Pacheta: ''No dejaría entrar a los padres ni a los entrenamientos''
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28 Agosto 2022

Pacheta: ''No dejaría entrar a los padres ni a los entrenamientos''

Las reflexiones de José Rojo 'Pacheta', entrenador del Valladolid, son las de un obrero del fútbol que reivindica algo tan poco común como la normalidad. Este domingo se enfrenta al Barcelona

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"Mi padre siempre me decía: 'Tú trabaja y ve siempre con la verdad por delante. Y la vida te sonreirá'. Lo tengo grabado a fuego. A fuego". José Rojo Pacheta (Salas de los Infantes, Burgos, 1968) no pretende disimular la emoción ante el periodista. Mientras se agarra a los recuerdos escapa a los artificios dialécticos del fútbol de élite. Difunde optimismo sin ocultar las cicatrices de la vida. Pero también de una profesión que este domingo, al frente de un Valladolid al que devolvió a Primera, le llevará al Camp Nou.

Hábleme de sus padres.

[Pacheta se toma un tiempo, suspira, y arranca]. Los recuerdo siempre trabajando, y yo cerca. Pero agarrado a la mano de mi difunta hermana. Me llevaba diez años. Murió hace tres, como mi madre. A mi padre lo sigo teniendo, aunque ahora está muy enfermo. Estoy a una hora y media de él. En los últimos años, quizá sea cuanto más cerca he estado. El recuerdo que tengo de mis padres es siempre cariñoso. Estaban poco en casa porque era gente muy trabajadora, pero yo estaba con ellos porque todos trabajábamos desde pequeños. Teníamos algunas vacas, las tierras de azada y los cuatro cochinos para comer.

¿En qué le insistían sus padres?

En el trabajo y la honestidad. Por mis padres, por la zona en la que nací, por el clima y todo lo que conlleva... Ahora que van pasando los años y ves la vida pasar, te das cuenta de que cuando actúas de manera honesta, el problema lo tiene el de enfrente. No tú. Y así creo que se lo he transmitido a mis hijos.

¿Ahora, en el fútbol, los padres ejercen más de representantes que de padres?

Sí. Y nos equivocamos. Es un mal tremendo. Yo no dejaría entrar a los padres ni a los entrenamientos. Tenemos que dejar al niño que juegue y juegue. Eso es fundamental. Ahora no se puede jugar en las calles, en las plazas, en ningún sitio. Si no podemos llevar el fútbol a la calle, quizá haya que llevar la calle a las academias.

Ha sido futbolista, director deportivo, entrenador... ¿Qué le da el fútbol que no se separa?

Lo que me da es felicidad. A mí me ha costado, tengo la sensación de que nada me han regalado para estar hoy en Primera División. He tenido que ir a Tailandia, Australia, Polonia... Montones de sitios para ir creciendo. A mí el fútbol me da emoción. Me da vida. Es pasional esto.

¿Y sufrimiento?

Mucho. La gran perjudicada del fútbol es la familia. La derrota no me autoriza a irme a cenar con mi mujer y mis hijos. Me meto en casa y tengo que pasar unas horas de duelo hasta que reflexiono sobre ello. Admiro a la gente que relativiza todo esto. Y hay que hacerlo, porque la vida es mucho más que el fútbol.

No parece que sea así.

Pero si la familia y el entorno son estables y tampoco hay problemas de salud o cosas importantes, lo que más te importa en ese momento es el trabajo. El fútbol. Las derrotas son muy dolorosas. En el fútbol hay más situaciones desagradables que agradables. Aunque cuando llegan las agradables, superan en mucho todo el sufrimiento.

¿Se reprocha no haber dedicado más tiempo a su familia por haberlo dedicado al fútbol?

No tenga ninguna duda. Cada día me reprocho el no haberme dedicado más a ellos. Aunque yo de mis decisiones es difícil que me arrepienta porque creo que las tomo de manera sensata, honesta, con sencillez. Pero es verdad que a veces sacrificas mucho. Quizá todo eso sea lo que te lleva a construirte como persona. Yo sigo con la misma mujer con la que me casé con 21 años, mis hijos siguen ahí, y creo que el entorno, para una profesión como la nuestra, es fundamental. Si no, no podría. O entiendes este trabajo y esta pasión, o sería imposible. La clave de muchos de nosotros es elegir bien el entorno.

¿Nuestra sociedad prohíbe el fracaso?

Estamos intentando generar un ser humano que sólo puede triunfar. Nos estamos acostumbrando a ello. Y no nos damos cuenta de que cada año sólo triunfa uno, y que los demás fracasamos. El fracaso está mucho más cerca de nosotros. Tenemos que admitir las derrotas. Estamos construyendo gente a la que les costará interpretar el fracaso. En mis años en Salas de los Infantes, un pueblo muy pequeñito y con mucha austeridad, crecimos en la felicidad de la calle. De los amigos. Le diré una cosa. Creo que hasta los 14 años deberían estar prohibidos los niños en las ciudades. Habría que llevarles a los pueblos.

Su figura provoca cierta contradicción. En el tramo final de la pasada temporada, cuando pocos pensaban que el Valladolid pudiera subir a Primera, usted derrochaba optimismo. Parecía ser el único que creía. ¿El pesar lo llevaba por dentro?

Todo lo que digo es porque estoy convencido de ello. Si no, no se podría conseguir. Pero todos tenemos motivos para estar apesadumbrados, para estar tristes, o incluso amargados. Las cosas que van por dentro hay que intentar apartarlas. Pero luego hay que estar convencido de lo que haces. Intento transmitir a todo el que me rodea el optimismo de la vida. Y más en esta profesión, joder. Que nos dedicamos al fútbol. A la emoción de la gente. No somos gente que salvemos vidas. Damos ilusión. Y es muy bonito esto. Esta profesión que hemos elegido es en muchos momentos muy ingrata. Es verdad que acarrea muchas cosas sobre ti porque eres una pieza importante de estas sociedades anónimas que hay ahora. Pero intento transmitir a todo el mundo lo que creo. Claro, por dentro llevamos muchas historias. Y lo que hay que hacer es apartarlas y manejarlas. Nada más.

Uno de los aspectos más importantes del fútbol es aprender a sobrevivir.

[Deja que pasen unos segundos]. Sí, y más ahora. El otro día escuchaba una reflexión de Lopetegui. Se está volviendo un poco loco todo esto del fútbol. Ahora todas las opiniones se expresan públicamente. Antes, esos comentarios no te llegaban a ti. Eran reflexiones en un bar. Y ahora a cualquier persona se le escucha hasta en Australia. Estamos llegando a puntos desagradables. Ya conozco a unos cuantos profesionales que van dejando esto, cansados. Yo intento aprender, intento aislarme de todo ello y dar importancia a las opiniones que tienen valor para mí.

¿A qué achaca esa crispación?

No creo que haya una mayor crispación de la que había antes, pero sí hay unas plataformas en las que todo el mundo se expresa. Y se demuestra que lo hacen siempre en negativo, no en positivo. Eso es lo que tenemos que analizar y relativizar. Intento aislarme de todo ello. Una crítica despiadada o un halago superlativo genera un entrenador o un ser humano que no soy. Yo no soy ni el uno ni el otro. Soy quien soy, y nadie me lo tiene que corroborar. Nadie tiene que hacerme daño. Intento que esto no afecte, pero es complicado.

Puestos a buscar figuras con una personalidad muy marcada, de entre todos los entrenadores que tuvo como jugador hay una figura especial: Marcelo Bielsa.

Con quien más tiempo estuve fue con José Antonio Camacho. Pero Marcelo Bielsa... Es un genio. De verdad. Su índice de inteligencia es más elevado. No creo que podamos interpretar exactamente lo que quiere hasta que pasen muchos años. Es un tipo capaz de convencerte y generar un tipo de entrenamiento físico y mental que a él le funciona. A mí me resultaría muy complicado manejar sus parámetros para convencer al jugador. Yo intento hacerlo de otra manera. Pero marca mucho. Por personalidad, aura, conocimientos, por su dominio del idioma, la expresión... Por todo. A mí me hizo reflexionar mucho. Aunque creo que somos un cúmulo de los entrenadores que vamos teniendo. Como en cualquier trabajo, puedes ir aprendiendo de todos tus jefes. Lo que hay que hacer, y lo que no hay que hacer.

¿Vivimos una etapa de sobreanálisis del fútbol?

Sí es verdad que ahora manejamos una cantidad tremenda de datos. Pero los datos son datos. Deben corroborar tu análisis o diagnóstico. Yo lo comparo con las pruebas radiológicas de los médicos, que corroboran el diagnóstico. Si no, ¿para qué te necesitan? Vayamos a un partido. Sí puedes controlar algunos datos en tiempo real, pero ahí vuelve la intuición y el análisis del entrenador con los ayudantes que tenga a su alrededor. 'Es que tienen más posesión que nosotros'. ¡Da igual! Vayamos a la esencia del juego, a la angustia que pueda tener el jugador, y busquemos soluciones. ¿Se manejan muchísimos más datos? Sí. ¿Qué hacemos nosotros? Relativizarlos. Deben corroborar lo que vemos. Si no, estaremos equivocados.

Este domingo se enfrenta al Barcelona. ¿Qué le viene a la cabeza?

Hubo dos años, cuando jugaba con el Espanyol, que íbamos ganando en el minuto 85 y perdimos. Tengo el recuerdo de haber empatado sólo una vez en el Camp Nou y fue con el Numancia (1-1, noviembre del año 2000). Y, claro, retengo un recuerdo imborrable contra el Barça. Fue un momento de gloria en mi carrera deportiva: el empate a tres en Los Pajaritos [aquel 16 de octubre de 1999 el Numancia igualó 3-3 cuando perdía 0-2 a menos de un cuarto de hora del final contra el Barça de Van Gaal]. El tercer gol lo metí yo [un testarazo a la escuadra en el minuto 95]. Ya ni se sacó del centro del campo. Cuando me he enfrentado a estos equipos grandes siempre he tenido la sensación de sufrir, sufrir y sufrir. Son muy buenos.

¿Qué le transmite el Camp Nou?

Soy más de sonidos que de imágenes. En el Camp Nou, cuando empiezan a apretarte, a someterte, es tremendo. En esos campos que cabe tanta gente, cuando te cogen en una transición, empiezas a mirar... Y te dices: 'Si somos cinco defendiendo y ellos tres atacando'. Pero te meten el gol. Por el empuje del público, por su calidad... Tengo un claro recuerdo de cómo suena el Camp Nou.


Etiquetas:  #Pacheta #No #dejaría #entrar #a #los #padres #ni #a #los #entrenamientos

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