'Moonage daydream', dentro del laberinto fascinante de David Bowie
19:21
24 Mayo 2022

'Moonage daydream', dentro del laberinto fascinante de David Bowie

Brett Morgen hilvana alrededor de la figura de músico e icono una experiencia sonora y casi física que hace soñar al espectador con la lejana posibilidad de ser él mismo David Bowie

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En un momento determinado de la película 'Moonage daydream' (que toma el título una de las canciones de culto incluidas en el álbum 'The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars'), un personaje maquillado con el rayo atravesando su cara escupe a la cámara "You don't have to be bent to wear makeup!" (No tienes que ser marica para maquillarte). Cuidado que estamos en los 70. Entiéndase. De alguna manera, la expresión del fan de David Bowie, más por lo que muestra que por lo que dice da la medida del poderoso influjo del ídolo. Buena parte (o todos) de los que acudían a verle querían ser como él. O, mejor, querían ser él.

Decía Sartre (esto lo decía sin saber probablemente quién era Ziggy) que la mirada del otro nos hace conscientes de nosotros mismos, pues el otro nos objetiva y eso provoca los sentimientos de miedo, vergüenza y orgullo. En el caso de la mirada de Bowie también los de orgullo, placer y, dado el caso, la sensación quizá falsa, pero primigenia y eufórica, de poder ser cualquier cosa, de cualquier género, en cualquier momento. Incluido de ser el propio Bowie.

El nuevo trabajo de Brett Morgen aterrizó el martes en Cannes como una exhalación. Al contrario que sus documentales previos sobre la figura de Kurt Cobain o los Rolling Stones, esta vez más que seguir al personaje o al grupo para contarlos, se trata de vivirlo. De vivirlo, si se quiere por dentro, o a su lado. De ser él de forma radical. 'Moonage daydream' es una película inclasificable por lo que tiene de desmedida. No es biográfica. Ni siquiera se puede considerar en sentido estricto un documental. El cuerpo de la película son 48 canciones debidamente remasterizadas y extendidas sobre dos horas y media de metraje que discurren por la pantalla a través de imágenes de conciertos principalmente.

Pero lo que se quiere explorar es a un Bowie total que además de músico fue actor, pintor, escultor, escritor de guiones, fumador empedernido, provocador, activista... Habla Bowie a través de algunas entrevistas y la pantalla explota en un huracán (también llamado crisol) de imágenes ante el ejercicio quizá imposible no de retratarle sino, otra vez, de ser él. El sonido a cargo de Paul Massey y del productor Tony Visconti sencillamente arrasa y hace que tiemble el pecho.

El director Brett Morgen baila en la alfombra roja de Canne.El director Brett Morgen baila en la alfombra roja de Canne.PATRICIA DE MELO MOREIRAAFP

La película no pretende explicar quién fue Bowie. Para eso ya sirvió probablemente la exposición que giró el mundo entre 2013 y 2018. Tampoco quiere que el propio Bowie se explique. A través de sus declaraciones lo que emerge es básicamente un tipo simpático especialmente dotado para la ironía y para huir de las definiciones como de la peste. Todos sus entrevistadores fracasan. "Era budista el martes y me gustaba Nietzsche el viernes", suelta ante la insistencia del periodista. "Soy un coleccionista de personajes", se escucha decir en otra ocasión. Buena parte de los interludios narrados de 'Moonage daydream' se va en largos monólogos de supuesta inspiración filosófica o 'patafísica' en la que la estrella no queda claro si habla en serio o si, como parece, tiene claro que el humor hay que tomárselo muy en serio. Cuidado que los fans circunspectos, que los hay, pueden quedar ligeramente decepcionados. No hay ni mucho menos santificación del personaje.

Otra de las decisiones más discutibles o simplemente gozosas, según se mire, corre a cuenta de la elección de las imágenes. No todo es Bowie. Morgen se atreve a interpretarle desde fuera, a leerle, a inventarlo a veces. Y así desde imágenes de películas de Dreyer a Murnau pasando por las más obvias de la luna de Méliès son convocadas en una especie de sortilegio tan extravagante como disfrutable. Y junto a los citados, Eisenstein, Oshima, Buñuel, Bergman, Warhol, Whale y, en lugar de excepción 'El gabinete del Dr. Caligari de Robert Wiene. ¿Y por qué? Porque sí, porque probablemente Bowie habría sonreído. Y nosotros con él. Sus propias películas, con 'Feliz Navidad, Mr. Lawrence' o 'Dentro del laberinto' surge a la vez que sus actuaciones teatrales como 'El hombre elefante' y siempre con la cámara fascinada por un primer plano con los ojos magnéticos.

David Bowie, en el documental 'Moonage daydream'.David Bowie, en el documental 'Moonage daydream'.

Las únicas pinceladas más íntimas o autobiográficas se detienen en la figura de su mujer Iman (con la que pasó los últimos 25 años de vida) y, de manera muy especial, su hermano. Terry le enseñó, dice, lo que tenía que leer y lo que tenía que escuchar. Por lo menos en ese primer impulso hacia los abismos que vendrán. Tras pasar por las Fuerzas Armadas, acabó internado de por vida de psiquiátrico en psiquiátrico por culpa de la esquizofrenia. Ésa es la única vez que la película interpela al espectador desde la tristeza, desde lo que se rompe por dentro. Y ahí también se acrecienta el deseo de acercarse, si se quiere un poco más, a Bowie.

"Bowie solo puede experimentarse", dice el director. Sartre mantenía que el infierno es cuando los otros nos recuerdan lo que somos. Por un vez y con Bowie, el otro puede llegar a ser lo que somos. O casi.


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