son el día a día de los argentinos.

Argentinos que están redescubriendo una sensación olvidada, la de ser felices y estar orgullosos. El país de las crisis económicas permanentes, de la inflación del cien por ciento anual y de la pobreza por encima del 40 por ciento es también el país de la política tóxica de una batalla que ha ido generando un abismo ("grieta", lo llaman) al que caen las esperanzas de retomar aquel camino que llevó a la Argentina a ser una de las mayores historias de éxito en el mundo hace un siglo.

Cuando pase el Mundial, la realidad volverá a golpear, pero hoy no hay peleas políticas (nadie les prestaría atención) y los hinchas de equipos que en Argentina no pueden caminar juntos, porque el peligro de que se maten es real, saltan, cantan y celebran en masa en Qatar y en las principales ciudades del país.

Maradona y Scaloni

El éxito de Messi es también el del entrenador de la selección, Lionel Scaloni. Y eso trae el recuerdo de aquellos que demolieron al ex capitán del Deportivo La Coruña cuando asumió en forma interina el cargo de seleccionador nacional, y directamente lo trituraron cuando fue confirmado en el puesto. Muchísimos periodistas, pero también Maradona poco tiempo antes de morir.

"No tiene la culpa él de estar ahí, lo empujaron a esa posición. El problema es que se crea técnico Scaloni y quiera ir al Mundial, No, Scaloni, vos podes ir al Mundial de motociclismo, al de fútbol no. Me da mucha bronca que dependamos de alguien que no sé si tendrá título y dejemos que al Tata Martino se lo lleven los mexicanos".

La frase, como tantas otras de cualquiera que arriesga, fue aniquilada por la realidad. Scaloni sí tenía título, había estudiado en la escuela de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), pero además es mucho mejor entrenador de fútbol que de motociclismo. Y a Martino se lo llevaron los mexicanos, sí, pero ya está libre otra vez tras quedar fuera del Mundial en la primera fase.

Messi es un emergente de la gran crisis del 2001, esa que llevó a muchos argentinos a dejar el país, también a su familia. Maradona, que creció en condiciones muy humildes, era un genio de la palabra, dueño de un vocabulario notable y de un dominio de la expresión para quitarse el sombrero. Messi no, Messi es el hombre de las frases breves y sin atributos, un hombre que parece aún ignorar que "mierda" es una mala palabra, porque la repite en público sin cesar.

Pero es, también, un argentino humilde, oxímoron de envergadura. Maradona no lo era, precisamente, y la historia hoy se escribe así: la casa que el héroe de México 86 le compró a sus padres en el barrio porteño de Villa Devoto fue adquirida por un hombre de negocios. Allí, en el jardín y junto a la piscina, una pantalla gigante muestra los partidos de la selección. El público ingresa pagando entrada.

"No tiene mucha personalidad para ser líder", había sentenciado Maradona sobre Messi. Aquello fue en 2016. Seis años más tarde llegó una de esas interesantes vueltas de la vida: en la casa de Maradona se gritan los goles albicelestes y se idolatra a Messi.



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