Modric, el as que sigue en el centro del campo, lanza al Madrid en Balaidos
12:52
21 Agosto 2022

Modric, el as que sigue en el centro del campo, lanza al Madrid en Balaidos

En el primer partido sin Casemiro, el conjunto blanco es rescatado por un genial Modric y golea a la contra. 1-4.

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El primer Madrid sin Casemiro era un Madrid también sin Kroos. Fue como si a un trío de ases le quitan dos. Lo que queda no es ni una pareja, lo mínimo para jugar, pero de un as siempre puede esperarse lo que hacen los ases: les basta un instante. Modric, como un último mohicano, lo encontró en el pie perdido de Tapia para progresar en perpendicular al área del Celta y saber, sin mirar, dónde estaba el punto G del arco, el punto gol.

El tanto, segundo del Madrid, restableció una ventaja en el marcador que el equipo del croata no tenía en el campo, en absoluto. Fue poco antes del descanso. Al poco de volver al terreno, Modric observó el espacio que Vinicius ataca como un felino y el Madrid cerró a la contra un partido casi sin jugarlo. Bastó un as.

Modric sabía lo importante que eran esos goles sin necesidad de preguntar. Con mirar a su lado era suficiente. En el centro del campo no tenía la misma compañía. Todos han comprendido la decisión de Casemiro, también del club, y todos le han deseado lo mejor, pero todos saben que el once del Madrid no es un álbum de cromos. Aquí no se despega uno, se pega el otro y el niño deja de llorar. No. El puesto hay que llorarlo, sufrirlo.

Tchouaméni lo hizo un buen rato, lo mismo que Camavinga, frente a un Celta que empezó superior en todo menos en el gol. Mejor en la presión y en la circulación. En el mando, en una palabra, y de eso hay que pedir explicaciones en el centro del campo. Al Madrid le faltaba salida de balón y anticipación, y le sobraban pérdidas. Tchouaméni debe fijar mejor la posición de pivote, aunque sin obsesionarse por ser Casemiro, porque eso puede llevarle a no ser el mismo. Es poderoso, tiene físico para la salida, como demostró en el cuarto gol. El resto es confianza.

Camavinga es diferente, más dinámico, con vocación de verso libre, como un Mustang en la pradera. Someterlo a muchas obligaciones tácticas puede mermar otras de sus condiciones, impagables en el fútbol actual. Como ha dicho Ancelotti, posee muchas piezas para el centro campo, pero eso no implica replicar siempre a la Santísima Trinidad de las Champions, sino buscar fórmulas que conjuguen las condiciones de sus jugadores. Jamás hay dos iguales. Hasta aquí, pues, la comparación con Casemiro.

Al Celta no le costó dominar, porque está construido para ello y sufre sin la pelota. Es de los equipos que siempre tutean a los grandes, aunque acaben goleados. Arrancó con más chispa que el Madrid, que observa la temporada con una perspectiva diferente: no necesita el máximo para ganar ahora, pero lo necesitará para ganar cuando se definan los títulos. El break del Mundial dejará incógnitas para todos. La planificación es como echar los dados.

Se movió el marcador con jugadas aisladas, dos manos en las áreas, una de Tapia y otra de Militao, que no dejaron dudas, VAR mediante. Benzema y Aspas son únicos en el paredón. Había llegado más el Celta para rondar a Paciencia, un delantero a la antigua, que le va a dar cosas, pero con escaso compromiso para Courtois. Tampoco Marchesin tenía razones para temer, lejos y bastante partido el Madrid en los inicios. Buscaba el equipo de Ancelotti a Vinicius, marcado al límite por Hugo Mallo, porque se trata del jugador más diferente, el mejor desatascador. Benzema es otra cosa, necesita a los demás. El brasileño, no. En determinadas circunstancias puede resultar un futbolista más diferencial que el francés. La forma de solucionar el tercer gol, quiebro incluido, pese a un paso equivocado de Marchesin, fue la de un killer que ha dejado atrás las dudas. Dispara cuando tiene que disparar.

El tercer tanto llegó cuando el Celta reclamaba otra mano de Militao y había regresado al campo de la misma forma que empezó. Fue demasiado castigo para lo visto. Valverde sólo aprovechó la inclinación del partido mientras Ancelotti daba descansos, Balaídos se ponía en pie para aplaudir al mejor y Benzema cedía el penalti de la propina a Hazard. Falló. Está gafado. Que pregunte a Modric.


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