Oblak recupera a tiempo su magia y escribe otra hazaña: Múnich, Anfield y ahora también Oporto
17:52
8 Diciembre 2021

Oblak recupera a tiempo su magia y escribe otra hazaña: Múnich, Anfield y ahora también Oporto

El portero esloveno se convirtió en héroe en Do Dragao, tras cuatro meses de curso entre dudas. Ha encajado 24 goles en 21 partidos, una media extraña en sus siete años en Madrid

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Resulta complicado encontrar una gesta europea en la era Simeone que no lleve el sello de Jan Oblak (1993). Aquel asedio de Múnich, en 2016, camino de la final de Champions de Milán. El ejercicio de supervivencia en el Emirates, frente al Arsenal, rumbo a la batalla por la Europa League de 2018. Si el milagro de Anfield (2019) destapó a Marcos Llorente fue gracias a él. El martes por la noche, sobre ese césped de Do Dragao que visitó por primera vez en 2021, cuando era un guardameta anónimo que defendía el escudo del União de Leiria, añadió una gesta más a un libro maravilloso. Y lo hizo, quizás, en uno de sus peores momentos desde que aterrizó en el Atlético, aquel 16 de junio de 2014. La era del Cholo no se entiende sin sus paradas, igual que sus paradas no se entienden sin el Cholo. De ahí que la renovación del portero esloveno siempre haya sido un asunto de estado. En los guantes de Jan empezó a cobrar sentido esa transición culminada con el título de Liga en Valladolid.

Conviene subrayar lo que sucedió en Oporto. Allí llegó Oblak con sus peores números como rojiblanco. Con 23 goles en contra en los 20 partidos del curso. Siete de ellos en los cinco de Liga de Campeones. Sólo seis porterías a cero. Tres días atrás, maldecía al cielo a puñetazo limpio contra el césped del Metropolitano, después de que el japonés Kubo certificara el asalto exprés del Mallorca al corazón rojiblanco. Una travesía desde agosto en la que, por primera vez, el mundo descubrió que Jan no era un robot, tras su sonora pifia en Cádiz, el despiste en Getafe y, sobre todo, la sensación de sentirse vulnerable.

Nadie olvidará que en Do Dragao, Oblak sorteó las cinco primeras flechas que el Oporto lanzó sobre su portería. Sin esas cinco paradas, "paradas básicas" que solía decir él hace no tanto, el Atlético andaría ahora tumbado en un diván. Sergio Oliveira fue el único capaz de batirle, ya con el tiempo cumplido y el billete a octavos sellado. Fue con un lanzamiento de penalti que no repelió por milímetros. Sus intervenciones llevaron al desaliento local e impulsaron la cruzada de su equipo. Por otro lado, nada que no hubiera hecho antes.

Camino de la tercera renovación

A pesar de ese carácter introvertido, culpable junto al idioma del retraso en su adaptación, cuando llegó a Madrid en 2014, Oblak es uno de los guías espirituales del vestuario. Una voz autorizada. Mensajes concretos y directos a la diana, como reconocen en el club. De ahí que en las oficinas del Metropolitano, a pesar de esos temblores que ha mostrado en estos cuatro meses de la temporada, se haya iniciado la carrera hacia su renovación. El asunto ya fue un tema capital en 2019, donde amplió su vínculo hasta 2022, aunque con un leve retoque en su cláusula: pasó de 100 a 120 millones.

Allí dejó cerrado un salario a su altura de 10 millones netos. Miha Mlakar, su representante, vuelve a iniciar el camino. Sería su tercera ampliación desde que llegó a Madrid procedente del Benfica. Aquellos 16 millones son una de las mejores inversiones en la historia del club. Hoy, además, es uno de los iconos de la firma alemana Puma, que también viste a sus compañeros Antoine Griezmann y Luis Suárez. Su valor de mercado, según la web especializada Transfermarkt, es de 70 millones, sólo superado por los 80 de Llorente.

La importancia de Vercellone

Los guantes de Oblak los ha ido afilando el argentino Pablo Vercellone, el único preparador de porteros con el que ha trabajado desde que llegó al Atlético. Por a Pablo se le dibujó una sonrisa en la cara cuando, hace unos días, vio a Jan recoger su quinto Trofeo Zamora, algo que sólo Ramallets y Valdés habían logrado. También, cuando fue nominado de nuevo para Balón de Oro de los guardametas, que este año alzó Donnarumma, campeón de la Eurocopa con Italia. Asumidas las limitaciones de su selección en el panorama internacional, su gran aspiración es levantar un gran título como rojiblanco. De ahí la importancia de sus paradas en Oporto, para poder perseguir un año más a esa Champions tan esquiva.

Escrita, y con buena letra, la página en Do Dragao, ahora mira al derbi del Bernabéu. Será su partido número 325 con el Atlético. Pasarán años (si es que llega a ocurrir) hasta que algún portero supere ese registro. Además, con sólo 236 goles en contra (0,7 por partido) y 165 porterías a cero. A punto de cumplir los 29 años, su leyenda continúa.


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