Nadal cae en su París maldito
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3 Noviembre 2022

Nadal cae en su París maldito

Perdió en su estreno en el Masters 1.000 de París ante Tomy Paul (3-6, 7-6 y 6-1) y sigue siendo el único reducto de la capital francesa que se le resiste

De la frente de Rafa Nadal jarreaban goterones de sudor. Si en el anterior descanso había mirado al banquillo negando con la cabeza, en este ni siquiera levantaba la mirada del piso. El mallorquín regresaba después de un paréntesis de dos meses por paternidad que había servido también para reparar esa segunda fisura abdominal que sufrió en el US Open, otro infortunio en una temporada salpicada por ellos. Algún "¡Rafa! ¡Rafa!" se escurría de entre la grada, pero lo que se le escapaba a él era un partido que sin mucho brillo había tenido encarrilado. En el estreno en el Masters 1.000 de París contra Tommy Paul, el balear ganó el primer set y tuvo un break de ventaja en el segundo, pero en un bloqueo insólito acabó cediendo por 3-6, 7-6(4) y 6-1.

París Bercy seguirá siendo el único reducto de la capital gala que Nadal todavía no haya conquistado -nunca ha ganado el título y solo una vez llegó a la final. (2007). La pista cubierta le es hostil al balear, aunque las dos últimas veces había alcanzado la semifinal. El debut era accesible porque, aunque el Paul está viviendo su año de confirmación, no estaba fino en esta superficie, en la que había perdido tres de los últimos cuatro duelos. Pero en París ajustició a Nadal, y ahora amenaza a otro español. Su próximo rival será Pablo Carreño, que superó un duro examen contra Shapovalov (7-6(2), 2-6, 6-4).

Nadal pagó al inicio la falta de actividad. Su derecha tardó en tomar temperatura y al cuarto de hora Tommy Paul ya le había roto el saque. El estadounidense salió a jugársela en un cara o cruz kamikaze, golpeando con una agresividad que no encontraba réplica en Nadal. Y mientras uno había salido a cazar ganadores, el otro le buscaba el pulso a sus golpes. La rotura accionó el resorte.

La estrategia de Paul llevaba un riesgo implícito: arrimaba tanto la pelota a las líneas que en cuanto el punto de mira se desviara un milímetro, esos golpeos empezarían a sumar errores. Nadal, no del todo preciso, pero sí más regular, devolvió la rotura en el siguiente juego, y a medida que fue recobrando sensaciones, sembrando de dudas el segundo servicio de Paul, fue también poniendo distancia. El siguiente break fue ya definitivo.

Tommy Paul tras conseguir la victoria ante Rafael Nadal.Tommy Paul tras conseguir la victoria ante Rafael Nadal.CHRISTOPHE ARCHAMBAULTAFP


LA REMONTADA DE PAUL

Aun así no parecía tenso el estadounidense, que hacía girar la raqueta como una peonza mientras esperaba a que Nadal volviera de vestuarios en el descanso. Y lo demostró en la segunda manga, donde niveló la balanza con un plan más comedido. Entendió que hay momentos para contener y momentos para acelerar. Que había una puerta abierta en los segundos del mallorquín donde sí podía lanzarse, y que sobre todo a pesar del resultado no parecía cómodo.

Y así mientras Tommy Paul fue creciendo, recobrando motivos para volver a meter un pie en la pista, Nadal fue diluyéndose, tentativo como pocas veces suele mostrarse. Llegó a tener un break de ventaja, pero ni eso lo terminó de asentar ni descolocó a Paul, que no solo niveló de inmediato sino que le dio la vuelta al set y al partido. Si en la primera manga era Paul quien se la jugaba a cara o cruz, en la última era Nadal, que empezó a acortar los puntos como último recurso. El balear miraba a su banquillo y renegaba. Algo se había roto o agotado ahí dentro. Nadal, con la mirada fija en el piso, ya había concedido la derrota.


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