Ni el West Ham ni las bajas detienen al Sevilla
21:10
10 Marzo 2022

Ni el West Ham ni las bajas detienen al Sevilla

Munir marcó en la segunda parte el único gol del partido en una jugada de estrategia

Directo Narración y estadísticas

Venció el Sevilla, porque Europa es blanquirroja (1-0). El West Ham no convirtió en goles su buena planta sobre el césped del Ramón Sánchez-Pizjuán y el Sevilla, plagado de bajas, con poca arquitectura en su fútbol, mediante jugada ensayada, logró hacerse con una victoria ilusionante.

No se venció Bono frente a Vlasic en el minuto 10. Un sofoco para las gradas. Fue la primera jugada de peligro del West Ham United. El portero elevó el brazo con rapidez y firmeza para evitar que el cabezazo del croata, completamente solo en el área, acabara en gol. Dominaban los de claret y celeste, pero Bono siempre resiste. Rakitic se había lesionado en el calentamiento y Munir ocupó la media punta en su lugar. El equipo de Lopetegui perdió, con el cambio, profundidad y paciencia. Los ingleses se abrazaban a Michail Antonio. El delantero jamaicano se batía con los centrales y fracturaba, con su empuje, el sistema de contención nervionense.

El choque se fue igualando, no en ocasiones, sino en letanías, en su frágil música. Sin nervio. Sin relámpagos en el corazón de los aficionados. El Sevilla, como siempre, el West Ham, contagiado de la parsimonia local. Una jugada de Acuña en el 26, que finalizó Munir con un disparo que salió fuera rozando el palo, animó algo a los nervionenses. En la siguiente jugada, Jesús Navas centró a En-Nesyri que logró rematar con potencia, pero su testarazo fue interceptado por Areola. En la portería contraria, Vlasic, el mejor en la primera mitad, permitió lucirse de nuevo a Bono con su zurdazo envenenado y ajustado al palo. El rapto de Europa. Noches lánguidas. A veces, el miedo a la derrota es más poderoso que el ansia de victoria.

Tras el descanso, un nuevo paradón de Bono, esta vez tras disparo lejano de Soucek. Los de David Moyes parecían menos sólidos, empezaron a sentirse incómodos ante el paso adelante de los de blanco. Ni Rice ni Lanzini lograron hacerse con la medular. Joan Jordán era ubicuo. El Sevilla, con más espacios, se iba desperezando. La película preferida de Julen Lopetegui: Empezar bostezando y acabar el partido como si lo estuviera dirigiendo Michael Bay. Estaba mal Ocampos, muy ausente, y Tecatito no brillaba como en otras tardes; pero el conjunto lucía. Respiraban al unísono. Creían.

El guante de Acuña

En el minuto 60, Zouma derribó a Ocampos en el costado derecho, en una de las mejillas del área. Acuña cogió el balón. Los futbolistas cruzaron miradas. Algo se dijeron sin decirse nada. El argentino centró al área y todos sus compañeros se lanzaron al primer palo, arrastrando a sus marcadores. Pero el balón no iba ahí, sino a Munir, que pisaba en solitario la parcela de Areola. El hispano-marroquí no perdonó y remató con dureza a gol. Un pactado engaño que sirvió para desnivelar el marcador. David Moyes agitó el banquillo. Benrahma por Vlasic para buscar el empate. Lopetegui miraba la hierba con silenciosa satisfacción.

El encuentro se aceleró. Ocampos estuvo cerca del segundo gol, pero el esférico salió por muy poco. En la siguiente jugada, fue el West Ham el que rozó el empate, pero Jesús Navas se lanzó heroico a los pies de Lanzini evitando su remate en boca de gol. Martial y Augustinsson salieron para dar oxígeno a los anfitriones, Noble salió por el lado de los hammers para capitanear a sus hombres hacia el empate. Pero el Sevilla se mostraba ya inexpugnable, cementado, seguro. Al West Ham se le hacía un mundo hilvanar cada jugada. El gol había caído fiero sobre el entusiasmo inglés. Aplaudía Nervión. La victoria era ya irrefutable.


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