Nadal derriba a Djokovic en una trepidante madrugada y se cita en semifinales con Zverev
12:32
1 Junio 2022

Nadal derriba a Djokovic en una trepidante madrugada y se cita en semifinales con Zverev

El mallorquín se impone al último vencedor del torneo en un gran partido de cuatro horas y 12 minutos (6-2, 4-6, 6-2, 7-6 [4]).

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Son ya 110 victorias y 13 títulos en este recinto donde luce su efigie, pero, sin ni mucho menos desmerecer actuaciones deslumbrantes, que las hubo y muchas, resulta difícil dar ahora con una exhibición como la protagonizada ayer por Rafael Nadal durante las dos primeras horas de su partido ante Novak Djokovic, el número 1 del mundo y el jugador que le persigue en la apasionante carrera por terminar con mayor número de cumbres coronadas.

Cuando algunos indicios, respaldados por las palabras del propio Nadal, apuntaban a su definitivo declinar en el torneo que sigue gobernando como nadie lo hará jamás, el español llevó a cabo una representación casi perfecta, cuyas consecuencias sólo el orgullo y la calidad de su adversario pudo atenuar para conducir la disputa a momentos de extraordinaria intensidad en ambos frentes.

Más constante y certero en su propuesta, más entero en el tramo definitivo, el español superó al defensor del título por 6-2, 4-6, 6-2, 7-6 (4), después de cuatro horas y 12 minutos para erigirse en el máximo candidato a conquistar el domingo su decimocuarto título y vigesimosegundo Grand Slam, tras hacerse a principios de curso con el Abierto de Australia. De momento, se enfrentará este viernes en semifinales a Alexander Zverev, que ganó en cuatro sets a Carlos Alcaraz.

Acústica taurina

Pocas veces desde que debutó en el torneo en 2005 sintió Nadal tan intenso el apoyo de los aficionados durante un partido. Los gritos de «¡Rafa, Rafa, Rafa!», acompañados en ocasiones por inapropiada acústica taurina, se sucedieron entre las voces más entusiastas de las 14.800 personas que colmaron la Central desde antes de que tomase temprana ventaja aprovechando su tercera pelota de rotura.

Su comienzo fue apabullante. Djokovic no veía la manera de hacerle puntos, acudiendo a las dejadas no como un arma, sino como un recurso desesperado. Corto de preparación, afectado por problemas físicos hace unas semanas, llegado de un duro compromiso de octavos ante Felix Auger-Aliassime y en un horario que supuestamente favorecía las condiciones de su adversario, Nadal arrancó con enorme acierto y determinación, recordando a la final de 2020, disputada en hasta cierto punto homologables circunstancias atmosféricas. Entonces pasó por encima de Djokovic con enorme contundencia. Si en aquella ocasión, salió con un 6-0, esta vez se escapó con un también concluyente 6-2.

El de Belgrado, que se presentaba como campeón en Roma, con 22 sets consecutivos ganados desde el Foro Itálico y 11 victorias seguidas en Roland Garros, se sentó en la silla desconcertado, en busca de soluciones que no llegaban. Lo de Nadal, que este viernes cumple 36 años, era puro ballet, danzaba por la Philippe-Chatrier con la destreza de sus mejores días, encontraba las líneas y mantenía a Nole en vilo permanente. No había una sola concesión para el balcánico.

Resto forzado de Djokovic durante el partido en la Philippe Chatrier.Resto forzado de Djokovic durante el partido en la Philippe Chatrier.AP

Obligado a todo, el de Belgrado reaccionó. Nadal, que se había ido 3-0, intentó amarrase al sexto juego como si le fuera la vida en él, aunque Nole consiguió igualar a tres aprovechando su quinta bala, en otra prologada disputa. El español frenó la sangría de cuatro juegos consecutivos perdidos e igualó a cuatro. Pero el carácter excelso de su actuación era difícil de sostener. Djokovic había dado un paso adelante, mucho más agresivo con el resto, y aprovechó en el décimo juego su segunda pelota para igualar a un set.

Lejos de acusar el golpe, Nadal se fue al vestuario y regresó como un ciclón, para llevarse los dos primeros juegos y encarrilar un set que cerró con facilidad insospechada. No era el desenlace, aunque pudiera parecerlo. Se trataba de un partido de cuartos, aunque ambos sabían que había mucho más en juego, que el ganador adquiría muchos boletos para llevarse la copa. Djokovic no aprovechó las dos pelotas de que dispuso para forzar la quinta manga y cavó su fosa. No fue el último partido de Nadal en París, como él había insinuado. Sí, una nueva y extraordinaria manifestación de su inagotable poder sobre la tierra.


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