Muere Julio Jiménez, ''el relojero de Ávila'', uno de los mejores escaladores de la historia
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8 Junio 2022

Muere Julio Jiménez, ''el relojero de Ávila'', uno de los mejores escaladores de la historia

Fue tres veces consecutivas Rey de la Montaña en el Tour y en la Vuelta. Contemporáneo de Bahamontes, gozó España en aquellos años de la mejor pareja posible de 'grimpeurs'

Julio Jiménez Muere a los 87 años

Julio Jiménez Muñoz (Ávila, 28 de octubre de 1934) siempre pareció mayor de lo que era. Al igual que Miguel Poblet, se quedó calvo prematuramente. Pero es que, además, como ciclista fue cualquier cosa menos precoz. Pasó a profesional a los 25 años. Incluso en aquellos tiempos en los que se tardaba en subir de escalón, semejante edad era en exceso tardía.

Por esa razón, sólo se mantuvo 10 años en la categoría, entre 1959 y 1969. Pero le dio tiempo a consagrarse como uno de los mejores escaladores de la historia del ciclismo. Y en ella permanece desde entonces. Contemporáneo de Bahamontes, aunque seis años más joven que el toledano, ambos nombres están relacionados entre sí en la mitología nacional ciclista. Gozó España en aquellos años de la mejor pareja posible de "grimpeurs": enjutos, entecos, fibrosos, consumidos por los esfuerzos en las alturas, abrasados por el sol inclemente de las cumbres... El doble paradigma de vocación, de raza, de facultades, de mentalidad de los trepadores de escaleras de asfalto hacia el cielo. Representantes de la Castilla sobria, de clima extremoso que forjaba paisajes y hombres.

Ellos dos representan una época del ciclismo español caracterizada por la preponderancia de los escaladores sobre cualquier otro biotipo de corredor. Contribuyeron más que cualesquiera otros a escribir la historia y perpetuar la leyenda de un estilo de ciclismo y de ciclistas que ya no existe, como ya no existe sociológicamente la España a la que pertenecieron en sus mejores años como deportistas y como ciudadanos.

La Montaña (con mayúsculas) le proporcionó a Julio la popularidad de la que gozó en su momento y el lugar permanente que ocupa en lo que hoy llamaríamos el Hall of Fame de la Bicicleta. Fue tres veces consecutivas Rey de la Montaña en el Tour (1965, 1966 y 1967). También en la Vuelta (1963, 1964 y 1965). Según la costumbre de la época para los ciclistas españoles, corrió pocas veces el Giro: tres. Incluso así, en 1966 (tal vez el mejor año en conjunto de su carrera), se puso de rosa en la segunda etapa, mantuvo la "maglia" durante 11 días y acabó cuarto en la general. Y en esas tres participaciones ganó cuatro etapas.

FAEMA, KAS, BIC

El Tour lo elevó al estrellato más que ninguna otra carrera. En él, obedeciendo a esa tónica de actividad tardía, debutó a los 30 años con dos victorias de etapa, en Andorra y en el Puy de Dôme (aunque de esa etapa se recuerda más el duelo Anquetil-Poulidor, subiendo hombro contra hombro). También con un segundo puesto, tras Bahamontes, con quien, a causa del peculiar carácter del toledano, tendría sus más y sus menos a lo largo de sus trayectorias, en el reinado de la montaña. Y un séptimo en la general, a pesar de perder más de una hora en el llano. Ya estaba en el equipo KAS, porque en el anterior, el belga FAEMA, tenían preferencia para el Tour los sprinters y rodadores. "Si sigo en el FAEMA no correré el Tour", se había dicho. Después del KAS, su equipo más importante sería el BIC, en las temporadas 1967 y 1968.

En sus cinco participaciones en el Tour ganaría, aparte de esos tres títulos de mejor "grimpeur", cinco etapas. Y tres en sus seis comparecencias en la Vuelta. Obtendría un total de 29 victorias: las Subidas a Arrate y Urkiola (tres), el Campeonato de España de Montaña. También el de Fondo en Carretera, etapas en la Volta a Catalunya, en el Dauphiné Libéré...

Mientras soñaba con ser ciclista profesional, trabajaba de aprendiz en una relojería de un primo suyo que lo llevaba a menudo en su moto a lugares donde se prestaban bicicletas viejas y pesadas a los aspirantes a corredor. En esas carreras, y siempre que fueran cuesta arriba, se ganaba Julito (siempre fue Julito, 60 kilos escasos de trepador de piernas duras y finas de alambre) unas pocas pesetas. Aquel trabajo en el taller le granjearía para siempre el apodo de "El Relojero de Ávila". Irónicamente, sus limitaciones en las pruebas contra el crono le impidieron aspirar a mejores puestos, incluso a alguna victoria total, en las grandes rondas.


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