Mo Katir, un bronce para su padre, que llegó en patera: ''Sufrió mucho para que yo esté aquí''
13:04
20 Julio 2022

Mo Katir, un bronce para su padre, que llegó en patera: ''Sufrió mucho para que yo esté aquí''

El medallista en los 1.500 metros le dedica al éxito a su progenitor, que primero le llevó a Huesca y luego a Mula, donde se crio y donde vive. ''Sé donde ir a entrenar'', dice sobre su ciudad, donde no hay pista de atletismo y se prepara en un descampado

Crónica Mo Katir devuelve a España a su exitoso pasado: bronce en los 1.500 metros del Mundial

"Se lo dedico a mi padre. Sufrió muchísimo para que yo estuviera aquí. Esta medalla es suya. Gracias a él me puedo dedicar al atletismo". Bronce al cuello, Mo Katir se quiebra un poco al hablar de su padre, es el único momento.

Hombre de pocas palabras, en zona mixta disecciona la carrera de los 1.500 metros, la analiza, la detalla, pero abrevia mucho cuando le preguntan por cualquier otra cosa, por su familia, por su vida. Sobre su abuelo, fan de Hicham El Guerrouj, aún viviendo en Alcazarquivir, su ciudad de nacimiento en Marruecos: "Siempre me habla de El Guerrouj para que no me lo crea, pero estoy seguro que para él soy el número 1". Sobre Mula, en Murcia, la ciudad donde se crio, donde vive y donde entrena en un descampado: "No hay pista de atletismo, pero estoy muy bien allí. Sé dónde ir a entrenar y voy mucho a Murcia y a Sierra Nevada".

Después de haber recogido su medalla en el podio del Mundial, Katir se dirige rápido a los vestuarios porque en apenas unas horas vuela hacia España, pero se frena para subrayar su dedicatoria. "Mi padre me enfocó al deporte, quería que fuera deportista, que disfrutara de cosas como ésta. Primero me apuntó a fútbol, pero no me gustó. Después al atletismo", comenta Katir, de 24 años, y, en la historia de su padre, la suya.

Mundial de atletismo

Mo Katir devuelve a España a su exitoso pasado: bronce

Antes incluso de que naciera Katir, su padre llegó a España en patera y se fue a trabajar a Huesca, donde pudo reunir a la familia cuando el medallista tenía ya cinco años. Hasta entonces, vivió con su madre en Larache, cerca de Alcazarquivir, aguardando, esperando. A partir de entonces, se formó como deportista. Primero en Huesca, donde jugaba como delantero en un equipo pequeño, el Siglo XXI oscense, y poco después ya en Mula, donde le descubrieron en una carrera escolar. Cristóbal Carlos Ramírez, presidente del Club Atletismo Mulasport, le vio con esa planta, tan largirucho, tan veloz, lo invitó a la entidad y se ofreció a entrenarle.

Allí destacó rápido, pero le faltaba el pasaporte. Lo pidió en 2015 por carta de naturaleza y ante el silencio administrativo aguantó, aguantó y aguantó sin competiciones hasta que lo recibió el último día de 2019. Desde entonces, ya a las órdenes de Gabi Lorente, técnico también del ochocentista Mariano García, es una estrella. Suyos son los récords de España de 1.500, 3.000 y 5.000 metros y suya pudo ser una medalla en los 5.000 metros de los Juegos de Tokio 2020 -fue finalista-.

"Ahora quiero más. Me voy rápido a España porque el domingo quiero concentrarme ya en Sierra Nevada para el Europeo. Quiero otra medalla en el Europeo", asegura un hombre sencillo, amante de la poesía, de Machado, con valentía también para escribirla. Un hombre, ante todo, sosegado. Como se pudo ver en su carrera.

"Vamos a disfrutar"

Pese al alto ritmo que impusieron los kenianos, Abel Kipsang y Timothy Cheruiyot, Katir se quedó en el último puesto del grupo y dejó hacer. Los africanos querían desgastar al favorito, el noruego Jakob Ingebrigtsen, y no tenía sentido entrometerse. No lo hizo. Y sólo en la última vuelta, lanzado por el británico Josh Kerr, recuperó plazas hasta superar a Kipsang y Cheruiyot en la curva final y subirse al podio. "Desde el principio me sentía muy fuerte, por eso me quedé atrás. Guardaba fuerzas, sabía que muchos bajarían al final y que tendría opciones", analizaba el tercero del Mundial por detrás de Ingebrigtsen, sí, pero también del británico Jake Wightman que, sorpresa, derrotó al noruego y se hizo con el oro.

"Antes de la carrera he hablado con [Miguel Ángel] Mostaza [su representante] y me ha tranquilizado. Me ha dicho que yo ya había hecho mucho, que batí récords de España, que tenía que creer en mí. He salido muy relajado. De hecho a mis compañeros les he dicho: 'Vamos a disfrutar'", anotaba Katir en referencia a Mario García Romo, que acabó cuarto, justo detrás suyo, e Ignacio Fontes, que fue undécimo. Con el medallista como puntal, los tres resucitaron este martes una tradición española en los 1.500 metros que parecía extinguida.

La historia que escribieron José Manuel Abascal, José Luis González, Fermín Cacho o Reyes Estévez. La concatenación de alegrías que se había parado en 1999, última medalla española en la distancia en un Mundial. La fábula de los brazos abiertos en los Juegos de Barcelona 1992 que hizo que muchos niños y muchas niñas se aficionaran al atletismo. Tantos hubo antes que él y hoy sigue Katir. Dedicado a su padre.


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