Muere Fernando García de Cortázar, historiador de la idea de España y disidente contra el nacionalismo
16:00
3 Julio 2022

Muere Fernando García de Cortázar, historiador de la idea de España y disidente contra el nacionalismo

El sacerdote jesuita sintetizó y divulgó una visión moderna y optimista de su país.

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Sólo con repasar la bibliografía de Fernando García de Cortázar, se podría entender la complejidad del tema de la identidad nacional en la España de la democracia. 18 de los principales 28 libros que García de Cortázar publicó desde 1983 (investigaciones, biografías, obras de divulgación, ensayos religiosos y hasta un par de novelas) llevan el nombre de su país en el título: Historia de España desde el Arte (2007), Los perdedores de la historia de España (2006), España entre la rabia y la idea (2018), la superventas Breve historia de España (2009)... García de Cortázar (nacido en Bilbao, en 1942) acaba de morir los 79 años sin que su gran asunto haya encontrado la claridad, pese a la enorme popularidad de sus obras.

García de Cortázar ha muerto, además, dos años después de la desaparición de su maestro, Miguel Artola, el historiador donostiarra que, desde dentro de la academia de la dictadura, renovó, racionalizó y profesionalizó el relato histórico de España en los años 50 y 60. Artola, igual que García de Cortázar, era vasco. Venía de una familia religiosa (tenía 11 hermanos), del tipo sociológico que podía sentirse representado por el golpe de Estado de 1936. Tan temprana como su formación como historiador fue su vocación de jesuita. Se ordenó sacerdote temprano y estuvo siempre vinculado a la Universidad de Deusto.

Sin embargo, su actitud fue siempre la del inconformismo ideológico e intelectual. García de Cortázar no fue un historiador revisionista de la dictadura y la II República. El franquismo: 1939-1975, la historia de la dictadura que publicó en 2009, se alejaba mucho de los alegatos hiperideologizados que aparecieron en esos años. García de Cortázar, en aquel libro, sintetizaba datos, los ponía en un contexto internacional y aportaba material biográfico para entender la España de la dictadura. El retrato no era amable.

La Guerra Civil en el País Vasco había sido el punto de partida, el tema inicial en la investigación del historiador bilbaíno, pero su carrera se dirigió hacia un tipo de obra que entonces era nueva: la síntesis historiográfica orientada hacia la actualidad. España, ya está dicho, era el tema. García de Cortázar sintetizaba conocimiento literario con éestadísticas económicas. Buscaba en Clarín, en Semprún y Larra figuras que explicasen a su país y, a partir de ahí, analizaba la España que había quedado.

Su discurso era, a la vez, optimista y pesimista. A menudo a García de Cortázar se le comparaba con los escritores de la Generación del 98, pero él marcaba distancias. Mientras que sus paisanos Baroja y Unamuno hablaban de España desde la fatalidad, García de Cortázar lo hacía desde el optimismo. La arquitectura románica y la racionalista, la literatura del Siglo de Oro y la del 27, la investigación científica en la Edad Media y la rebelión liberal del XIX, el paisaje místico de Castilla y el del Cantábrico... En todas partes veía García de Cortázar elementos para ofrecer una imagen orgullosa de España, ajena a la retórica del franquismo y de la desesperación de su generación, la que empezó a viajar por Europa en los años 60, avergonzada por la dictadura.

¿Y el pesimismo? Desde los años 80, García de Cortázar alertó de que esa imagen negra de España se extendía como la dominante de acuerdo a la agenda de los partidos nacionalistas. En el País Vasco de los años de plomo, el historiador se convirtió en un disidente, pionero en la contestación social contra el terrorismo, amenazado por ETA y replicante permanente de la jerarquía religiosa vasca.

Su papel en la sociedad civil vasca lo llevó a alcanzar relevancia más allá del mundo académico. Breve historia de España (1997) fue el libro que consolidó su fama, el libro de Historia más vendido en España al menos en aquella época. Si el supervendedor Sapiens de Harari asombró a los lectores del siglo XXI por su ambición intelectual, alguien debería recordar que García de Cortázar abordó el mismo proyecto, desde los neandertales hasta el Foro de Ermua, pero en España y 20 años antes.

La política lo cooptó. En un momento en el que José María Aznar llegaba al Gobierno con la idea de entroncar al Partido Popular con la Tercer España y con la tradición azañista, García de Cortázar fue uno de los intelectuales a los que la nueva derecha española se refirió a menudo. Aquel anhelo político/mercantil duró sólo algunos años. García de Cortázar, en cambio, no dejó nunca su tema: pensar España como un país europeo y moderno, tan capaz de unir a sus ciudadanos sobre un proyecto cívico como cualquier otro.

"La idea reciente de que España no existe, que es un invento administrativo que encubre el imperialismo de Castilla, es nueva. En el 98 pudieron sentir España con el peor pesimismo, pero nunca dudaron de que existiera una historia y una cultura compartida", decía García de Cortázar en una entrevista publicada por EL MUNDO en 2020. "Esa idea estaba en la educación que nos dieron mis padres. No veíamos en España la épica, sino la aportación de la Escuela de Traductores de Toledo, por ejemplo".


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