No hay desgracia que detenga al Real Madrid: Deck y Hanga toman el Palau
12:28
14 Junio 2022

No hay desgracia que detenga al Real Madrid: Deck y Hanga toman el Palau

Los blancos, sin Llull ni Laso y con la grave lesión de Anthony Randolph, dominan a un Barça sin chispa y ponen el 1-0 en la final

Real Madrid La espeluznante lesión de Randolph

Predestinados a encontrarse, a que el éxito de uno sea el fracaso del otro, especialmente esta vez, tras una temporada en la que ambos necesitaron Biodramina. La Liga Endesa es el último asidero para Barcelona y Real Madrid, la que dictaminará un verano de sonrisas, calma y desconexión u otro de nervios y rumores. Y el primer round de este abismo cayó del lado blanco, como si de repente en Belgrado se hubieran quedado todos los fantasmas pretéritos ante Saras Jasikevicius. Ni rastro de la frustración de hace nada, una victoria aparentemente demasiado sencilla. [75-88: Narración y estadísticas]

Porque al desenlace del curso acudieron cada uno con sus vaivenes. Un Barça con el factor cancha y casi todos los precedentes menos el que más importa a su favor ante los blancos. Esas dos Euroligas que se le quedaron por el camino marcan a Jasikevicius, por más que el Madrid de las lesiones, los cismas y el bajón de primavera cayera luego en la final contra el Efes. Ahora eran ellos los que llegaban en aparente buena ola, 15 victorias en los últimos 16 partidos, a pesar de las bajas -Llull estuvo en el banquillo, pero no jugó; Abalde regresó pero disputó apenas un minuto- y el infarto del ausente Pablo Laso. Lo dicho, algo cambió en el Stark Arena: el Madrid que había cedido en 11 de los 15 últimos precedentes pasó por encima, en la misma línea dominante que en la semifinal ante el Baskonia.

Eso se llama confianza, la que hace que lo de alrededor poco importe. O mejor aún, que las desdichas sean acicates. En este punto, el Madrid parece invencible porque nada le afecta. Ni siquiera cuando a Anthony Randolph se le desencajan los ojos sobre el parqué del Palau, su rodilla izquierda hecha trizas, como lo estuvo su tendón de Aquiles hace dos años. Otro soldado caído.

Juan Núñez

Es ese instante, el equipo de Chus Mateo (sigue invicto como técnico principal blanco) volaba ya en un Blaugrana atónito ante la desigual batalla. Porque el Barça, sin Sanli ni Exum (el extracomunitario descartado fue el australiano), que amaneció con cinco puntos de Mirotic en 30 segundos, parecía apelmazado ante un vendaval que comandaba un repudiado. No hubo dinero para renovar a Adam Hanga el verano pasado, que se sintió rechazado y ahora en el eterno rival luce en una veteranía de plenitud. Asestó 16 puntos al descanso, base reinventado, y el Madrid llegó a mandar por 20, dominando el rebote, el ritmo... Transiciones como hoja de ruta. No importaba entregar las riendas a Juan Núñez, 18 años recién cumplidos. Porque era la defensa el pilar.

El Barça regresó de vestuarios con algo más de energía, pero sin plan para contener al rival. Anotaba más, pero recibía igual. Y el rebote ofensivo le torturaba (cedió hasta 17...). El Real Madrid mantenía la calma y las distancias: el acierto estaba de su lado. Juan Núñez volvió a aparecer en escena, con tal normalidad que asusta en un chico casi debutante, a los mandos de semejante batalla. Una perla para el baloncesto español. Y su equipo volvió a estirar la cuerda, la máxima tras un tiro libre del canterano (51-74) para cerrar el tercer cuarto.

En el acto definitivo el Barça buscó un alarde de orgullo. Subió las líneas, la agresividad y la temperatura. Arriesgó porque no le quedaba otra. Hubo un 12-0 que pareció algo, espoleado por un Jokuibaitis que se reivindicaba, porque ha perdido protagonismo con Saras. Pero un triple de Deck para redondear una exhibición en cada rincón de la cancha y otro puñado de rechaces en aro contrario, con la exuberancia física de Yabusele -al fin poderoso ante Mirotic- sostuvieron a un Madrid tan seguro de sí mismo que hasta puede parecer extraño.

Recupera el factor cancha pero sobre todo agarra por la solapa las sensaciones de la final. Un puño sobre la mesa para una reconquista que le urge: la última Liga fue hace ya tres años. Porque el 0-1 es esperanza: nueve de los 11 precedentes indican que el equipo que logra este primer triunfo acaba siendo campeón.


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