Nadal castiga los pecados de Sinner y entra como un cohete en cuartos
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8 Junio 2021

Nadal castiga los pecados de Sinner y entra como un cohete en cuartos

Venció por 7-5, 6-3 y 6-0 y jugará este miércoles contra Diego Schwartzman. El italiano se derrumbó tras servir para hacerse con el primer set. Llega por 15ª vez a cuartos

Roland Garros Djokovic levanta dos sets a un desfondado Musetti

Debe de ser difícil, muy difícil, para un joven de 19 años, creerse que puede comenzar con ventaja frente a Rafael Nadal un partido de octavos de final de Roland Garros en la Philippe-Chatrier, que puede ganarle el primer set, pues lo tiene cerca, le ha roto dos veces el servicio y tiene su saque para definir. Ha de ser complicado llamarse Jannik Sinner y sentir el aliento de tu gente, poca pero bullanguera, deseosa de ver cómo este año, a diferencia de lo que sucedió en octubre, cuando afrontaste una situación similar, en cuartos, en el mismo escenario, o en Roma, hace unas semanas, donde tampoco anduviste lejos, sí eres capaz de derribar por un rato esa frontera infranqueable.

Debe de serlo, porque con 5-4 de su lado y al servicio, la promesa italiana, el finalista del torneo de Miami, 19º del mundo, una de las raquetas que más se ha estirado en los últimos tiempos, no impacta ningún primero, envía tres derechas a la red y cierra el juego con doble falta. Habrá ganado dos de los últimos 18 puntos cuando comience el segundo parcial, en el que se verá pronto en desventaja, ya sometido por la turbina a pleno rendimiento, que te empuja hacia el fondo de la cancha, que te agita de un extremo a otro como si tirase de las cuerdas de un títere. Y te aplaca con un 7-5, 6-3 y 6-0, en dos horas y 17 minutos.

Ése es Nadal, el 13 veces campeón, el hombre que ya suma 104 victorias en el torneo que ha tallado un monumento en su nombre, quien, a diferencia de Novak Djokovic, su adversario en una hipotética semifinal, sufriente en su partido ante un recién llegado como Lorenzo Musetti, proclama 'ésta tierra es mía' y defiende su lugar ante las leves manifestaciones de rebeldía de los que quieren llegar y discutir su autoridad.

La ira desatada

Lo peor de todo para Sinner no es la orografía del acné, tan manifiesta cuando se le insinuaba un pequeño éxito parcial, sino que además ha desatado la ira del ganador esta temporada en Roma y en el Conde de Godó, pues Nadal tiene prisa, no quiere ni un rasguño en su camino hacia la copa que le coronaría como el tenista con más grandes de la historia, quebrando la igualada a 20 con Roger Federer, y mete un marcha más, transformando una disputa que asomaba pareja en una nueva manifestación de despotismo en pleno corazón del planeta terrestre.

Ha de resultar frustrante volver de dos pérdidas de saque en el segundo set, servir para igualar a cuatro y errar de igual modo, como si llevases el pecado impreso en tu apellido. No saber navegar nunca a favor de corriente, al menos cuando tienes frente a ti al hombre más poderoso de la tierra. Sentirte vícitma de una suerte de predestinación fatal, que niega todas tus virtudes cuando más urgente se torna su plasmación y te inclina hacia un desenlace cruel.

Debe de ser difícil llamarse Diego Schwartzman, y, pese a tener una carrera ejemplar, saber que te espera este miércoles en cuartos un buen amigo dispuesto a liquidarte de nuevo, un tipo que te ha metido 10, dos de ellos en Roland Garros, y al que sólo pudiste superar en una ocasión en esta ristra de replicadas pesadillas.

Debe de ser amargo contar con supuestas condiciones para hacer algo grande en el torneo más importante de la tierra y que el destino te haya arrojado frente al determinismo histórico de Rafael Nadal.


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